Cataluña: Unas elecciones que no solucionarán nada - Marcel Sanromà | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 11 de Diciembre, 2017
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Cataluña: Unas elecciones que no solucionarán nada

Marcel Sanromà

Tras el torbellino informativo de octubre, la situación en Catalunya (Cataluña en español) pareció relajarse. O al menos esa es la impresión que debe tener el lector internacional, que ve desaparecer Barcelona y Madrid de las cabeceras de los periódicos y de los espacios informativos. La realidad es bien distinta: La tensión se mantiene; si bien no en manifestaciones constantes en las calles, sí en el clima.

Dos líderes políticos siguen en la cárcel y ya va mes y medio. Sin que se haya celebrado juicio. Son Oriol Junqueras, vicepresidente cesado del gobierno catalán y su también destituido consejero de Interior, Joaquim Forn. Además, y estos llevan más de dos meses, siguen también encarcelados en las mismas circunstancias los líderes de las dos asociaciones civiles independentistas más importantes, Jordi Sánchez, de la Asamblea Nacional Catalana, y Jordi Cuixart, de Òmnium Cultural.

Además, Carles Puigdemont sigue en Bruselas, sabiendo que si pone un pie en territorio español, será inmediatamente arrestado y enviado a prisión preventiva, como sus compañeros.

Quedan nueve días para las elecciones catalanas y los dos favoritos para ganarlas están, uno en la cárcel y el otro en Bruselas, exiliado. Bueno… o los que eran los dos favoritos hasta hace poco. Las últimas encuestas indican que Ciudadanos (derecha liberal) podría llegar a vencer las elecciones en votos, de la mano de un aumento de la participación que podría marcar un récord histórico rozando el 90 por ciento, según algunas proyecciones. En 2015 fue del 75 por ciento, lo que ya fue un récord.

Con Barcelona llena de carteles electorales de Ciudadanos, la victoria de la candidata Inés Arrimadas (que llegó a Cataluña hace menos de 10 años), dibuja un panorama incierto. Se da la paradoja que la Ley electoral D’Hondt podría hacer que, al dar más peso al voto rural que al urbano, Arrimadas venciera en votos, pero tanto los partidos de Junqueras, Esquerra Republicana (centro-izquierda independentista), como de Puigdemont, Junts per Catalunya (centro-derecha independentista) sumaran más escaños. O al menos uno de ellos.

Algunas encuestas incluso indican que podría darse un triple empate en escaños. Lejos parece quedar ya la esperanza independentista de sumar más del 50 por ciento del voto popular, lo que daría una legitimidad e impulso indudables a las aspiraciones secesionistas, pero el bando autodeterminista podría, aún con todo, repetir mayoría absoluta. Eso sí, de milagro: con entre 68 y 71 diputados, cuando el mínimo es 68 y ahora cuenta con 72.

Tanto la CUP (izquierda radical independentista), que podría perder entre dos y cuatro diputados como Esquerra Republicana, que hasta hace poco era la favorita absoluta para ganar, han amenazado con retomar la vía unilateral para la independencia si Madrid no accede, de una vez, a negociar.

Y a la vez, el Partido Popular, gobernante en Madrid y que podría quedar como última fuerza parlamentaria en Barcelona con seis escaños según algunos sondeos, ya ha amenazado con volver a aplicar el 155 y secuestrar las instituciones políticas catalanas si los independentistas ganan y no se portan bien. O, como dijo la secretaria de Defensa, María Dolores de Cospedal, en un mitin: “Las elecciones en Cataluña las hemos convocado para que gane el constitucionalismo”. Más claro, el agua.

Si bien Ciudadanos puede dar el campanazo y ganar, parece prácticamente imposible que el susodicho bloque constitucionalista, es decir, unionista, pueda formar gobierno. Con el PP cayendo hasta el último lugar y el PSC (socialistas) apostado en cuarta plaza, las cuentas no salen. Y los equidistantes de Catalunya en Comú (izquierda), probablemente quinta fuerza, no van a apoyar a ninguno de los dos bandos.

Catalunya no puede permitirse seguir manteniendo el pulso que ha mantenido con Madrid en los últimos cuatro meses, y Madrid no puede permitirse que se le enquiste el problema (por mucho que Europa se mantenga en silencio). O no debería. La única salida realista es una negociación, pero ya era la salida realista en octubre y el presidente Mariano Rajoy se negó a intentarlo. Visto lo visto, al final, la marmota morirá de vieja celebrando su día.

Ah, por cierto, el día 17 es el límite para mandar el voto por correo y yo, que presenté mi solicitud a inicios de noviembre, veo como mis papeletas siguen en el otro lado del Atlántico. La última vez, para las generales de junio de 2016, me llegaron una semana después de las elecciones. Gracias, España, por tantas facilidades y tanta eficiencia.

marcelsanroma@gmail.com

 

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