Julia Carabias Lillo - Raúl Trejo Delarbre | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 11 de Diciembre, 2017
Julia Carabias Lillo | La Crónica de Hoy

Julia Carabias Lillo

Raúl Trejo Delarbre

El jueves 30 de noviembre, cuando la comisión del Senado que dictamina la entrega de la Medalla Belisario Domínguez acordó concederla a la bióloga Julia Carabias Lillo, la noticia recorrió de inmediato redes y noticieros. Ella, sin embargo, se enteró varias horas después. Julia estaba saliendo de la Selva Lacandona en donde no tiene comunicación telefónica. Sólo cuando llegó a Comitán, ya por la noche, encendió el celular y se encontró con docenas de mensajes. “¿Qué pasó, qué hice?”, fue su primera reacción según el relato que hizo para el Canal del Congreso.

Quienes hemos seguido y admirado durante más de cuarenta años el trabajo de Julia Carabias no nos sorprendimos con esa decisión del Senado pero sí nos alegramos profundamente. El compromiso personal que ha mantenido con la defensa del medio ambiente y el desarrollo sustentable, la inteligencia y la tenacidad con las que ha fundado y defendido instituciones pioneras en ese campo, su generosidad discreta, la limpieza de sus causas y la convicción para defenderlas, hacen de Julia una mexicana ejemplar. La medalla que recuerda la acción valiente de Belisario Domínguez está destinada a premiar “a quien se haya distinguido por su ciencia o virtud en grado eminente y como servidores de nuestra Patria o de la humanidad”. Julia ha sido una mujer comprometida con la naturaleza pero, antes que nada, con la sociedad. A mediados de los años setenta, cuando era profesora muy joven en la Facultad de Ciencias, participó en la creación del Sindicato de Personal Académico de la UNAM. Luego formó parte de la representación de esa Facultad en el Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional formado en 1977. Julia padeció, igual que centenares de sindicalistas, la irrupción de la policía para romper la huelga del STUNAM.

En aquellos años participa en la solidaridad con los trabajadores electricistas de la Tendencia Democrática que encabezaba don Rafael Galván y poco después en la creación del Movimiento de Acción Popular, una pequeña organización política creada por sindicalistas y universitarios, entre otros. Las Tesis del MAP, un voluminoso documento de diagnóstico y propuesta para el México de inicios de los 80, comienzan con un documentado apartado sobre los recursos naturales renovables en donde se advierte la mano de aquella profesora de Biología a quien, junto con otros colegas suyos, le alarmaba el desarrollo económico que atentaba contra la renovación de suelos, agua, flora y fauna.

En 1981 el MAP se unificó con otras organizaciones para crear el Partido Socialista Unificado de México. Durante la campaña presidencial del PSUM, que tenía como candidato al dirigente comunista Arnoldo Martínez Verdugo, los miembros de ese partido en la Facultad de Ciencias organizaron en junio de 1982 un foro sobre Ecología y Recursos Naturales. Los textos de aquel encuentro fueron publicados en un libro coordinado por Julia Carabias y Víctor Manuel Toledo. Ninguna otra organización política en México había emprendido una discusión como aquella, acerca de los recursos naturales renovables.

La autosuficiencia alimentaria y el bienestar de los campesinos, sostenía Julia en aquel libro, no están reñidos con la preservación de la riqueza natural del país pero se requieren investigación científica y decisiones políticas. Allí hacía un razonado reclamo a la investigación universitaria que no se vinculaba con el proceso productivo nacional y a las izquierdas que se habían marginado del tema ambiental. “Conservar —escribe en 1982— significa utilizar el recurso de modo tal que no se agote, que pueda reponerse, que no pierda su carácter de renovabilidad, es decir, que se explote racional y eficientemente, de acuerdo con las leyes de la naturaleza y las necesidades de la población”.

Gracias a la convergencia en el PSUM, Julia conoció al legendario profesor Othón Salazar que poco antes, postulado por el Partido Comunista Mexicano, había ganado la presidencia municipal de Alcozauca, en la Montaña de Guerrero. “Me invitó a ayudarlo para hacer un proyecto que permitiera mejorar las condiciones de vida de los habitantes de La Montaña utilizando sus recursos naturales. En esa época no se había acuñado el concepto de desarrollo sustentable y este enfoque de la ciencia era completamente pionero”, relata en un libro en homenaje al militante y periodista Adolfo Sánchez Rebolledo. A pesar de que en la Facultad de Ciencias había quienes veían ese acercamiento con desconfianza, Carabias organiza un grupo de biólogos que durante diez años hizo trabajo de investigación aplicada en La Montaña.

En esos años, relata en la entrevista con el Canal del Congreso, “empezamos picando piedra, de la nada, las ONGs no existían. El tema no era tal… Cuando empecé a trabajar estos temas el asunto del medio ambiente era considerado como de segunda”.

Gracias a biólogos y especialistas como ella, hoy en día la cuestión ambiental está en el centro de las preocupaciones nacionales. A partir de la experiencia en Guerrero, en 1984 encabeza el Programa de Investigación y Desarrollo Rural de Aprovechamiento Integral de Recursos Naturales, PAIR, que promovió proyectos que no fueran agresivos con el medio ambiente y que beneficiaran a la población rural. Ese Programa articuló la participación de cuatro gobiernos estatales, el gobierno federal y la Universidad Nacional además de grupos sociales y empresas.

A comienzos de 1994 Carabias fue designada presidenta del Instituto Nacional de Ecología y a fines de aquel año, cuando comenzaba el gobierno del presidente Ernesto Zedillo, fue nombrada Secretaria de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca. La integridad y el compromiso social que mantuvo en esas igual que en todas sus responsabilidades fueron tema de asombrados comentarios periodísticos. Cuando estaba en juego la defensa de recursos naturales (bosques, selvas, arrecifes, entre otros) no valían presiones de empresarios o funcionarios.

Del trabajo y las propuestas de Carabias hay registro en numerosos libros y artículos. Hace pocas semanas el Fondo de Cultura Económica publicó el más reciente de ellos, El cambio climático, que escribió junto con los eminentes Mario Molina y José Sarukhán.

De su perseverancia transfronteriza dan cuenta su participación en fundamentales grupos internacionales. Fue presidenta del Panel Técnico Científico del Fondo Mundial Ambiental y miembro del Panel de Alto Nivel sobre Sustentabilidad Global creado por el Secretario General de Naciones Unidas.

Del reconocimiento a su trabajo, dan testimonio los premios que enumeró en estas páginas, el sábado, el biólogo Germán González Dávila en su columna “Glocalfilia”. En 2004, de entre 122 candidatos de 19 países, Julia fue seleccionada para recibir en Osaka, Japón, el Premio Internacional Cosmos. El Jurado que le otorgó ese reconocimiento recordó que la profesora Carabias ha creado “su propia política de investigación básica: ‘ver siempre los asuntos y concebir el futuro desde la perspectiva de las naciones en desarrollo’ ”. Los casi cuatro millones de pesos de aquel premio, Julia los donó para la creación de un centro de investigación en la Selva Lacandona, en Chiapas. Carabias, por otra parte, es creadora del Centro Interdisciplinario de Biodiversidad y Ambiente (CeIBA) en donde ha reunido a un excepcional equipo de biólogos y especialistas de otras disciplinas. Julia Carabias practica y ejemplifica el ecologismo pensante, como lo denominó Francisco Báez en su artículo del martes pasado. Frente al ecologismo vulgar e incluso convenenciero de quienes hablan del medio ambiente por moda o negocio, Carabias ha sabido amalgamar las razones con los hechos, la investigación con la gestión. De allí el amplio respeto que tiene pero, también, la incomodidad que han suscitado acciones suyas que afectan intereses de quienes buscan lucrar con el deterioro ambiental.

Desde hace años Julia ha dedicado sus mayores esfuerzos a la preservación de la Reserva de Montes Azules, en donde pasa largas temporadas en la estación Chajul, en plena selva. No es exagerado considerar, como dijo el senador Zoé Robledo al argumentar la medalla Belisario Domínguez el miércoles en el Senado, que “hay una Selva Lacandona antes y después de Julia… Es la última trinchera de biodiversidad en México… Sin Julia quizá ya no quedaría nada”. De 12 millones de hectáreas que ocupaba, hoy la Selva Lacandona tiene sólo medio millón.

  En su espléndido discurso al recibir la Medalla, Carabias dijo que es indispensable reforzar el amparo institucional a las áreas naturales protegidas que son amenazadas por la explotación minera, la construcción de infraestructura, los desarrollos turísticos o las invasiones. También recordó que está pendiente la discusión de la Ley General de Biodiversidad.

A pesar de tantos reconocimientos y logros, la bióloga Carabias advierte que los avances en la defensa del ambiente son desesperantemente pausados. En octubre de 2014, en su último texto para el diario Reforma en donde colaboró durante seis años, deploró:  “el concepto de desarrollo sustentable, tan fresco y globalmente aceptado en los años noventa, se erosionó ante el consumismo, la demagogia, el cortoplacismo y el culto al crecimiento económico; el medio ambiente aparece como un estorbo.

“La sociedad se ha acostumbrado a la violencia, a las desigualdades, a la injusticia, al deterioro y está mal informada y desorganizada en materia ambiental. Se cierran cada vez más espacios de diálogo, expresión y disfusión. Se está desarrollando la piel dura y el corazón helado en los individuos y no nos estremecemos ante las catástrofes ambientales. Rebosa el exceso de confianza en nuestra propia especie”.

Ese enterado pesimismo que Julia Carabias ha forjado ante la lenta e insuficiente aceptación de los compromisos que la sociedad tiene con el medio ambiente lo podemos atemperar, un poquito aunque sea, con la decisión del Senado para reconocer a esa mujer valiente, inteligente e íntegra. Quienes hemos tenido el privilegio de atestiguar la extensa y tenaz trayectoria de Julia Carabias estamos orgullosos de ella y, claro, contentos por esa distinción. Durante años Julia nos ha enseñado, con paciente vocación pedagógica, el carácter imprescindible y las complejidades de la cuestión ambiental. Esta Medalla Belisario Domínguez subraya la vigencia de las causas ambientales con las que Julia se ha comprometido de manera tan fructífera.

trejoraul@gmail.com

@ciberfan

Imprimir

Comentarios