La mosca catalana y la ventana española

Fran Ruiz

Las elecciones celebradas ayer en Cataluña no han resuelto nada. Los partidos que hace dos meses proclamaron unilateralmente la república catalana han vuelto a sumar mayoría absoluta (70 escaños, dos menos de los que tenían), mientras que el bando “españolista” se lleva de premio de consolación la victoria de Ciudadanos, que no tiene suficiente apoyo para poder formar gobierno.

La situación en Cataluña es pues absolutamente kafkiana.

Primero: El partido más votado es contrario a la independencia, pero no puede gobernar porque no suma 68 escaños para la mayoría absoluta. El segundo más votado, Junts per Catalunya (JxCat), tendría en principio votos parlamentarios para gobernar, pero su candidato, el expresidente Carles Puigdemont, está escondido en Bélgica y si pone un pie en España será detenido e ingresado en prisión. Allí, en una celda para los acusados por traición a la patria, lo estaría esperando su exsocio, Oriol Junqueras, cuya Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) quedó en tercer lugar.

Segundo: A pesar de haber sido el segundo partido menos votado en Cataluña, los cuatro escaños de la CUP (independentistas anticapitalistas) son la llave para que sea president otro candidato que no sea Puigdemont. Sin embargo, la izquierda radical sólo apoyará al candidato que proclame de nuevo unilateralmente la fallida república. De ocurrir esto, el PP de Mariano Rajoy, que gobierna en España, pero que en Cataluña fue el partido menos votado y sobrevive con apenas tres escaños, volvería a convocar de nuevo a elecciones. Este escenario dejaría a Cataluña inmersa en un impasse político sin solución a la vista.

¿Cómo salir de este bucle que divide casi a partes iguales al pueblo catalán?

Para empezar, eliminando precisamente ese momento kafkiano en el que los catalanes separatistas se levantaron siendo moscas y fueron convencidos de que detrás de la ventana había un mundo fantástico en el que la República Catalana era la nueva Ítaca y los cantos de sirenas europeos les animaban a salir de esa celda opresora que es España.

Y ocurrió lo que temíamos: Nadie les avisó (o no quisieron oír, hipnotizados por esos cantos de sirena) de que entre ese paraíso anunciado estaba el duro cristal de la legalidad española, y ocurrió que los separatistas, como las moscas, se estrellan una y otra vez contra el vidrio. Peor aún, tras el último guamazo contra el cristal, los europeos (y el resto del mundo) les dijeron que lo que hay detrás no es ningún paraíso y los cantos de sirena son falsos, puesto que nadie reconocerá la partición unilateral de España (y menos cuando la mitad de los catalanes no lo quiere). Pero las moscas son tercas y ni este baño de realidad ni la huida de empresas y de turistas de la pujante Barcelona han impedido que hayan vuelto a ganar las elecciones. Queda pues hacerles entender a los separatistas sensatos que sólo podrán gobernar renunciando a la unilateralidad y esperando un nuevo gobierno en Madrid dispuesto a negociar un referéndum. De lo contrario, seguirán golpeándose una y otra vez contra una ventana irrompible.

 

fransink@outlook.com

 

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