¿Basta ya, PGR?

Leopoldo Mendívil

LIC. ALBERTO ELÍAS BELTRÁN,

ENCARGADO DE DESPACHO, PGR:

 

Lo malo de las conspiraciones

es que se pudren por dentro

Robert Heinlein

 

Si usted encuentra un archivo en algún lugar importante de esa institución y lo lee y se trata de una lista larga de nombres luego de los cuales, en cada caso, destaca la palabra asesinado, e indaga en las diversas subprocuradurías, fiscalías y agencias del MPF pero nadie le informa, ¿qué concluiría según la lógica?

Que existiría un complot para no investigar esos crímenes, ¿verdad?

No le extrañará, pues, que en muy diversos sitios vinculados a la actividad periodística exista por lo menos la sospecha de no ser la convicción de un complot destinado a mantener en el limbo la identidad de los asesinos, como lo acaba de demostrar el desplegado que apareció el lunes pasado en muy diversos medios periodísticos -y firmado por ellos mismos-, titulado ¡YA BASTA!

Si tal sospecha, o convicción, está tipificada como delito penal, entonces deberá usted encerrarnos a muchos, pero muchos periodistas, señor procurador sustituto. Claro que podrá justificar la acción como una orden destinada a salvarnos de la suerte que acabó con la vida de los, aproximadamente, 109 colegas que han sido asesinados en México durante el curso del siglo actual solamente; y que en el 99.7 por ciento de esos casos -sospecho que este porcentaje equivale a menos de un colega baleado…-, no existe sentencia alguna…

Es obvio que todos, pero todos los periodistas y otra clase de comunicadores del país estamos enterados de esta situación; y casi todos hemos demandado alguna vez que esta aberración termine, porque deje usted nuestros-derechos-humanos por la paz; nuestras vidas, procurador, y seguramente las de muchos de nuestros familiares e incluso amigos se encuentran en constante peligro y sin problema para quienes quieran borrarnos del mapa, que a fin de cuentas esas vidas nuestras han sido ínfimamente valuadas no por las leyes vigentes, sino por quienes tienen bajo su responsabilidad la administración de la justicia y por aquéllos que les ordenan mantenernos en el limbo de la aplicación de la ley.

¿Cuál es la causa -imposible denominarle razón…-  de este privilegio que se otorga a quienes paradójicamente representamos una de las principales garantías constitucionales, que es la libertad de expresión?  Quizá sea el de que la verdad no suele ser del gusto de los poderosos, políticos naturalmente incluidos, y quien hace periodismo atenta constantemente contra las causas de casi todo gran poder, que es su abuso.

Pero lo peor de esta situación es que si bien parece haber disminuido sensiblemente la injerencia de autoridades en los atentados contra periodistas siendo sustituidos por narcotraficantes y demás criminales organizados, ¡pues ya la hicimos!, el Peje López resultaría un presidente mal informado su desde ahora pugna, por si llega a Palacio Nacional, ofrecer amnistía a los capos a cambio de la paz

Hace rato, don Peje, le ganaron la  idea…

 

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