Los últimos trabajos de Leonora Carrington

David Gutiérrez Fuentes

En 2011 la Universidad Autónoma Metropolitana firmó un convenio de comodato para resguardar parte de la obra de Leonora Carrington, destacan más de treinta esculturas que trabajó con el reconocido fundidor Alejandro Velasco. Los últimos años de vida de la artista que ingresó a nuestro país tras casarse con Renato Leduc, le dieron un segundo aire a esta inquieta mujer que gozó de su trabajo hasta los noventa y cuatro años. Como buena maga, desarrolló una excelente alquimia con Alejandro Velasco, aunque también hay fundiciones del escultor José Sacal. Ambos supieron interpretar y llevar al metal un bestiario escultórico de una niña nonagenaria que desarrolló una comprensible fijación hacia los animales con los que convivió desde pequeña.

Máscaras, vírgenes, intérpretes y una fauna extraordinaria, nos muestran el sentido del humor que estuvo presente en el trabajo de Leonora Carrington, así como un estado de rebeldía inquebrantable que puede apreciarse en esculturas como “Silence, please” (2009). Esta pieza nos recuerda, con una mano en el corazón y otra invitando a guardar la compostura, a una artista que desde niña detestó las convenciones que de muchas maneras se encarnaban en la figura de su padre. En este grupo podemos ubicar también al bronce titulado: “Alto, por favor” (2009).

Una de las condiciones de esta adquisición que enriquece el acervo de la UAM es que la obra fuera itinerante y esto desde luego se convirtió en un acierto. Cuando se expuso por vez primera en las instalaciones de la UAM, en rectoría general, se vivieron episodios políticos desafortunados para la exhibición porque la universidad estuvo cerrada por un largo periodo. Más tarde, la Galería Metropolitana montó otra espléndida exposición que además incluía pinturas y a la que lamentablemente no pude asistir. Pero ayer martes, en la Galería del Sur de la UAM-Xochimilco pude apreciar los últimos trabajos de Leonora Carrington en toda su juguetona belleza.

Su fijación por los cocodrilos es visible en tres esculturas, muchos la agradecen e incluso se sienten atraídos a la contemplación más relajada, porque hasta una serie de diez bancas de bronce realizó con este animal que yace bajo nuestras camas asechando nuestros sueños.

Cuando Marx Ernst fue apresado por los nazis, su pareja Leonora Carrington, muy joven entonces, conoció de cerca el universo de la locura, pero tenía boleto de regreso como advierte con sutileza y humor Fabianne Bradu en el reportaje que el canal 22 produjo a propósito de esta artista inglesa que vivió hasta los 94 años de edad.

Leonora Carrington fue una mujer hermosa y liberal que portó siempre un talonario con pasajes de ida y vuelta entre el “mundo real”, el universo de la locura y el de los sueños. Sólo de esa manera se explica la naturaleza fantástica de una obra inmensa que abarcó la pintura, la escultura, la novela, el cuento, la autobiografía, el teatro, el arte objeto, la escenografía, el diseño de indumentaria y la joyería. Su itinerario geográfico encontró la estabilidad en México y gran parte de su legado se quedó aquí.

Es un privilegio para los universitarios y para los residentes de la zona sur de la ciudad tener la posibilidad de acercarse de manera directa a los últimos trabajos de la artista surrealista quizá más prolífica. Este trabajo al que atinadamente tituló Andrés de Luna como “Animales del asombro”, fue inaugurado antier por Catalina Durán McKinster y el equipo que encabeza Mariana Beltrán, quien realizó la gestión con Adriana Uribe para que pudiéramos contar con estas esculturas en la UAM Xochimilco. Es agradecible también el desenvuelto, pero no por ello improvisado, montaje de las últimas creaciones de Leonora Carrington que parecen sentirse muy a gusto en la Galería del Sur.

dgfuentes@gmail.com

 

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