Las trampas de la fe y Morena (2) - Carlos Matute González | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 22 de Diciembre, 2017
Las trampas de la fe y Morena (2) | La Crónica de Hoy

Las trampas de la fe y Morena (2)

Carlos Matute González

El barroco es un sistema de ideas cerrado. Sor Juana Inés de la Cruz es una poetiza novohispana emblemática de este tipo de pensamiento. El lenguaje es circular, repetido al infinito como si fuera una jaculatoria o una letanía, rebuscado, contradictorio y preciosista. El decálogo de compromisos de Morena es barroco, no analítico y contrario a la realidad que vivimos. Este tipo de pensamiento hermético no acepta la crítica y sólo tolera a los adherentes. 

Bajo esa óptica, el segundo compromiso “convocar al pueblo para hacer de la honestidad una forma de vida y de gobierno” es el caballito de batalla en su discurso trillado. La eliminación de la corrupción. El mito de la escoba que barre desde arriba acaba con lo podrido abajo y el voluntarismo político que convierte a todos en personas honestas por el simple hecho de quererlo. El mito del pueblo bueno oprimido divulgado en las películas del Indio Fernández.

Un compromiso de cepa centralista, que desconoce los procesos propios de las entidades federativas y resulta anti-municipalista. La corrupción es un fenómeno multifactorial y que se presenta en formas diferentes en los tres órdenes de gobierno. El clientelismo, táctica política utilizada por Morena, es un tipo de corrupción arraigada en municipios y demarcaciones territoriales vinculadas con la economía informal.

El discurso morenista es profundamente clasista y sus seguidores, creyentes incondicionales, se conciben a si mismos como honestos no porque no actúen fuera de la ley, sino porque ésta ya no les acomoda (como antes) a sus intereses u obstruye sus ambiciones personales.

La reducción de sueldos de arriba no es suficiente para aumentar las percepciones de los de abajo. Suponiendo que no hubiera pagos a los mandos, un ahorro mayor al que implica una reducción parcial, el ahorro que se obtuviera no alcanzaría para cubrir un aumento generalizado de la nómina de los profesores y médicos; basta una sencilla operación aritmética para calcularlo. No se necesita ser un experto financiero para saber que es una falacia el compromiso.

El tercer compromiso es la descentralización (sic) del gobierno federal-que en realidad es una reubicación de la burocracia- con el supuesto efecto de generar desarrollo en todo el territorio. Esta es una propuesta que no tiene ni pies, ni cabeza. Primer dislate es suponer que existe infraestructura inmobiliaria suficiente en los estados para los espacios de oficina y vivienda que se requieren. Hay que construirla y esto cuesta y lleva tiempo.

El segundo detalle no considerado en el compromiso es que hay que convencer a los trabajadores que cambien de residencia, transformen su vida, puesto que hacerlo contra su voluntad sería una violación a sus derechos. Un apoyo para la mudanza no sería suficiente y significaría un gasto enorme y tal vez inútil.

Además, el impacto en la economía regional sería marginal. El compromiso se basa en el desconocimiento, en la ignorancia, de que más del 30% de los recursos del presupuesto federal actualmente lo ejercen directamente los estados, lo que ha sido un factor de impulso a la productividad en las entidades federativas en las últimas dos décadas. La estrategia viable de desarrollo regional es la consolidación de las zonas económicas especiales (ZEE), pero esto no le conviene a Morena ya que implica racionalidad en el gasto y la eliminación del clientelismo político.

El cuarto compromiso es el rescate del campo con base en subsidios cruzados, que son aquellos que benefician a grupos políticos cerrados y fuertemente organizados en perjuicio de la población, es decir, Morena propone volver a la fijación de precios de garantía, que implica que se hagan transferencias a fondos perdidos (a los aliados electorales), pero que no garantizan que aumente la productividad.

Por otro lado, la autosuficiencia alimentaria, que es un ideal de los estados cerrados al comercio internacional, como Cuba y Venezuela, exige una reorientación productiva del campo, lo que pudiera ocasionar la quiebra de varias agroindustrias -esto recuerda la estrategia maoísta de convertir a cada granja en una fundidora de acero- que acabó en un gran fracaso y la peor hambruna del siglo XX. La meta de sembrar 1 millón de árboles es ridícula. Sólo en Tlaxcala, el Gobernador Mena, impulsó un programa de reforestación de la Malinche con esa cantidad.

El pensamiento barroco se autogenera. Si las cifras no cuadran con la realidad no importa. Si no hay condiciones para llevar a cabo un proyecto, eso es irrelevante, la fuerza del pueblo bueno que sale a vender sus gallinas para pagar el petróleo nacionalizado o volcado a una zafra masiva en Cuba sin un sentido de racionalidad económica es suficiente, aunque conduzca al estancamiento económico. El hermético se satisface con que el otro pierde, aunque él no gane nada.

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