La triste vigencia de La Niña de los fósforos - Carlos Villa Roiz | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 23 de Diciembre, 2017
La triste vigencia de La Niña de los fósforos | La Crónica de Hoy

La triste vigencia de La Niña de los fósforos

Carlos Villa Roiz

Cuando Hans Christian Andersen escribió en el Siglo XIX su cuento La Niña de los Fósforos, tratando de reflejar una historia que va más allá de su fantasía de literato, para aterrizar en la amarga realidad por la que cruza la infancia que vive en situación de calle, trató de tocar las conciencias sociales en las fechas decembrinas, y por desgracia, la protagonista de esta historia es un personaje de carne y hueso que vive en todos los tiempos y en todas latitudes. 

Una niña pobre camina por las calles de la ciudad en medio de la nieve. Ella vende fósforos; un poco de luz y calor están escondidas en esas cajitas. La gente apresurada va por todos lados para llegar a sus hogares donde departirán los manjares de la cena de Nochebuena con amigos y familiares.

En los aparadores, los comercios exhiben regalos entre las luces parpadeantes, y ella, a través de los cristales, ve la alegría que reina en las casas donde se derrocha felicidad. 

La gente pasa de largo ante la necesidad ajena. La ve, pero no se detiene a mirarla. Ante la indiferencia, en una sociedad ensimismada e incapaz de poner remedio al dolor ajeno, ella se ve obligada a resguardarse en cualquier recoveco y atormentada por la nieve, comienza a consumir su mercancía para darse un poco de calor en las manos, en medio de visiones oscilantes como las flamas de sus cerillos, que lo mismo la atormentan al ver un delicioso pavo que jamás probará o la confortan, como la fantasmal imagen de su madre que la abraza, mientras ella agoniza por el frío callejero. 

Los escaparates de la Navidad, el comercio desbordado y a veces innecesario, la comercial imagen de Santa Claus que incita al consumismo y que literalmente expulsa del pesebre al Niño Jesús, son copos de nieve que caen en los cuerpos hambrientos y desnudos de tanta gente…y es que la Navidad, fuera de su contexto espiritual: el nacimiento de Jesús en un pesebre, puede resultar una burla para el pobre que mendiga, para quien no tiene un techo que lo resguarde, el indigente o el niño de la calle; para el anciano abandonado por su familia en un asilo; para el migrante que huye de la miseria o el refugiado que está lleno de esperanzas en medio de persecuciones; para el preso que es abandonado por su familia, el enfermo que se consume sin recursos y medicinas, y tantos casos más en donde los peregrinos pasan de casa en casa sin que nadie les dé posada o les compre una caja de cerillos para obtener algunas monedas con las que puedan comprar un pedazo de pan. ¿Cuántas personas venden cerillos o piden posada en Nochebuena? 

La niña que vende cerillos es una amarga realidad. Aún se le ve por las calles de todas las ciudades, y en cada Nochebuena, mueren cientos o miles de ellas, mientras le gente va de prisa para hacer las compras de último momento. 

 

 

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