Encuestas y elecciones: demasiado reñido - José Carlos Castañeda | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 30 de Noviembre, 2017
Encuestas y elecciones: demasiado reñido | La Crónica de Hoy

Encuestas y elecciones: demasiado reñido

José Carlos Castañeda

De pronto, el teléfono te despierta en la mitad de la noche y una voz te inquiere: ¿podría responder una encuesta sobre preferencia electoral? Tu primera reacción, cuelgas. Otro tarde en Twitter encuentras un sondeo sobre cuál es el peor candidato. La siguiente mañana despiertas con un estudio de opinión que informa sobre la ventaja de un candidato cualquiera, pero en las letras pequeñas advierte sobre el alto porcentaje de personas que rechazaron contestar. Un número tan alto que supera la cifra del candidato más aventajado.
Hasta este día te encuentras entre los llamados indecisos, así te ubican. Pero no coincides con esa clasificación, de hecho te indigna. No eres indeciso. No eres tú, son los candidatos. Ningún candidato llama tu atención. No te convencen. Todos tienen algo que te desilusiona. Esta democracia no ha cumplido con tus expectativas de cambio. Es lenta, complicada y cara. La decepción te embarga.
¿Por quién vas a votar? ¿Elegiste un partido o eliges un candidato? ¿Qué esperas que pase si gana? ¿Quieres un cambio? ¿Qué significa esa palabra para ti? ¿El candidato podrá lograr eso que quieres? Julian Barnes dice que el pueblo quiere estabilidad y esperanza, dos sentimiento que se contradicen. Estabilidad significa conservar lo que se ha logrado. Esperanza involucra el riesgo del cambio para mejorar. Los candidatos no tienen nada más que ofrecer. Tan sólo dos emociones confrontadas: o miedo o esperanza. Futuro o pasado. Las propuestas se convierten en pretexto para apelar a los sentimientos.
Hoy las encuestas están frente a un reto mayor. ¿Qué pasa cuando los ciudadanos no confían en sus datos? Peor aún, ¿qué pasa cuando los electores no quieren responder? ¿Por qué la tasa de rechazo ha crecido? ¿Por qué las personas ocultan su decisión de voto? ¿Acaso no piensan votar? ¿Acaso se avergüenzan de su preferencia? O ¿Quizá simplemente ya no quieren responder una llamada más, un cuestionario más?
En 2006, los resultados del conteo rápido del IFE no ofrecieron un resultado claro. El margen de diferencia obligó a abrir los paquetes y hacer un nuevo conteo. Así de cerrada fue la contienda. 0.58 por ciento. 243,934 votos. Es decir, el 35.89 por ciento contra el 35.31 por ciento.
¿En 2018, el escenario de la contienda se espera casi tan cerrado? ¿Cuál va a ser el papel de las encuestas? Como en elecciones pasadas, escucharemos la frase: “Too close to call”. Demasiado reñida para cantar un ganador. ¿Eso va a ser todo?
¿Cuál es el primer problema? Las encuestadoras no pueden hacer público ningún levantamiento dos semanas antes del día de la elección. En una competencia tan cerrada, dos semanas es tiempo suficiente para revertir la ventaja mínima de uno de los contendientes. ¿Cuál es el problema? No tenemos instrumentos demoscópicos para crear confianza en el resultado final.
La credibilidad de las encuestas está en juego en 2018. Sin embargo, a nadie le conviene quedarse sin un método claro para ahondar en las percepciones de la opinión pública. La confianza está en entredicho. La próxima vez que conteste esa llamada, imagine un escenario postelectoral donde nadie acepta el resultado de las urnas. Recuperar la credibilidad de los encuestadores es también una tarea de cultura ciudadana.

 


@ccastaneda14

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