AMLO el místico y su PES cristiano - Francisco Báez Rodríguez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 19 de Diciembre, 2017
AMLO el místico y su PES cristiano | La Crónica de Hoy

AMLO el místico y su PES cristiano

Francisco Báez Rodríguez

A muchos les sorprendió que el Partido Encuentro Social haya confluido en la alianza que postula a Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República. La verdad es que, en estas elecciones en las que abundan las coaliciones contradictorias, la del PES con Morena es de las menos discordantes, en términos ideológicos.

Al aceptar ser candidato del partido de los evangélicos, AMLO afirmó que “no hay diferencias de fondo, en lo político, en lo ideológico, entre lo que represento y lo que inspira a Encuentro Social”. Estoy convencido de que tiene razón.

López Obrador siempre ha tenido arranques místico-políticos. En 2006, hablaba de encabezar “la purificación de la vida nacional”; en 2012 decía que había que “auspiciar una nueva corriente de pensamiento para alcanzar un ideal moral, cuyos preceptos exalten el amor a la familia, al prójimo, a la naturaleza y a la patria”. Ahora repite temas parecidos, pero significativamente deja afuera otros.

Si revisamos el discurso político de Andrés Manuel a lo largo de los últimos años —y más claramente desde que dejó el PRD y fundó Morena—, podemos advertir un cambio de ejes. Habla cada vez menos de los pobres y cada vez más de la nación. Sus grandes temas ya no están ligados a la explotación o la mala distribución del ingreso, sino a la entrega de la nación al extranjero, la corrupción y la falta de valores. Desde hace tiempo dejó de buscar un lugar dentro de la izquierda, y buscó hacerse un espacio propio en la nueva disposición ideológica del país. Ese espacio está en el nacionalismo radical.

¿Cómo dejar a la izquierda sin perder con ello a la mayoría de sus electores de izquierda? Lo primero, cambiar la definición: “ser honesto y amar a la gente. Eso es ser de izquierda”. Así lo dijo. Honestidad y amor. Recuperar valores y principios para regenerar la vida del país.

Junto con ello, se dejan de lado ideas históricas de la izquierda, como las clases sociales en disputa por el poder, y se sustituyen por la de pueblo, concebido como una unidad capaz de expresar la voluntad común.

Así, el pueblo —esa unidad mítica— vela por su bienestar y felicidad a través de su expresión encarnada, el líder carismático, que es el único capaz de interpretarlo. Es el pastor que guía a la feligresía a una vida mejor.

En su participación político-legislativa, el PES siempre ha invocado la existencia de un “derecho natural”, que proviene de Dios, y la necesidad de ajustar las leyes a este derecho. En otras palabras, la legislación debe obedecer un orden moral único. Esto vale para sus iniciativas de defensa del matrimonio tradicional, la de protección de la vida humana desde la fecundación, la que califica de pornografía la educación sexual, la que restringe facultades a la CNDH y al Conapred o la que promueve el otorgamiento de concesiones de radio y TV a las asociaciones religiosas. En todas ellas hay un llamado a valores que se consideran inamovibles, a una purificación de la vida política y social, a conducirnos todos por verdades irrefutables. La moral es la que los mueve: el compromiso de establecer el reino de Dios en la tierra.

Ese concepto que fusiona política y religión, hay que subrayarlo, es distinto a la doctrina social cristiana del PAN tradicional, y se parece, si acaso, a su corriente yunquista minoritaria.

Tal vez Andrés Manuel esté en desacuerdo con algunas de las iniciativas de Encuentro Social, pero esas diferencias, si las hay, no serían “de fondo” (los derechos de la comunidad LGBTTI o el de las mujeres para decidir sobre su cuerpo nunca han sido temas prioritarios para él). En donde está de acuerdo es que el quehacer político debe basarse en la existencia de una verdad única, irrefutable y, al menos en el discurso, en valores morales inamovibles. Que esto se contraponga al derecho a opinar diferente o a que las minorías sean escuchadas, es también un hecho sin importancia.

En ese sentido hay, detrás de la nueva visión de AMLO, toda una redefinición del concepto de democracia y del estado de derecho. La democracia proviene del sentido de las decisiones del pueblo, más que de la aplicación de las instituciones colectivas creadas en la pluralidad. El estado de derecho depende de la justicia de las leyes, y quien determina si las leyes son justas es precisamente el líder, que interpreta la voluntad popular e impone los valores inmanentes.

Eso nos explica, de paso, el por qué Andrés Manuel considera que bastará su prédica con el ejemplo para que la corrupción desaparezca en todos los niveles, y por qué —a semejanza del líder del PES y a diferencia de la bancada de Morena— no está preocupado por la aprobación de la Ley de Seguridad Interior.

Para completar el cuadro, una característica de los tres partidos de la coalición “Juntos Haremos Historia” es que están formados más por feligreses que por militantes. Algunos en Morena, acostumbrados a cierta vida partidaria, han tragado con dificultad los sapos de la alianza con el PES, pero lo que prima es la aceptación acrítica de las decisiones del dirigente. Y, como van aprendiendo que lo importante es quedar bien con el líder, eso se traduce en una carrera absurda para ver quién hace la machincuepa retórica más extravagante para justificar lo que para alguien de izquierda sería injustificable. El partido cede su lugar a la Comunidad de la Fe, como sucedió hace tiempo con el PT y, desde su origen, con Encuentro Social.

Si algunos se alejan de la comunidad, no importa. El cálculo es sencillo: hay más evangélicos obedientes al nuevo pastor que izquierdistas capaces de renegar del salvador de la Patria.

Lo más lamentable es que, junto a la feligresía, hay un montón de sacerdotes y sacerdotisas dispuestos a sacar harta raja política, y también económica.

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Twitter: @franciscobaezr

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