El rap de la libertad (I parte) - Edgardo Bermejo Mora | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 15 de Diciembre, 2017
El rap de la libertad (I parte) | La Crónica de Hoy

El rap de la libertad (I parte)

Edgardo Bermejo Mora

Migrar

Sonita Alizabeh es una niña que vive en la ciudad de Herat, en Afganistán. Tiene 10 años y es la menor de cinco hermanos: dos mujeres y tres varones. El padre, un comerciante que se esfuerza por sostener a su familia con gran dificultad. La madre, una mujer que luce anciana a pesar de tener menos de 50 años de edad y que se dedica por entero a sus hijos —la casaron a los 15 años y fue madre a los 16.
Sonita, que en la lengua persa —la que ella habla— da nombre a un ave migratoria, no ha ido a la escuela y por lo tanto no sabe leer ni escribir, pero le encanta ver las fotos de las revistas y folletos que llegan a sus manos, casi por accidente. Aun es niña y puede jugar en la calle y correr y saltar con otros niños entre las calles polvosas en la periferia de la ciudad. Pero dentro de poco, en cuanto aparezcan los primeros rastros de la menstruación, deberá renunciar a los juegos, y deberá vestirse cubierta de pies a cabeza por un chador azul —una prenda tradicional que deben usar las mujeres en su país cuando ya se considera que han terminado la infancia— y habrá de ayudar a su madre y a su hermana en las labores domésticas, y habrá también de esperar a que le presenten a la persona con la que tendrá que casarse.
Herat alguna vez fue próspera. Localizada al centro de un valle rodeado de montañas impresionantes, detrás de las cuales se despliega abrasador el desierto afgano, la ciudad posee el clima favorable que ha permitido por siglos el cultivo de la vid en sus alrededores  y la producción en gran escala de un vino que era famoso en la región. Pero en 2007, el año en que empieza esta historia, la situación es diferente: la uva aún se cultiva pero el vino ya no se produce más pues hace mucho que quedó prohibido su consumo en el país.
Sobre la ciudad ahora pesan años acumulados de estropicio bélico y violencia. Hay pobreza en Herat, fatiga existencial, pasmo, miedo. Primero la invasión soviética de principios de los años ochenta, que en uno de los bombardeos contra los grupos que se resistían a la ocupación casi destruyen a la ciudad; quince años después, la toma de la ciudad a manos del grupo fundamentalista Talibán; y posteriormente la ocupación de los ejércitos de la Alianza encabezada por los Estados Unidos, en represalia por los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York; finalmente en 2002 la ciudad regresa al control del gobierno central de Afganistán, y goza, al caer la primera década del nuevo siglo, de un breve periodo de paz y estabilidad política.
Pero los años pasan y la ciudad no se recupera, ni regresa el antiguo esplendor a sus calles, ni la prosperidad se asoma en esta ciudad de casi medio millón de habitantes, que poco a poco migran en busca de un futuro mejor. Entre ellos la familia de Sonita, que van a empeñar todo lo que poseen y van a dejarlo todo atrás en busca de una mejor oportunidad en Irán, el país vecino donde también se habla persa y se vive en una situación económica mucho más favorable.
Por un momento el padre de Sonita duda de la decisión de migrar: un vecino menos pobre que él les ofrece una suma considerable a cambio de que Sonita se case con su hijo mayor, pero al vecino algo le sale mal con el dinero y se desiste de la oferta. Migrar es ahora la única escapatoria, casi un acto de sobrevivencia.
Así es como la familia de Sonita emprende el viaje por tierra de más de mil 200 kilómetros rumbo a Teherán. Poco antes de cruzar la frontera con Irán, la camioneta maltrecha en la que viajan es interceptada por un grupo de rebeldes talibanes que piden dinero a cambio de dejarles pasar, y amenazan con quedarse con Sonita y con su hermana si no se cumplen sus peticiones. De rodillas, llorando y suplicante, con un fusil Talibán apuntando a la cabeza, el padre de Sonita logra milagrosamente que los dejen pasar. Años después Sonita seguirá recordando aquella escena en pesadillas recurrentes y aterradoras.

 

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