Demócratas de a pie - José Carlos Castañeda | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 22 de Diciembre, 2017
Demócratas  de a pie | La Crónica de Hoy

Demócratas de a pie

José Carlos Castañeda

Ya está en marcha el ruido de las campañas electorales: ataques y propuestas. Pero no quiero hablar de candidatos ni de partidos, tampoco de la guerra de encuestas o de las alianzas contrahechas. Nadie duda que los políticos tiene un enorme reto de credibilidad, pero la pregunta inaplazable es: ¿dónde están los ciudadanos y cómo se comportan?
Nuestra cultura autoritaria está intacta. Durante años, el Presidente fue la figura providencial del gobierno. Una vez que se conocía su nombre, las expectativas sobre su capacidad de transformar el país de un sexenio a otro se inflaban como un globo. Nada de eso ha quedado atrás. Cuando la transición dio lugar a la alternancia, la palabra “cambio” ocupó el lugar del Presidente y el responsable de ocupar la silla adquiría los mismos poderes fatuos. Nada más falso. En la mentalidad autoritaria el líder es quien hace el cambio. En verdad, ¿hemos abandonado el presidencialismo o seguimos esperando que llegue el “verdadero” líder que ahora sí haga el cambio?
No niego el valor del liderazgo. Me pregunto: ¿cuánto ha avanzado nuestra democracia callejera? No basta con tener un sistema electoral eficiente, donde no quepa duda del resultado final. Hacen falta ciudadanos. ¿Cuál es el estado de nuestros valores cívicos? La disyuntiva clásica es ¿qué fue primero, la ciudadanía democrática o las instituciones democráticas? No propongo un debate en torno a la ciencia política. Tampoco sobre la democracia plebiscitaria o la responsabilidad cívica del pago de impuestos. Nada tan complejo.
Mi tema es más sencillo: instrucciones para cruzar una calle. Hace algunos ayeres, cuando todavía el pluralismo político era inimaginable, mientras un candidato a diputado hacía recorridos por su distrito, tuvo la oportunidad de contrastar la realidad de una demanda popular y la necesidad social de una comunidad. Por extraño que parezca no coinciden. Explico el ejemplo: en el distrito de este candidato había tres problemas muy evidentes: no había agua entubada, la mayoría de las calles era de terracería y tampoco tenía una red de drenaje. Uno se imagina que la respuesta en una encuesta sería: la principal petición de la gente es agua. No fue así. ¿Por qué? La gente exigía topes en las avenidas que daban acceso a la colonia, porque sus calles eran de tierra. ¿Acaso es un sinsentido? No. Los niños no tenían dónde jugar, así que se apoderaban de las avenidas pavimentadas para organizar partidos de futbol. Para sus madres, lo más peligroso eran los autos que circulaban a toda velocidad. No bastaba con los semáforos. Exigieron topes. El reclamo popular no alcanzó a expresar su demanda real. ¿Qué quería la comunidad? Parques. Además de agua, drenaje y calles. Leer las encuestas tiene su truco. No son lineales.
Regreso a la civilidad democrática. Los topes son la mejor muestra de la inexistencia de una ciudadanía democrática. Tanto el peatón como el automovilista son irresponsables en su circulación callejera. Los autos aceleran y los transeúntes cruzan a diestra y siniestra. No falta quién capture una imagen fotográfica del peatón que cruza justo debajo del puente, mientras un perro sube por las escaleras. El automovilista invade las líneas peatonales, le avienta el coche y muchas veces salta en el aire por la gracia de un tope imposible de distinguir en medio de la noche. Ambos protagonistas, con su comportamiento desordenado en la calle, incumplen el respeto a las normas cívicas más básicas.
Los topes hablan por la conducta cívica de una democracia. Mientras los demócratas callejeros, a pie o en coche, continúen con sus juegos malabares para violar las normas de convivencia, no esperen nada de aquellos encargados de la transformación total de las instituciones políticas del Estado. La democracia se hace en la calle y su cumple en la calle.


@ccastnedaf4

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