En busca de otro país - Leopoldo Mendívil | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Miércoles 29 de Noviembre, 2017
En busca de otro país | La Crónica de Hoy

En busca de otro país

Leopoldo Mendívil

DR. JOSÉ ANTONIO MEADE KURIBREÑA,

PRECANDIDATO A PRESIDENTE:

 

+Para ser un hombre honrado,

lo que hace falta es serlo

Nicolás Boileau

 

CIUDAD DE MÉXICO.- Era un medio día dominical de 1971 cuando por alguna razón extraña, Luis Echeverría terminaba una gira de trabajo temprano, contra todas sus normas laborales y estábamos de regreso en la capital sobre las dos de la tarde. “Estábamos”, escribo, porque entonces cubría la actividad presidencial para El Heraldo de México.

El convoy de vehículos transitaba sobre la avenida Insurgentes pero no rumbo a Los Pinos, sino hacia el sur y luego viró a la derecha, recorrió unas cuantas cuadras y se detuvo. Mauro Jiménez Lazcano, el director general de Información de la Presidencia, dejó el autobús principal y llegó a los de los reporteros y fotógrafos para comunicarnos que el presidente había recibido la noticia de que la salud de don Adolfo Ruiz Cortines, su antecesor de tres sexenios atrás, se había afectado e iba a hacerle una visita.       

Así conocí a aquel presidente famoso por la lucha que declaró contra el derroche y al gambeteo de los presupuestos públicos y aquella escena del anciano expresidente encogido y de semblante debilitado, sobre una cama bastante normal, en una recámara nada lujosa de una casa lejana de ser una mansión, me impactó fuertemente. No fue, es obvio, una escena preparada. Era evidente que la familia de don Adolfo  no había mejorado la presencia de la casa porque el mobiliario en general  se acogía totalmente al espíritu de aquella frase juarista que conocí muchos años después sobre la honrada medianía que proporciona la retribución que la ley les señala a los funcionarios públicos…

Y me quedó claro, doctor Meade, que podía ser compatible una brillante carrera política dedicada a cumplir la responsabilidad de crear riqueza para que todos vivan mejor, pero no los descarados de siempre sigan montados, cabalgando en las valijas de billetes esquilmados a quienes los necesitan para lograr una vida justa y trascendente.

Ruiz Cortines murió dos años después, cuando ya México daba un giro para alejarse del desarrollo estabilizador y se metía en una espiral populista donde se perdió de todo y hasta la demagogia se marchitó…

Cuando usted recibió el nombramiento de Canciller de México, al inicio del gobierno de Enrique Peña Nieto, era ya la tercera cartera de secretario de Estado que  ocupaba, pero además saltaba de un periodo administrativo a otro, de líneas políticas diferentes y además sin carrera partidista que le definiera políticamente. “Hay que ponerle el ojo encima”, pensé doctor, porque me pareció un caso sin antecedentes de gran escala en la vida política, administrativa y partidista del país. Pasó casi tres años en la cancillería, cuando ocurrió un golpe de timón que consideré el aviso definitivo de un destino mayor, Había llegado usted al Gabinete Presidencial con una carrera administrativa pródiga en cambios de gran valor en los niveles tercero y segundo de la administración pública, pero con el fundamento de una preparación académica económica y jurídica de primera, más que apta para un ascenso que llevaba implicita la formación política pluritemática en lo que es el esqueleto de la vida general del país y el conocimiento, técnico pero también humano, de la vida de todos los mexicanos.

Su último cambio de sitio en el aparato ejecutivo del gobierno mexicano, por segunda ocasión hacia la secretaría de Hacienda, tuvo un simbolismo especial, como si alguien hubiese estado escribiendo su vida laboral a manera de trama…

Y en esas está ahora, doctor, en el último capítulo de esa trama, sin ser claro aún cómo llegará  al punto final.

Pero es claro que su futuro, si es la Presidencia, puede significar un gran momento para la suerte de México, porque nadie, creo, había logrado, primero, una capacitación de tan alto nivel, dentro y fuera el país y luego un desarrollo profesional tan diverso en la aplicación de los recursos financieros para la solución de tantos problemas humanos. Usted llegaría al poder no para comenzar a aprender, sino conocendo ya una parte esencial de lo que se debe hacer.

Pero hay dos aspectos que no debemos dejar para otro momento. Se trata de saber cómo, a su juicio, se debe usar el poder y de preguntarle en qué medida usted y su voluntad política se han comprometido, el uno con el otro, en el mundo de lo ético…

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