Batallas por el conocimiento: nace la Escuela Nacional Preparatoria - Bertha Hernández | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 16 de Diciembre, 2017
Batallas por el conocimiento: nace la Escuela Nacional Preparatoria | La Crónica de Hoy

Batallas por el conocimiento: nace la Escuela Nacional Preparatoria

Bertha Hernández

Mucho trabajo tenía el presidente Juárez a finales de 1867. Se aspiraba a recuperar el tiempo que, de alguna manera, se había perdido, para consolidar las instituciones liberales que la Reforma había dejado pendientes. Una de las cosas que Juárez tenía por ciertas era que la manera en que los mexicanos se educaban tenía que cambiar y mejorar. Por eso, se le terminaba el año al presidente, y esperaba que el ministro de Justicia e Instrucción Pública, don Antonio Martínez de Castro, concretara la reorganización del sistema educativo nacional.

Para cumplir con el encargo de Juárez, Martínez de Castro armó un equipo de trabajo interesante, en el que estaban Francisco y José Díaz Covarrubias, decididos liberales ambos y hermanos de Juan, uno de los llamados “mártires de Tacubaya”; estaban el doctor Ignacio Alvarado y el abogado Eulalio María Ortega. Completaba aquel grupo un médico mexicano formado en Francia, cuya concepción del conocimiento se había nutrido de las conferencias escuchadas al que en aquellos años, era un filósofo muy influyente, Auguste Comte.  Aquel médico se llamaba Gabino Barreda y estaba llamado a figurar en la historia de la educación mexicana como la inteligencia que dio alma y principios a la Escuela Nacional Preparatoria.

DE PUEBLA A LA FRANCIA COMTEANA. Gabino Barreda era poblano, nacido en febrero de 1818. Muchachito brillante, llegó muy jovencito a las aulas del Colegio de San Idelfonso para convertirse en abogado. Aunque la profesión no terminaba de entusiasmarlo, el  joven Gabino terminó sus estudios con elogios y buenas calificaciones.

Barreda decidió que mejor estudiaría química, en el Colegio de Minería. Y sí, la química estaba bien, pero el inquieto muchacho aún buscaba su destino final, y pareció encontrarlo en el viejo edificio de la Escuela de Medicina. La invasión estadunidense de 1847 lo encontró terminando su formación de médico, y cuando el conflicto llegó al Valle de México, Gabino colaboró en el cuerpo de médicos militares que atendieron a los defensores de la capital. La presencia de las tropas norteamericanas en la capital retrasó su titulación, de modo que abandonó el país rumbo a Europa. No regresaría sino hasta 1851, trayendo bajo el brazo los seis tomos del Curso de Filosofía Positiva, donde Comte replantaba toda la estructura del conocimiento humano.

Barreda ejerció la medicina e impartió clases hasta 1863. Era catedrático de Física Médica, de Historia Natural. En la Escuela de Medicina era responsable de la clase de Anatomía.

De militancia liberal como era, la invasión francesa y el establecimiento del imperio de Maximiliano decidieron a Barreda alejarse de la capital y establecerse en Guanajuato. Desde allí observó el curso de los acontecimientos. Personaje notable, en septiembre de 1867 le tocó participar en las conmemoraciones del inicio de la independencia. Allí pronunció su célebre Oración Cívica, que era un gran llamado a la reconstrucción de un México republicano y liberal. Ya existían los cimientos, afirmó: ahí estaba ya la Constitución de 1857 y las Leyes de Reforma. Propuso un lema en el que se contenía el ideario liberal nutrido del espíritu del positivismo comteano: “Libertad, Orden y Progreso”. Libertad como medio, Orden como base y Progreso como fin. Era la filosofía positiva haciendo su debut en la vida pública mexicana. Por medio de la propuesta educativa, marcaría a generaciones enteras.

SURGE LA ESCUELA NACIONAL PREPARATORIA.  La nueva ley de Instrucción Pública fue aprobada el 2 de diciembre de 1867. Allí se consignaba la creación de la “escuela preparatoria” y se incluía la lista de las 34 asignaturas que los alumnos cursarían a lo largo de cinco años para luego ingresar a las escuelas profesionales. Pero hay que leer a Gabino Barreda cuando le explica al gobernador del Estado de México, Mariano Riva Palacio, la estructura y orden del plan de estudios; ahí es donde, en realidad, se percibía el “sistema positivo” de la nueva institución educativa:

“Los estudios preparatorios más importantes se han arreglado de manera que se comience por el de las matemáticas y se concluya por el de la lógica, interponiendo entre ambos el estudio de las ciencias naturales, poniendo en primer lugar la cosmografía y la física, luego la geografía y la química, y por último la historia natural de los seres dotados de vida, es decir, la botánica y la zoología. En los intermedios de estos estudios…se han intercalado los estudios de los idiomas”. Los preparatorianos estudiarían primero francés, después inglés y al último alemán. El orden de las asignaturas, añadía Barreda, era “una escala rigurosa de conocimientos útiles y aun necesarios, que se eslabonan unos con otros como una cadena continua, en la que los anteriores van siempre sirviendo de base indispensable a los que le siguen”.  Así, los muchachos que egresaran de la Nacional Preparatoria tendrían una “masa de nociones” indispensables “para todos y cada uno de los ramos que constituyen el conjunto de la ciencia positiva, verdadero fundamento de todo progreso y de todo orden”.

Así, el presidente Juárez nombró a Gabino Barreda el primer director de la Escuela Nacional Preparatoria, el 17 de diciembre de 1867, hoy hace, exactamente, 150 años.

LAS INEVITABLES POLÉMICAS. El proyecto de la Escuela Nacional Preparatoria no gustó a todo mundo de entrada. Barreda tuvo que comparecer ante el Congreso, en enero de 1868, para defender la Ley de Instrucción Pública y su reglamento. ¿Qué objetaban los diputados? Que la obligación, para todos los alumnos de la Preparatoria, de estudiar matemáticas, astronomía, física, química, biología, historia y literatura, implicaba “cargarlos” de información que les resultaría inútil e, incluso, inconveniente. Lo más llamativo de las objeciones era que provenían tanto de grupos conservadores como de liberales. Personajes como Ignacio Ramírez —sí, otra vez el Nigromante— y Guillermo Prieto, criticaron con dureza el plan de estudios que veían excesivo y saturado de filosofía positiva.

Pero Gabino Barreda no estaba manco. Dio una pelea contundente, y a veces fue muy rudo: “Yo reconozco y proclamo con positiva satisfacción que mi amigo el Sr. D. Guillermo Prieto, es, a mi juicio, el mejor poeta lírico de mi país, y tal vez de América; que nadie le aventaja en expresar sus emociones y afectos personales; pero no me es posible concederle competencia en materias en que no está versado y sobre las que jamás ha meditado”.

Lo que importaba de ese plan de estudios, insistía Barreda, era el método, y a ese método, lo regía una estructura lógica. De ahí que una de las asignaturas principalísimas fuese, precisamente, la lógica, como ejercicio del pensamiento e instrumento que permitiera llegar a la construcción del conocimiento riguroso.

La pelea duró varios años, y no siempre ganó Barreda. Poco a poco, los liberales, los más tenaces en el tema, fueron ganando terreno. Las primeras reformas al plan de estudios original ocurrieron en 1868 y 1869.

En 1873, los críticos de la Preparatoria se anotaron un tanto importante al conseguir que los futuros médicos y los futuros abogados quedasen exentos de estudiar geometría analítica y cálculo infinitesimal. En 1877, quienes deseaban convertirse en arquitectos dejaron de estudiar castellano, lógica y literatura. El golpe mayor fue la inclusión de una nueva asignatura: Historia de la Filosofía, que evitaría que los alumnos aprendieran, únicamente, “filosofía positiva” y conocerían otras corrientes de pensamiento.

El asunto fue muy festejado y más de cuatro diputados liberales -Guillermo Prieto y Juan A. Mateos, entre ellos- querían ocupar la cátedra, que, finalmente, quedó a cargo de Ignacio Manuel Altamirano. No extraña, por tanto, que en las últimas décadas del siglo XIX, una de las discusiones intensas en el seno de la Preparatoria fuese qué libro de lógica sería el texto obligatorio en la institución. Al cabo del tiempo, se impuso la obra de un discípulo de Barreda, el médico Porfirio Parra. Fue tan importante su “Nuevo Sistema de Lógica Inductiva y Deductiva”, que se usó durante décadas, y más allá de los muros de la Preparatoria, y en algunos estados de la República, se empleó hasta los años 40 del siglo XX.

Pese a estas polémicas, el peso de la Escuela Nacional Preparatoria como institución formadora de una élite intelectual que reconstruiría el país, es innegable, como hoy sigue siendo relevante su presencia. Lo que inspira una cierta nostalgia son aquellos tiempos, cuando los diputados se enzarzaban en rudos debates por cuestiones filosóficas y científicas. Ese es, quizá, uno de los precios que pagamos por haber excluido la Lógica de los planes de estudio.

historiaenvivomx@gmail.com

Imprimir

Comentarios