Para preocuparse sin entrar en pánico

Guillermo Puente Ordorica

El incremento de las tensiones en la península coreana es materia de enorme preocupación dadas las consecuencias que el estallido de un conflicto en esa zona del mundo tendría para toda la región asiática y para el mundo, en virtud de que entraña el potencial uso de armas de destrucción masiva. Ello desde luego vinculado a la volátil personalidad de los dos principales contendientes en la trama actual (los mandatarios norcoreano y estadunidense). Como lo han apuntado diversos especialistas, uno de los riesgos latentes es que el conflicto pudiera escalar hacia las más graves consecuencias como producto de un mal cálculo o de una mala interpretación de los movimientos del adversario, como en una partida de ajedrez.  Por esas razones, aunque no solamente, varios actores políticos globales y regionales, se pronuncian favorables a una salida negociada y no a través de la amenaza del uso de la fuerza.

No es gratuito que en este delicado asunto, más allá de todas las diferencias de enfoque entre los principales actores dentro y fuera de la región, existe un consenso respecto de la condena a los ensayos balísticos que ha emprendido la República Popular Democrática de Corea (RPDC) en lo que va de 2017. Y si bien pareciera que las reiteradas condenas de la comunidad internacional le hacen a Corea del Norte lo que el viento a Juárez, permiten observar con nitidez la complejidad del problema y sobre todo la importancia de persistir en el camino de la negociación y la búsqueda de una salida aceptable y duradera para todas las partes tendiente a asegurar la desnuclearización de la península coreana.

Cabe recordar que el problema en esa región no es un asunto nuevo y que más bien tiene la faz de rémora de la Guerra Fría. Por más de una década, la RPDC ha intentado desarrollar la tecnología militar para lanzar misiles de largo alcance que permitan transportar ojivas nucleares como parte de su frenético esfuerzo de sobrevivencia, al lograr contar con una capacidad nuclear disuasoria.  Para darse una idea, desde 2006, el Consejo de Seguridad de la ONU ha adoptado nueve resoluciones para sancionar a ese país, sin que ello haya logrado disuadirlo de abandonar sus esfuerzos para desarrollar una capacidad nuclear militar.  Solamente en 2017, periodo en el que se ha recrudecido el conflicto, el Consejo de Seguridad ha adoptado tres resoluciones (2 mil 356 en junio, 2 mil 371 en agosto y 2 mil 375 en septiembre) mediante las cuales se ha expandido el régimen de sanciones a ese país, así como acordado una declaración presidencial y un comunicado de prensa, además de haber sostenido 2 sesiones públicas, una de ellas presidida por el secretario de Estado estadunidense, en abril, durante la presidencia mensual rotatoria del Consejo, ocupada por ese país, así como diversas sesiones de consultas informales. En todos los casos se condenaron los ensayos balísticos norcoreanos (seis, entre julio y noviembre). Además, la Asamblea General de la ONU ha examinado la situación de los derechos humanos en ese país y ha condenado el deterioro de la misma mediante la aprobación de una resolución en la materia (A/72/394). Por su parte, el Relator Especial para la RPDC, quien cubre dicha situación desde fuera del país dada la negativa de su gobierno a darle acceso al terreno, ha solicitado que no se descuide el tema de los derechos humanos en el marco de las tensiones creadas por el programa nuclear y balístico de la RPDC.

De manera que es palpable que si bien la situación es delicada, se requiere de paciencia y de una mejor estrategia, subrayando que lo menos aconsejable es la vía de la confrontación bélica. Más allá del consenso en la condena de los ensayos balísticos de Corea del Norte y del desarrollo de su programa nuclear militar, las diferencias entre los actores principales, con Estados Unidos y China a la cabeza, respecto del método a seguir ante una eventual negociación para la distensión y solución del problema son amplias y siguen imposibilitando un acuerdo. Mucho menos se ha palpado la necesidad de sentar a Corea del Norte a la mesa de negociaciones.  Es claro que solamente a través de la acción concertada es posible disuadir al gobierno dictatorial norcoreano. Si acaso la solución provendrá de una negociación que encuentre la dosis justa entre sanciones e incentivos para doblegar a ese régimen en su afán militar, al mismo tiempo de permitirle una salida adecuada a su vehemente, y autoritario, esfuerzo de supervivencia y abandone su aislamiento y cerrazón.

gpuenteo@hotmail.com

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