PRI, dispensador de avales - Aurelio Ramos Méndez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 02 de Diciembre, 2017
PRI, dispensador de avales | La Crónica de Hoy

PRI, dispensador de avales

Aurelio Ramos Méndez

Por primera vez en casi nueve décadas, desde su fundación en 1929 como Partido Nacional Revolucionario, el PRI competirá por la Presidencia en 2018 sin candidato propio. Jugará con un externo. No estamos ante una apertura a la sociedad, sino ante una claudicación.

El aspirante a candidato, José Antonio Meade, es altamente competitivo por méritos propios, no por la franquicia partidista que abrazó y anhela que lo haga suyo. Y porque se ha resistido a tramitar su credencial de priista. Subirá más en las preferencias a medida que esconda al PRI como a la novia fea.

¿Cuál es la causa de semejante humillación para el otrora partido casi único? Entre otras cosas, el total desdibujamiento de su ideología, cuya existencia sus detractores negaban, mas en honor a la verdad existía y —demagogia aparte— se hallaba arraigada en los sentimientos que inspiraron la Revolución Mexicana.

En las últimas tres décadas, sin embargo, el Revolucionario Institucional pasó del sexenal movimiento pendular sobre el espectro político-partidista a la definitiva derechización.

En este lapso surgieron de sus filas presidentes más de derecha que el mejor militante del PAN, partido éste con respecto al cual tiempo hubo en que el PRI se distinguía claramente. Ya no.

Como resultado de semejante perversión, el instituto político fundado por Plutarco Elías Calles incluso perdió poco a poco su condición de maquinaria electoral, con lo cual en 2000 fue expulsado del poder. Y aunque retornó dos sexenios más tarde, ha acabado en la triste condición de dispensador de avales quedándose sólo con los vicios y prácticas más perniciosas.

¿Cuáles? La disciplina ciega, el tapado, el dedazo, la cargada, el corporativismo, la corrupción en todas sus manifestaciones… Piezas todas éstas de un engranaje cada vez más oxidado. Tal como lo hemos visto por estos días.

Dan grima los dirigentes de sectores y organizaciones priistas enteramente desideologizados y demostrando escaso pudor, o peor aún, nulo respeto por sí mismos, anclados en los tiempos del líder nato, cuya línea era acatada con abyección.

De Enrique Ochoa y el septuagenario Carlos Aceves o el dirigente de jóvenes, Pablo Angulo Briceño, pasando por el cenecista Ismael Hernández Deras, el cenopista Arturo Zamora y la dirigente de mujeres, Hilda Flores, todos han perdido el pudor; pero no la propensión a enajenar masivamente los derechos políticos de sus representados.

Cualquiera de esos políticos, más el grueso de los miembros del Ejecutivo federal, gobernadores, coordinadores parlamentarios, dirigentes estatales, miembros del CEN y otros dirigentes, parece menos militante del PRI que del PAN.

Esta triste decadencia explica porqué ninguno de esos líderes ha tenido empacho en alzarle el brazo al aspirante a portaestandarte que ha recibido vigoroso envión de los empresarios y de algunos de los núcleos sociales más conservadores.

Aplauden hasta el paroxismo al político que ocupa un sitio para el cual no calificó ningún priista pura sangre y cuyo ideario difícilmente encaja ni siquiera en la ya muy remendada declaración de principios del Revolucionario Institucional; por ejemplo, en temas de salario mínimo.

Renglón aparte merecen los contendientes de Meade, Aurelio Nuño, José Narro, Enrique de la Madrid, Eruviel Ávila, y en particular Miguel Osorio Chong, representante este último —según las encuestas— del priismo más orgulloso y duro.

Si fue penoso ver al titular de la Segob bajarse del tren la víspera del destape —mal disfrazado de autodestape—, con objeto de desbrozar el camino del ganador, peor resultó leer su fría felicitación tuitera, sólo para verle luego, sentado como si nada, a la mesa del elegido. Sentido político, lo llaman algunos; deshonor, otros.

¡Y pensar que estos personajes carentes de entereza aspiraban a conducir el destino del país!

Osorio dijo por Twitter que tuvo con Meade una buena plática, en la que el tema principal fue México, y añadió que “la unidad es y seguirá siendo la fortaleza del PRI”.

Concedamos que, en efecto, la situación de México ocupó la charla de sobremesa. De ser así, el eventual triunfo electoral del pentasecretario de Estado puede resultar providencial.

En el destape chambón que hizo Luis Videgaray ante el cuerpo diplomático acreditado en México formuló un elogio enfático sobre Meade, de quien resaltó “una trayectoria impecable”.

También dijo el canciller que él puede ser testigo fiel no sólo de la inteligencia notable del extitular de Hacienda, sino además “de su extraordinaria preparación y experiencia; pero, sobre todo, de sus valores, siendo el más importante la integridad y el patriotismo”.

Meade, cierto, es ampliamente reconocido como un servidor público competente y sin mácula. Nadie lo ha acusado de corrupción, si bien su nombre ha sido relacionado con casos que requieren explicaciones.

Uno de los más notables de esos puntos oscuros lo constituyen los más de 900 millones de pesos entregados a Josefina Vázquez Mota — ¿inversión, gasto, contraprestación por su derrota electoral en 2012?— en la total opacidad, sin comprobación alguna, como si se tratase de una bicoca para sus chuchulucos.

Con la corrupción como uno de los principales azotes del país y el número uno en las estrategias de campaña de la oposición, la inexorable realidad conspira en contra del inminente candidato priista.

Porque en dos décadas ni un solo corrupto de cuello blanco ha sido sancionado en las dependencias por donde ha discurrido todo este tiempo el servicio público del inminente candidato priista. ¿Prueba del poder ejemplarizante de la probidad desde arriba? ¿Incumplimiento de los deberes, indolencia y prevaricación? Misterio.

Será complicado compaginar el perfil impecable, la integridad y el patriotismo del muy probable Jefe de Estado, con el obvio criterio de elección aplicado por el presidente Enrique Peña Nieto, en el cual primó la lealtad.

Lealtad que, en plata blanca, quiere decir disposición para cuidarle las espaldas a todo un equipo, señalado, con razón o sin ella, como uno de los más corruptos de la historia.

Un equipo que en realidad son dos, si se repara en la alianza de facto del peñismo con Felipe Calderón y los suyos. Un combo saturado de personajes en pos de impunidad por delitos imprescriptibles.

aureramos@cronica.com.mx

 

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