“Ser científico es tener un trabajo bello”, dice Luis Felipe Rodríguez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Domingo 03 de Diciembre, 2017

“Ser científico es tener un trabajo bello”, dice Luis Felipe Rodríguez

El Colegio Nacional. Albert Einstein decía que es más importante la imaginación que el conocimiento, porque permite estar buscando ideas que otros no han pensado y, además, estar siempre atento a la suerte, porque muchas de las cosas que he encontrado han sido cosa de suerte, explica el doctor en Astronomía

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Las puertas de la casa donde Luis Felipe Rodríguez Jorge vivió su niñez y adolescencia, en la ciudad de Mérida, siempre estaban abiertas. Abiertas también siguen estando la inteligencia e imaginación de este científico, guitarrista trovador, lanzador de bala y disco, apasionado jugador de beisbol y uno de los descubridores de los flujos bipolares moleculares, un hallazgo que llevó a revisar el paradigma de la formación de las estrellas en el Universo.

Las puertas abiertas definieron su camino. Luis Felipe, de niño, abría la puerta del cuarto de su abuelo, Vicente Rodríguez, y con gran curiosidad se dirigía al estante donde estaba un tesoro: revistas, libros y objetos electrónicos. “A mi abuela Edelmira no le gustaba que jugara con estos aparatos”, recuerda. Pero esos momentos fueron la estela al conocimiento y hoy es uno de los más importantes científicos de México. Una profesión que define así: “Ser científico es tener un trabajo bello”.

Porque en su periplo de vida, esencialmente después de 1978, cuando obtiene el doctorado en Astronomía por la Universidad de Harvard y regresa al país para ser investigador de la UNAM, sus aportes a la ciencia y su divulgación, son fundamentales, como lo explica la página de El Colegio Nacional:

“Los flujos bipolares en estrellas jóvenes (1980), la elucidación del mecanismo que excita a los objetos Herbig-Haro (1981, 1985), y la aportación de evidencia de discos protoplanetarios en estrellas jóvenes (1986, 1992, 1996, y 1998), consolidaron la idea de que las estrellas jóvenes se forman rodeadas de discos protoplanetarios de gas y polvo cósmico, de los cuales se irán condensando en planetas, como ocurrió en el caso de nuestro Sistema Solar… El trabajo realizado en los últimos 30 años en el área de formación estelar es considerado de punta mundial y no es exagerado afirmar que el conocimiento de los procesos que caracterizan la formación estelar debe mucho a las aportaciones del grupo mexicano, cuyo líder es el doctor Rodríguez Jorge. Sus artículos científicos, más de 400, han recibido más de 20 000 referencias en la literatura especializada”.

Estos trabajos también abrieron las puertas para que Luis Felipe recibiera un sinnúmero de premios, como el Bruno Rossi de la Sociedad Astronómica Americana; el de Física de la Academia de Ciencias del Tercer Mundo (TWAS); en México los otorgados por la Academia Mexicana de Ciencias y el Nacional de Ciencias y Artes. En 2004 ingresó a El Colegio Nacional con su conferencia El polvo infinito, contestada por el doctor Manuel Peimbert.

UNA VIDA. Nacido el 29 de mayo de 1948 en Mérida, Yucatán, Luis Felipe cuenta que su papá, Vicente Rodríguez Martínez, fue comerciante. Tenía un negocio de venta de alimentos para vacas, además que la familia aún tiene la dulcería y sorbetería, muy famosa, llamada El Colón. “Hoy, mis sobrinas la manejan”. Mi mamá, Edith Jorge Elías, de origen libanés, era ama de casa y hacía de todo”.

Una familia tradicional, añade, en un México muy tranquilo. “Siempre comento que en aquella época no cerraban la puerta de la casa, ¡no tenía cerradura!, se podía haber metido cualquiera. Pero sobre todo ese tiempo fue muy grato. Estudié la primaria, secundaria y bachillerato en el Colegio Montejo, escuela de hermanos maristas, y finalmente tuve que trasladarme a la Ciudad de México a cursar la licenciatura en Física en la Facultad de Ciencias en la UNAM”.

—Usted es parte de la generación de medio siglo XX en México, un periodo de cambios  políticos, culturales y sociales, ¿cómo vive su niñez, cuáles eran sus juegos y aficiones?

—Me gustaba mucho el atletismo, los lanzamientos de bala y disco, porque siempre fui grueso, de complexión. Todavía existe un campo que lleva el nombre de Salvador Alvarado, que fue gobernador del estado, un estadio olímpico en chiquito, con su pista y en el centro los lugares de lanzamiento, además de gradas. Me gustaba lanzar y en eso me destacaba, porque la mayor parte de la gente en Mérida es pequeña y sobresalía, no porque fuera muy bueno, sino por mi tamaño.  

—Además jugué mucho beisbol.  Estuve en equipos con amigos, la pasé muy bien. Uno de éstos fue Venados del Centro Universitario Montejo (CUM) y, en ese tiempo, también aprendí a  tocar la guitarra y de manera muy primitiva puedo interpretar canciones de las trovas yucateca y cubana. Una música que entre los amigos disfrutábamos mucho.

Aquí el doctor en Astronomía hace una digresión y recuerda que al estudiar en el Centro Universitario Montejo, que en esa época era sólo para hombres, “veía a las mujeres como algo alejado y, por lo tanto, comencé a relacionarme con ellas hasta que estaba en México. En Mérida nos tenían muy separados: las escuelas para mujeres y los colegios para hombres y había muy poco contacto, pero todo cambió y ahora son mixtas”.

La lectura también fue una de sus acompañantes: “Fui buen lector. Leía mucho, ahora, desafortunadamente, no puedo. Leía mucha ciencia ficción de Julio Verne, Arthur C. Clarke, Isaac Asimov, y muchas novelas policiacas. Estaban de moda. Por ejemplo, obras de Agatha Christie. Ahora me cuesta trabajo, sigo leyendo, pero no como en esa época de dos a tres libros al mes, hoy uno cada dos meses”.

—Un joven preparatoriano que toca la guitarra y es un poco tímido, ¿cómo decide ser físico, científico?

—Es algo interesante, porque en Yucatán casi no había carreras científicas. Aun ahora hay pocas, pero me llamaba mucho la atención la ciencia. Mi abuelo, Vicente Rodríguez, al que no conocí porque falleció cuando era bebé, tenía un estante lleno de aparatos, de barrenos, de libros y revistas como Mecánica Popular, un aficionado a esas cosas, en cambio mi papá, no. Le heredé a mi abuelo el gusto por las cosas mecánicas y electrónicas. Así me fui animando para transitar este camino.

—Al terminar la preparatoria, no había carrera de Física. Ingresé a la licenciatura de Ingeniería Química, pero no me gustó. Entonces, al año, un amigo me dijo: vente a México. Está muy bien la carrera de Física, en la Facultad de Ciencias. Me fui y sí, estaba muy bien. Maestros de tiempo  completo, investigadores, laboratorios. Ahí me encarrilé y obtuve la licenciatura en Física en 1973. Y de nuevo viene la disyuntiva: ¿qué hacer? Me llamaba la atención la Astronomía, incluso mi tesis fue en esta especialidad, dirigido por la doctora Silvia Torres, esposa de Manuel Peimbert. Ella me dijo: “Si quieres hacer investigación, tienes que doctorarte, no basta con la licenciatura”. En México no hay doctorados de este tipo, era principios de los años setenta. Si quieres  seguir, tienes que ir al extranjero. Finalmente mandé mis papeles a la Universidad de Harvard y me aceptaron. En  1974 me fui a hacer el doctorado. Ahora ya hay la opción de hacerlo en México.

—En Harvard la pasé muy bien y tengo que decir que cada uno de estos cambios, de Mérida a estudiar en la UNAM y luego ir a Estados Unidos, fueron como brincos cuánticos, cambios en la demanda al estudiante, en el ambiente, en el rigor.

Luis Felipe cuenta que esos saltos cuánticos iniciaron cuando se metía al cuarto de su abuelo y hurgaba en el estante que estaba lleno de  aparatos, libros y revistas. A mi papá no le interesaba esto, él seguía en el comercio e incluso en la familia no había alguien con licenciatura. “En ese cuartito sacaba todos los objetos, los enchufaba, probaba y así sabía para qué servían. A mi abuela, Edelmira Martínez, que aún vivía, no le gustaba que entrara a esa habitación y jugara con las cosas de su esposo. Cuando ella salía, me metía. Eran finales de los años cincuenta del siglo pasado”.

Paralelamente, cuenta Luis Felipe, también en su barrio vivía un electricista, ya retirado. “Nos decía a los jóvenes: busquen un radio antiguo y lo vamos a transformar en interfón. O vamos a construir un radio de galena, como se les decía en esa época, y entonces ese señor nos ayudó mucho a construir aparatos electrónicos y tener gusto por la ciencia”.

—¿Cuál fue su primer invento?

—No fue un invento. Con unas piezas construí un radio de cristal. Necesitaba una antena muy buena, porque este aparato detecta directamente la energía de la onda que emite la estación de radio y así se oía la programación. Me quedé fascinado de cómo le hace este aparato para que se puedan escuchar las estaciones, ¡si no tiene batería! Después me enseñaron cómo poner un amplificador para que se oyera en una bocina. Descubrí que me gustaba mucho la electrónica y eso repercutió para que en el doctorado hiciera radioastronomía, que en buena parte está muy relacionada a esas cosas de detección de ondas y amplificación de señales. ¡Ese tiempo influyó en mi futuro!

—Regresa de Harvard e ingresa a la UNAM.

—En ese tiempo, 1978, quienes hacíamos doctorados dábamos por descontado que la Universidad nos contrataría, porque había muy poca gente. Uno llegaba con artículos publicados y entrabas. Hoy, los jóvenes pasan las de Caín, porque tienen que competir. El doctorado no les garantiza el puesto, sino que pasan por un periodo de postdoctorado.

—Al regresar me contrata el Instituto de Astronomía y el reto que tuve es que hacía radioastronomía y en el país no existían radiotelescopios. Afortunadamente el Observatorio Nacional de Radio de los Estados Unidos siempre fue generoso y me daba tiempo para hacer observaciones. Regresaba a México, las analizaba y publicaba los resultados, ésa fue la forma en que hice una labor en la disciplina.

—Hasta que funda el Centro de Radioastronomía y Astrofísica. 

—La UNAM nos apoyó y trabajamos. En el 2015 el Consejo Universitario aprobó que se transformara en el Instituto Radioastronomía y Astrofísica, donde trabajo, en el Campus Morelia.  

—Para Luis Felipe, ¿qué es investigar, qué es la ciencia?

—Es lo que me gusta hacer. Buscar cosas nuevas, entender cosas que no se entienden, luego explicarlas a la gente, es lo importante. Creo que para los investigadores hurgar, hacer ciencia, es el motivo de nuestra vida. Ser científico es tener la oportunidad de tener un trabajo bello, que busca acercarse a la verdad en muchos ámbitos. En el caso de los astrónomos, es todo lo que pasa afuera de la Tierra, tenemos esa misión de entender y conocer el Universo y poco a poco lo hacemos. Por ejemplo, hace poco se confirmó la existencia de las ondas gravitacionales, antes fue la materia oscura, una cantidad de hallazgos que hace que no nos aburramos. Siempre hay algo nuevo que hacer.  

—¿Qué es la imaginación en la ciencia?

— Es muy importante. Albert Einstein decía que es más importante la imaginación que el conocimiento, porque permite estar buscando ideas que otros no han pensado, además de estar siempre atento a la suerte. Muchas de las cosas que he encontrado han sido una cosa de suerte. Cuando estaba haciendo un tipo de observación y de repente salía una cosa que no entendíamos, ¡eso era muy retador para interpretarla! En mi caso, debo reconocer que tuve más suerte, mucho de lo que he realizado, se ha dado más por suerte que por imaginar y buscarle.  Por eso dicen que hay que estar con el ojo abierto para ver todo lo que pasa, porque cuando estás enfocado en algo, surge otra cosa.

—Toda la ciencia me gusta, pero me especializo en la astronomía porque ya no se puede ser como antes y saber de todo. Ahora se conforma uno con ser experto en una cosa.

—¿Qué es el Universo?

—Es lo que podemos estudiar. Es una cosa inmensamente grande, inmensamente vieja que se formó hace 14 mil millones de años y ahora muchos manejan la idea de que existen otros universos. La Tierra es un puntito en este contexto, y a los  astrónomos nos toca investigar esto que está fuera del planeta.

—¿Qué imagina que podamos encontrar en el Universo?  

—Hemos hallado muchas cosas: cuerpos que tienen propiedades muy extrañas, las estrellas de neutrones, los hoyos negros, quizá con el tiempo vamos a saber qué es la materia  oscura; ahora con la detección de las ondas gravitacionales, se confirmó que los hoyos negros y las estrellas de neutrones en sistemas binarios poco a poco se van acercando hasta que llega un momento en que se fusionan y se producen las ondas gravitacionales y es probable que haya alguna forma vida, no necesariamente inteligente, por el número de estrellas y exoplanetas que se conocen. Algún día, con la nueva generación de telescopios, se podrán estudiar las atmósferas  de estos exoplanetas y tal vez encontremos que hay los elementos para la vida unicelular. Aunque falta mucho por saber.

—¿Cómo mira el futuro de México con esta violencia y corrupción que existe?

—Con mucha preocupación, sobre todo quienes tenemos hijos decimos: qué les estamos heredando. Por un lado, tenemos un país maravilloso, la gente es solidaria y generosa, pero a la vez tenemos severos problemas con la corrupción, con gobiernos incompetentes. Es una situación delicada que no estamos arreglando, sino que pareciera que va empeorando. 

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