La restricción de sueño, una peligrosa epidemia del siglo XXI

Voces de la UAM

Javier Velázquez Moctezuma*

 

Nuestro planeta gira sobre su eje cada 24 horas y esto genera un claro ritmo de luz-oscuridad y de frio-calor, entre otros ritmos. En estas circunstancias surgió la vida que conocemos. Ligada a ritmos de luz y de temperatura. Conforme el hombre ha evolucionado, pronto superó la limitación de las horas de oscuridad y, desde que dominó el fuego, ya podemos pasar las horas de oscuridad con iluminación. Esto ha seguido evolucionando hasta llegar, en nuestros días, a una situación en que nuestro planeta está permanentemente iluminado, lo que se puede confirmar con las recientes fotografías tomadas desde el espacio, que la NASA ha publicado.

Este formidable avance tecnológico conlleva riesgos muy serios para nuestra salud. En las últimas décadas la investigación científica ha revelado que la disminución de las horas diarias de sueño en seres humanos, está relacionada con un grave deterioro de nuestras capacidades psicomotoras (velocidad de reacción, memoria de trabajo, atención, concentración y otras), lo que nos pone en grave riesgo de cometer errores o, peor aún, de involucrarnos en accidentes viales o laborales, muchas veces fatales.

Adicionalmente, la relación de esta restricción de sueño con el riesgo de contraer algunas enfermedades, es cada vez más claro. Por ejemplo, a los mexicanos, que estamos penosamente en los primeros lugares de obesidad y diabetes, nos debería preocupar mucho la confirmada relación entre disminución del tiempo de sueño con la ganancia de peso, camino seguro a la obesidad, a la diabetes y al síndrome metabólico.

Este panorama preocupante incluye a la población que pudiendo dormir bien, no lo hace. Esta decisión de dormir poco puede deberse a la convicción de que dormir es perder el tiempo. Existe también otro porcentaje importante de la población que, pudiendo dormir bien no lo hace por cuestiones sociales (la fiesta por ejemplo) o por cuestiones laborales (jornadas de trabajo muy extendidas o turnos rotatorios).

Adicionalmente, existe otro importante porcentaje de mexicanos que no puede dormir bien porque tiene un trastorno del sueño. En este caso, las condiciones ameritan intervención de un especialista en medicina del sueño o de algún profesional de la salud que maneje estas patologías.

De manera que si acumulamos las cifras anteriores, la cantidad de mexicanos que esta experimentando una severa restricción del tiempo de sueño, es realmente alarmante y constituye ya lo que podríamos definir como una grave epidemia que debemos reconocer y empezar a resolver porque, en caso contrario, vamos a ir enfrentando de manera creciente, graves consecuencias para el sistema de salud que, al mediano plazo, no tendremos posibilidades de solventar.

Pero, ¿qué es y cuales son las consecuencias de la restricción de sueño?  Según un consenso reciente de la Academia Americana de Medicina del Sueño, llevado  a cabo con la participación de un buen número de médicos de diversas especialidades, dormir menos de 7 horas diarias regularmente, en la gran mayoría de la población se pondrá en un riesgo cada vez mayor de adquirir una enfermedad grave, llámese diabetes, hipertensión arterial, problemas de salud mental, de respuesta inmunológica y aún tendrá mayores posibilidades de presentar casos de cáncer. De manera que, en adultos, menos de siete horas ya es un riesgo. Niños y adolescentes es otra historia, porque ellos tienen que dormir mas horas  debido a su desarrollo.

Ahora bien, la restricción de sueño empieza por jornadas extendidas de vigilia, es decir, estar despierto cualquier día por más de 17 horas, genera ya un deterioro considerable de nuestras capacidades psicomotoras, como se ha mencionado anteriormente. Mientras estamos despiertos, nuestro cerebro trabaja y genera deshechos que, a su vez, van a entorpecer nuestra funciones. Al dormir, nuestro cerebro se deshace de esos deshechos y mediante este y otros mecanismos, cerebro y organismo se restauran. Exagerar de nuestra “capacidad” para mantenernos despiertos, es un verdadero desatino, un error que puede ser fatal para nosotros y para otros a los que podemos dañar.

Las jornadas laborales mayores de 18 horas tendrían que estar prohibidas si los tomadores de decisiones, empresarios y gobierno, escucharan lo que la ciencia ha encontrado en los últimos años. Los turnos rotatorios deberían de tener otros esquemas, por ejemplo, mantener al menos por tres meses el horario al cual se cambia algún trabajador. El sector salud que, paradójicamente presenta estos insanos horarios de trabajo, podría ser el primero en dar una muestra de congruencia por protección de sus profesionales de la salud y del publico que atienden, no deberían existir las jornadas extenuantes a las que hoy están obligados.

De manera similar, si reconocemos el efecto de los ritmos circadianos en el proceso de aprendizaje, los horarios escolares deben de cambiar rápidamente, propiciando que los niños en primaria y secundaria entren a las nueve y tengan las clases más demandantes de atención hacia el mediodía, cuando ya están plenamente despiertos. Seguir haciendo lo que estamos haciendo en materia escolar, solo nos garantiza niños que sufren la escuela, que no aprenden, que están durmiéndose todo el día y que, al mediano plazo, no estarán capacitados para ir avanzando en su formación intelectual.

Así, dormir no es un lujo ni una frivolidad, es la manera más barata y eficiente de garantizarnos una vida plena y saludable. Ojala los tomadores de decisiones voltearan a la comunidad científica y por el bien del país y de sus pobladores, empiecen a llevar a cabo los cambios necesarios para hacer de nuestra población un pueblo sano, eficiente, capaz y no un pueblo somnoliento que genera accidentes laborales y viales, que presenta una pobre productividad y un muy bajo rendimiento escolar. Podemos cambiar. Las alternativas están sobre la mesa simplemente hay que llevarlas a cabo.

 

Clínica de Trastornos del Sueño. UAM Iztapalapa.

ctds@xanum.uam.mx

 

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