Historias de expresidentes - Manuel Gómez Granados | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Domingo 10 de Diciembre, 2017
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Historias de expresidentes

Manuel Gómez Granados

El jueves de la semana pasada, América Latina se despertó con la noticia de la petición hecha por el juez Claudio Bonadio al Senado de la República Argentina de desaforar, con el fin de permitir su arresto, a la expresidenta y actual senadora Cristina Fernández de Kirchner. Las razones para pedir el desafuero y arresto son complejas. Tienen que ver con algo que originalmente no involucró a la señora Fernández de Kirchner, el atentado contra el edificio de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), del 18 de julio de 1994, cuando el presidente de Argentina era Carlos Saúl Menem. En los hechos se sabe que fallecieron al menos 85 personas, la mayoría de ellos empleados o visitantes del edificio de la AMIA, ubicado cerca del centro de Buenos Aires.

La investigación del atentado nunca fue sencilla. Menem, a pesar de los aspavientos y declaraciones iniciales, hizo todo lo posible para impedir que la causa avanzara en los siguientes cinco años. Fue sólo después de muchos problemas y críticas por la falta de avances que el fiscal Alberto Nisman, entonces una joven promesa de la judicatura argentina, se sumó a la investigación y, luego de varios años, convenció al ya entonces presidente Néstor Kirchner de que lo nombrara, en 2004, como responsable de la investigación. El nombramiento era políticamente rentable para los Kirchner porque les permitía mantener a raya a Menem, quien recién en 2003 había perdido con Kirchner la elección presidencial.

Nisman aprovechó el breve periodo en que Néstor Kirchner lo apoyó y, ya para 2008, había logrado integrar un expediente con lo necesario para desaforar y arrestar a Menem. Eso no se materializó porque los Kirchner y Menem son peronistas, y peronista no come peronista. Los siguientes años fueron sumamente difíciles para Nisman. No se concretó lo que él quería hacer con el caso de la AMIA en el ámbito nacional e internacional. A pesar de ello, los Kirchner lo mantuvieron relativamente cerca para mantener siempre a raya a Menem. Ello permitió a Nisman conocer el lado más pendenciero de la familia presidencial, así como detalles de la manera en que multiplicaron su riqueza a su paso por la Casa Rosada entre 2003 y 2015.

No es posible detallar qué ocurrió en la vida del fiscal Nisman entre 2008 y 2015, cuando apareció muerto, baste señalar que fueron años muy difíciles, en que—a pesar de su condición como fiscal—debió llevar una vida extremadamente reservada, lo que hizo que se divorciara y viviera bajo condiciones muy difíciles. No era para menos. Los Kirchner, que originalmente veían políticamente rentable atacar a Menem, encontraron beneficios personales en ocultar lo que ocurrió en el atentado de la AMIA. Fue así como, entre el 18 de enero de 2015, Nisman amaneció muerto de un balazo en la sien sin que, a ciencia cierta, se sepa qué ocurrió. La hipótesis del suicidio es poco creíble porque se esperaba que el día siguiente, el lunes 19, hiciera una presentación ante la Cámara de Diputados y porque Nisman no había cejado en su deseo de hacer justicia.

El pedido del juez Bonadio tiene el potencial para abrir una cloaca que podría tragarse a por lo menos tres expresidentes de Argentina, dos de ellos con vida (Carlos Saúl Menem y Cristina Fernández de Kirchner) y ambos senadores en funciones, además de muchos de sus subalternos. Es difícil saber qué ocurrirá en las próximas horas, pero es inevitable expresar alguna admiración y respeto al juez Bonadio y el presidente Mauricio Macri por apostarle a la transparencia en un asunto tan delicado como este.

manuelggranados@gmail.com

 

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