C.C.P. Miguel Ángel Osorio Chong, Secretario de Gobernación

Arturo Maximiliano García

El destape de José Antonio Meade ha renovado una ilusión que hasta hace pocos meses parecía prácticamente imposible: que el PRI pueda conservar la Presidencia de la República. Con un desgaste por encima del promedio, el partido en el poder plantea una estrategia presentando a un candidato no militante que podría atraer votos del sector más afín al PAN, personas de clase media y alta que tienen un buen nivel de escolaridad. Esta jugada del presidente Peña Nieto, apuntala a su partido, que en caso de no refrendar el gobierno federal, podría sin duda impedir que el PRI pierda su importante representación en el Congreso, ahora deberá escoger los perfiles que serán los futuros líderes en ambas cámaras.

Quizá en junio de 2017 no se le había dado toda la relevancia que a futuro significaría la cerrada victoria que obtuvo el PRI en las elecciones del Estado de México. El mismo día de la votación había el riesgo latente de que Morena y Delfina Gómez se hicieran de su primer gubernatura. En paralelo, Coahuila pintaba para caer por primera vez en manos del PAN, mientras que Nayarit se sabía con certeza que iría a manos de la coalición PRD-PAN.

De haber perdido el Estado de México, el presidente Peña Nieto y PRI hubieran tenido que empezar a preparar la entrega del poder, sólo sería cuestión de definir a quién respaldarían, quedando incluso entre las alternativas el PAN y su líder Ricardo Anaya, con quien hoy sostienen un enfrentamiento abierto.

El triunfo en el Estado de México, y eventualmente en Coahuila, fue una bocanada de aire para el PRI, que a partir de ahí dejó que se especulara sobre la designación de su candidato presidencial, abriendo la baraja y jalando el interés de los medios y de un sector de la población. Hoy que la decisión está tomada con respecto a la propuesta para encabezar el Ejecutivo, empezarán a acomodarse otras piezas, que irán a hacer presencia en un poder que ha resultado un verdadero contrapeso o palanca de apoyo, el Legislativo.

Ya sea reteniendo la Presidencia o no, el número de diputados y senadores que obtenga el tricolor será trascendental, como lo será también quienes pudieran ser los potenciales líderes de bancada en la Cámara alta y baja. De perder la elección de 2018, la trinchera nacional por excelencia será precisamente las cámaras, además de la dirigencia nacional del partido y las gubernaturas priistas.

Se ha especulado mucho si Luis Videgaray, Aurelio Nuño, Enrique Ochoa, Ildefonso Guajardo, José Calzada, Eruviel Ávila, Manlio Fabio Beltrones y por supuesto Usted, pudieran aparecer en las listas plurinominales o incluso de mayoría. Entre estos perfiles seguramente podrían surgir los próximos líderes camarales, presidentes de mesa directiva o de las comisiones legislativas relevantes. Quienes lleguen tanto como senadores o diputados tendrán además el incentivo de ser protagonistas en el próximo sexenio, como legisladores de gobierno y oposición, con posibilidad de reelección.

Empieza una nueva lucha, por las posiciones legislativas, donde algunos habrán de ser compensados en aras de la unidad que será fundamental para el PRI en 2018. El presidente Peña llevará mano y quizá el candidato presidencial José Antonio Meade vaya a tener oportunidad de colocar algunas piezas. Las definiciones continuarán y los nombres para el próximo Congreso serán fundamentales, ganando y aún más perdiendo.

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