Sobre el programa político del Frente

Isidro Pedraza

En los últimos días, junto a los “destapes” de los gallos del PRI, y a la discusión sobre las candidaturas del Frente, se ha dejado de lado el contenido de las campañas y el tipo de políticas que se aplicarían de triunfar una u otra opción.

Uno de los grandes problemas nacionales al que se tiene que dar respuesta es, sin duda el de la pobreza, ya que las políticas sociales aplicadas desde el segundo lustro del los 70, no han sido eficaces para resolver el problema.

La pobreza es un fenómeno social multidimensional, cuyos elementos medibles son las carencias por exclusión y la vulnerabilidad.

La pobreza por exclusión es la limitación para participar en la sociedad moderna. Tiene hondas raíces culturales. Está vinculada al lugar que se ocupa en la sociedad, al género o la opción sexual, origen étnico cultural o familiar, carencia educativa o capacidades físicas diferentes. Casi todos los motivos de exclusión son superables por acciones afirmativas del Estado y por la participación social.

La vulnerabilidad tiene que ver con debilidades de origen social: falta de preparación y habilidades, fragilidad de la economía familiar, urgencias que conducen a la “quiebra”. La vulnerabilidad originada en la carencia de capacidades básicas o habilidades laborales crea una situación de exclusión pretendidamente “objetiva”, producida por las carencias, creándose un círculo vicioso de pobreza en el que cada generación es más pobre que la anterior.

Una forma aceptada de medir los efectos de la situación de pobreza está en evaluar el acceso a capacidades básicas y oportunidades.

La pobreza de capacidades básicas se mide por carencias en nutrición, educación, salud y vivienda y por la calidad de estos satisfactores. La pobreza de oportunidades por la falta de capacidades laborales, posibilidades de empleo, de financiamiento para autoempleo, exclusión de las redes de comercialización, falta de acceso a tecnología contemporánea.

En ambos casos, estamos hablando de una sociedad dual, que crea extraordinarias oportunidades para algunos grupos y deja fuera a otros; hablamos de un fracaso de la política de Justicia Social, que fue la meta gubernamental durante el siglo pasado. Y estamos hablando por ello de la necesidad de ver hacia adelante, de resolver estos problemas, que hoy, parafraseando a don Andrés Molina Enríquez, consideramos “los grandes problemas nacionales”.

En el combate a la pobreza hay dos paradigmas: La Política social compensatoria y la Política de Inclusión.

La política compensatoria tiene como características ser asistencial, dependiente del Estado, paternalista, corporativista; El Estado suplanta la iniciativa y la respuesta social, por una política de Estado que “reparte bienes” con la intención de mantener la paz social. Esta política a mediano plazo propicia mayor concentración del ingreso y la riqueza, ya que no se sustenta en la producción o productividad, no genera crecimiento en el PIB, no genera crecimiento del empleo o autoempleo; es una política que depende de la voluntad del gobernante, de su buena intención o de su intención política.

Este paradigma, creado como respuesta a una situación de crisis en los años treinta, prevaleció a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado y cumplió su cometido: preservó la paz social, evitó (a medias) las crisis cíclicas del sistema, fortaleció instituciones republicanas de servicios y atención a personas, permitió una alternancia pacífica en el poder, pero no resolvió los problemas de pobreza, ni creó una sociedad más equitativa.

La política de inclusión y desarrollo es un modelo centrado en la persona, está concebida como una inversión social en las capacidades básicas, no es asistencial, sino de creación de instituciones y participación social, vincula el desarrollo económico y social con el desarrollo de la(s) persona(s), respeta el ambiente, tiene una visión Integral que se sintetiza en el criterio de Desarrollo Sustentable: aprovechar hoy, sin olvidar el mañana; es una vía de inserción que se basa en el aprovechamiento del potencial social y productivo de la sociedad, con objeto de llegar a una sociedad sin pobreza y con equidad de oportunidades.

La política de inclusión tiene objetivos específicos. En la infraestructura social física que provee el Estado hay que enfocarse a lo básico: escuelas, hospitales, centros de atención a personas y en otros centros de operación de los programas sociales. Esta política requiere una activa participación social. Hay que hacer un gran esfuerzo para construir andamiajes sociales, vincular a la sociedad civil a través de sus organizaciones, poniendo en marcha el capital social que representan millones de ciudadanos organizados.

 

Isidro Pedraza Chávez
Senador de la República

 

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