Coco: una historia de migrantes - José Carlos Castañeda | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 14 de Diciembre, 2017
Coco: una historia de migrantes | La Crónica de Hoy

Coco: una historia de migrantes

José Carlos Castañeda

La memoria es la forma que la vida tiene para mantener una relación con sus muertos. De eso trata Coco. Una película sobre la frontera entre la vida y la muerte, donde los agentes de migración son tan estrictos que solo te dejan cruzar una vez al año, siempre y cuando tus familiares no quiten tu fotografía de la ofrenda. La peor persecución se llama olvido y la única rebeldía: el recuerdo. Desde que era niño mi madre nos enseñó que en el Día de Muertos había que preparar esa ofrenda para mantener viva la memoria de nuestros ancestros.

Coco es una historia sobre una familia que no acepta su pasado, pero tampoco lo olvida. Cada año, dedica dos días a celebrar el regreso de sus muertos. Aquellos seres que cruzaron otra frontera, quizá más profunda, pero no menos real. Entre ambos mundos, la música es el puente de contacto. En una canción se encierra la voz de un país o de un padre que recuerda a su hija y a su pueblo. Los migrantes son esos personajes que se arriesgan a cruzar el límite. Ir a una tierra desconocida, donde no conocen cuál será su destino del otro lado y tampoco saben si podrán volver. La vida después de la frontera, muchas veces termina en la muerte o el olvido.

El hermano de mi abuela fue inmigrante. Muy joven se atrevió a emprender la experiencia de  sobrevivir en condiciones muy precarias. Otra vez, la migra lo regresó. Su trabajo más estable fue en la industria de los ferrocarriles. Era pintor de aquellas enormes locomotoras. Durante mucho tiempo, tuvo que ocultarse para evadir a la patrulla fronteriza. Tanto tiempo que cuando por fin obtuvo la famosa Green card, ya no fue capaz de cambiar su comportamiento. Nunca se movió con la tranquilidad de ser un ciudadano, siempre sintió la amenaza presente de la expulsión. Hoy muchos mexicanos que viven del otro lado, han vuelto a sentir ese riesgo en la puerta de su casa. No importa cuánto tiempo llevas viviendo allá. Ese miedo de los migrantes mexicanos refleja su sentimiento de vivir en una condición vulnerable.

Coco es una película sobre México. Un país dividido por una enorme frontera, que nunca ha aceptado el destino de tener un muro que le impida cruzar. También es una historia sobre el odio al forastero, a quien se comporta de una forma distinta. Un sentimiento que anima la enemistad y fomenta las redadas y los arrestos. En varios sentidos, Coco es una respuesta cultural a un dilema migratorio. Más allá de los recursos que aportan a sus familias y de la inclusión en la vida cotidiana de los norteamericanos, los migrantes ya son una cultura que crece en el jardín del lado.

¿Tiene sentido preguntarse a quién pertenece esa parcela del jardín o el cementerio? Solo aquellos que tienen memoria reconocen el origen de sus antiguos dueños, que en todo caso también fueron nómadas. No faltará quien diga que hay un proceso de reconquista en marcha o quien se sienta amenazado por la invasión de los inmigrantes. Pero Coco es una historia para reflexionar sobre esa transmigración de las almas que todavía nos hace parte de la misma especie.

Hans Magnus Enzensberger recuerda que el mito de Caín y Abel es “un conflicto entre tribus nómadas y sedentarias”. Abel era pastor y Caín se hizo agricultor. “Pero la gracia de la historia reside en que después de haber dado muerte al nómada, el sedentario acaba a su vez desterrado: Errante y vagabundo vivirás por la Tierra”.

Coco es la bisabuela del personaje principal y a causa de su edad podría olvidar al amor de su vida, un cantante. No revelaré el misterio, pero la trama está arraigada en ese vínculo con la muerte. Mientras no triunfe el olvido, la memoria conserva el afecto y preserva la vida en la familia.


@ccastaneda14

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