Cambian las formas, la esencia es la misma

Miguel Ángel Rivera

En 1975, mientras el presidente saliente, Luis Echeverría, aseguraba que todavía no había una definición en torno a quién sería el candidato presidencial del PRI, el entonces “eterno” dirigente nacional de la CTM, Fidel Velázquez Sánchez, aparentemente “se saltó las trancas” y llegó hasta el despacho del secretario de Hacienda, José López Portillo, en Palacio Nacional, para darle el respaldo del entonces poderoso sector obrero, para que fuera el abanderado de la Revolución Mexicana.

Cuarenta y dos años después, el secretario de Hacienda, José Antonio Meade Kuribreña, regresó a Palacio Nacional conduciendo personalmente su auto, para entregar el despacho a su sucesor, José Antonio González Anaya. Minutos antes, en la residencia oficial de Los Pinos, el ahora presidente saliente, Enrique Peña Nieto, anunció que había aceptado la renuncia de su colaborador y le deseó suerte en sus actividades futuras, pero sin especificar cuáles serían.

No se requería la aclaración. Todos los presentes en el acto y quienes lo seguían por radio y televisión conocían el destino de Meade: buscar la candidatura presidencial del PRI.

El ya ex funcionario Meade se encargó de confirmarlo en un breve mensaje de “autodestape” al entregar el despacho. Anunció que buscaría postularse candidato presidencial del PRI.

Lo despidieron, emocionados, empleados de alto nivel de la Secretaría de Hacienda y del sector financiero, pero no llegaron los  grandes contingentes que encabezó Fidel Velázquez en los años setenta.

Esta vez el aspirante a candidato, seguido por una discreta escolta, superada en número por los representantes de los medios de comunicación, tuvo  que trasladarse hasta la sede de la CTM, ahora encabezado por el senador Carlos Aceves del Olmo, para solicitar el respaldo del sector obrero a fin de cumplir los requisitos para ser nominado por el PRI.

Después iría con los sectores campesino y popular, encabezados por los dirigentes de la Confederación Nacional Campesina (CNC), el recién elegido Ismael Hernández Deras y de la CNOP, el jalisciense Arturo Zamora Jiménez, quien, por el contrario, está por dejar la posición para convertirse en candidato a gobernador de Jalisco.

Este peregrinar es necesario porque Meade no es militante del PRI, aunque se confirma que el reciente cambio de estatutos del Revolucionario Institucional, para abrir las puertas a simpatizantes, sí tenía dedicatoria.

La Revolución Mexicana fue tema en desuso. De hecho, se debe recordar que el referido José López Portillo se autodefinió como el último presidente producto de ese movimiento armado.

Lo que sí sobrevive es la “magia” de los tradicionales “destapes” del PRI. El virtual candidato adquirió de inmediato virtudes personales y una simpatía popular que no se le conocían con anterioridad.

Cambian las formas, la esencia es la misma.

La Cosecha

Otro ejemplo de la transformación en el PRI al sobrevenir la postulación de candidato presidencial: poco antes de que se conociera el “destape” de Meade, el presidente del tricolor en el municipio de Zumpango, México, Luciano Javier Torres de la Cruz, aseguró que el tricolor será el partido político más competitivo en las próximas elecciones.

En la inauguración de un curso de capacitación para militantes, Torres de la Cruz sostuvo que el Frente Ciudadano por México y Morena padecen por desacuerdos y porque no convencen a sus militantes ni al resto de los ciudadanos, por lo que ahora ni son partidos, ni son movimiento y están rezagados.

riverapaz@prodigy.net

riparacangel@hotmail.com

Imprimir

Comentarios