Como dijo Gabo... Apócrifas frases célebres

Carlos Alberto Patiño

Antes de las redes sociales, pero sobre todo con ellas, las “citas citables” (título de una de las secciones de la revista Selecciones del Reader’s digest) eran recurso socorrido para impartir lecciones de moral o ayudar a la superación personal. Gotas de sabiduría las han llegado a nombrar.

Circulan en revistillas, muchas veces junto a los horóscopos, y ahora en las redes sociales, frases atribuidas a cualquier personaje cuya autoridad moral parece suficiente para avalar cualquier sarta de lugares comunes.

Al pobre don Quijote se le encaja la célebre sentencia “Ladran Sancho, señal de que avanzamos”. Pues después de dos lecturas de la obra de Cervantes, poniendo atención en la búsqueda de ésta y otra frase, y después, utilizando los prodigios de la tecnología, puedo asegurar que nunca fue pronunciada por el Caballero de la Triste Figura. La apócrifa cita no aparece ni en el Quijote apócrifo de Fernández de Avellaneda.

La otra referencia, casi tan difundida como la anterior, es “Con la Iglesia hemos topado, Sancho”.

Lo que en realidad aparece en la obra de Cervantes es “Con la iglesia hemos dado”. La escena ocurre en el Toboso, cuando caballero y escudero recorren el poblado para buscar el palacio de doña Dulcinea.

Es importante notar el cambio de verbo “dar” por “topar” y la “I” mayúscula estraperlada. De referir un obstáculo inesperado, la oración pasa a tener un sentido político. Útil, pero es cita inventada.

Voltaire (François-Marie Arouet) ha cargado mucho tiempo con la autoría de la locución “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte el derecho de decirlo”.

Son palabras que bien pueden reflejar a un hombre de la ilustración, como lo era el escritor, pero no son suyas. Son de Evelyn Beatrice Hall, que las puso en labios del filósofo en la obra biográfica Los amigos de Voltaire. El texto se publicó en 1906, así que difícilmente pudo ser él el autor.

“Elemental, mi querido Watson” es otra exitosa falsa cita. No está en ninguno de los relatos de Arthur Conan Doyle, pero como suena bien y parece verosímil se ha incorporado al acervo holmesiano universal.

De “Tócala de nuevo, Sam”, ya nuestro compañero crítico de cine Ulises Castañeda nos había informado que en Casablanca nunca aparece la expresión. Es el título de la obra teatral de Woody Allen que se llevó al cine en 1972, dirigida por Herbert Ross.

Entre las muchas citas que se hacen de Napoleón está la arenga que supuestamente pronunció en Egipto: “Soldados, desde lo alto de estas pirámides, cuarenta siglos los contemplan” (con “os contemplan” suena más a frase célebre. Pues no es suya. Apareció en una biografía anónima: Une histoire de Bonaparte (1803). Al emperador le pareció tan buena la anécdota que la hizo suya.

Otras palabras del corso que parece que sí dijo son casi proféticas: “Cuando China despierte, el mundo entero temblará”.

Tan famosa como las anteriores es “Sin embargo se mueve”, de Galileo. No hay testimonios directos de que lo haya dicho. No figura en las actas de su proceso ni en la biografía que compuso uno de sus discípulos Vincenzo Viviani.

Aparece casi un siglo después en libros sobre el personaje, aunque en un cuadro de Bartolomé Esteban Murillo, pintado una década después del juicio inquisitorial ya aparece la frase.

“El Estado soy yo” forma parte de nuestra colección de falsedades. Es emblema del absolutismo y adjudicada al Rey Sol, Luis XIV. Sólo que cuando se supone que lo dijo ante el Parlamento de París tenía apenas 16 años. Tampoco consta en las actas parlamentarias.

A su sucesor, Luis XV, se le endilga otra que debe reflejar el talante de este monarca “Después de mí, el diluvio”. Tampoco hay evidencias de que sea suyo el dicho, pero es útil para expresar la idea que en español empleamos con una alocución como “el que venga atrás, que arree.”

Muy curiosa es la expresión “Mátalos a todos, Dios sabrá reconocer a los suyos. Se le achaca al delegado pontificio Arnaud Amaury durante la toma de Béziers en 1209, en la primera cruzada contra los cátaros. Los cruzados dudaban del ataque porque aún había católicos en la ciudad. El pero es que el clérigo todavía no llegaba al sitio cuando se inició la matanza. La frase tiene un trasfondo bíblico distorsionado. Con dolo, sin duda. No era muy bien querido el inquisidor y menos por los occitanos.

¿Y qué hace Gabo en el título? Es un caso penoso que llegó hasta nuestras páginas. A finales del siglo XX, circuló por la incipiente internet un texto del que se decía que era de Gabriel García Márquez y que era una especie de despedida. Comienza así. “Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso pero, en definitiva pensaría todo lo que digo.

“Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.

Dormiría poco y soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz…”.

Termina de esta manera: “Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero finalmente de mucho no habrán de servir porque cuando me guarden dentro de esta maleta, infelizmente me estaré muriendo…”.

Y lo de la maleta debió haber despertado sospechas. Luego se supo que el verdadero autor era un ventrílocuo llamado Johnny Welch y su muñeco, Don Mofles, era el intérprete del poema. El mismo escritor salió a desmentir la autoría y calificó al texto de cursi. Tiempo después, ya con el ánimo tranquilo y no sin un dejo de humor, el escritor se reunió con el comediante, según cuenta Welch en una entrevista con la BBC en 2014.

Relata Welch: “Hasta que llegó un momento en que le dije: ‘maestro, el hecho de que usted esté aquí frente a mí no puede ser una casualidad, son muchas casualidades’. Y me contesta: ‘no Johnny, esto no es una casualidad, esta es una historia que tenía que ser’”.

“París bien vale una misa” tiene toda la apariencia de leyenda. Es lo que supuestamente dijo el hugonote borbón Enrique de Navarra al aceptar el catolicismo para acceder al trono de Francia. En cambio el famoso apotegma de Benito Juárez “Entre los individuos, como entre las Naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz” es real y está documentado. Se incluye en su manifiesto dirigido a los mexicanos tras la derrota del imperio de Maximiliano.

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 Regaños.

Anunció el gobierno capitalino que en el predio del derrumbe en Álvaro Obregón 286 se construirá un “memorial”. Veamos el Diccionario de la lengua española. “Memorial: 1. m. Libro o cuaderno en que se apunta o anota algo para un fin.

2. m. Papel o escrito en que se pide una merced o gracia, alegando los méritos o motivos en que se funda la solicitud.

3. m. Boletín o publicación oficial de algunas colectividades.”

¿Entonces, qué habrá en ese terreno? Me parece que será un monumento dedicado a las víctimas del 19-S. Qué tal si dejamos de calcar las palabras extranjeras. Memorial, en inglés, es monumento dedicado al recuerdo de personas que se han ido, como el National World War II Memorial, en Washington, o el Vietnam Veterans Memorial, en la misma ciudad. En español es monumento.

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Hética y ética son homófonos; uno corresponde a las víctimas de una enfermedad y la otra a la filosofía moral. La que lleva la hache es la persona que se consume, que, minada por la tisis o tuberculosis, se deteriora. La otra estudia los principios o valores de individuos o de conjuntos. No es una disciplina necesariamente religiosa.

A El Arca de Arena le respondieron Bertha Hernández (quien también acertó con truchimán, pero no la mencioné), Hugo Martínez, Octavio Martínez y Marielena Hoyo.

Tiene El Arca una goma y también el árbol malayo que la produce. Es translúcida sólida, flexible, e insoluble en agua. Aísla la electricidad y es capaz de transformarse en láminas o en cualquier forma que se le dé y la conserva cuando se seca. Se usa en los forros de cables conductores y tiene aplicación en la odontología desde el siglo XIX.

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