La teoría de la estupidez humana - Francisco Báez Rodríguez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 25 de Diciembre, 2017
La teoría de la estupidez humana | La Crónica de Hoy

La teoría de la estupidez humana

Francisco Báez Rodríguez

En su ensayo “Las leyes fundamentales de la estupidez humana”, dentro de su libro Allegro ma non troppo, el historiador y economista italiano Carlo Cipolla divide a los seres humanos en cuatro categorías: los desprevenidos (o incautos), los inteligentes, los bandidos (o malhechores) y los estúpidos. Los desprevenidos son personas que hacen cosas que benefician a otros y los perjudican a ellos; los inteligentes hacen cosas que los benefician y también aprovechan a los demás; los bandidos hacen cosas que los benefician a ellos, pero perjudican al prójimo y los estúpidos hacen cosas que no benefician a nadie, perjudican a otras personas y a menudo también dañan al propio estúpido que las hizo.

Esto se puede graficar en un cuadrante, como se ve en el gráfico 1. En la parte superior, aquellos que benefician a los demás; en la inferior, los que los perjudican. En la parte izquierda, quienes se perjudican a sí mismos; en la derecha, quienes se benefician.

Según Cipolla, una persona inteligente puede a veces comportarse como una incauta o incluso como un malhechor. Un malvado puede a veces portarse de manera inteligente o incluso incauta. Un desprevenido puede a veces ser inteligente y en otras, incluso, llegar a actuar como bandido. Pero la mayor parte de las acciones de cada uno responderá a su característica fundamental. Al mismo tiempo todos ellos saben, en su fuero íntimo, a qué categoría pertenecen, y reconocen si han cometido alguna estupidez —lo que ocasionalmente sucede—.

El estúpido es diferente, porque tiende a comportarse de manera coherente: es casi indefectiblemente estúpido y es el único grupo que no se da cuenta a cuál de las categorías pertenece.

A partir de ahí, Cipolla hace una gráfica, un cuadrante de costo-beneficio, del cual pretende —para fines didácticos— excluir cualquier tipo de imperativo moral. De ahí resulta que las acciones inteligentes tienen todas suma positiva, algunas acciones “desprevenidas” pueden, igualmente, tener suma positiva (pensemos, por ejemplo, en los actos de heroísmo en los que el personaje pierde la vida, pero salva muchas) y hasta algunas acciones de los malhechores resultan en suma positiva, porque la pérdida ajena es inferior a la ganancia del bandido (a éstos, Cipolla los califica de “deshonestos” , o “bandidos inteligentes”, cuyos efectos se ven en el gráfico 2 como la zona Bi). Más a menudo, los malhechores hacen más daño que el beneficio que obtienen (es el caso típico de los criminales), y sus acciones se ubican en la zona Be. Pero en el caso de los estúpidos, la suma siempre es negativa. Es gente que nos hará perder dinero, tiempo, tranquilidad, oportunidades a cambio de nada. Gente obstinada en entorpecer la actividad ajena.

Si analizamos el gráfico 3, resulta casi de manera automática que los estúpidos son más dañinos que los malvados. La suma negativa es el espacio que está debajo de la línea NOM. Cipolla dice, con todas sus letras, que son más peligrosos. ¿Por qué?

En primer lugar, porque siempre se subestima su número. Personas que uno ha considerado racionales e inteligentes en el pasado, se revelan como indiscutiblemente estúpidas: este predicado impide atribuir un porcentaje de la población a la categoría.

En segundo lugar, porque “la probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona”. Esto significa que la estupidez no distingue sexo, raza, nacionalidad, profesión o condición social.

En tercer lugar, no sólo se subestima la cantidad, sino también el potencial nocivo de las personas estúpidas. Una persona inteligente puede entender la lógica del malhechor, porque tiene cierta racionalidad, basada en la búsqueda del beneficio propio a costa de lo que sea. Esa racionalidad permite, hasta cierto punto, defenderse de ellos y, si se puede, pasar al contraataque. En cambio, a las personas razonables les resulta difícil imaginar y entender un comportamiento estúpido. Por lo mismo, es muy complicado defenderse de quien no tiene un plan preciso, y los ataques de los estúpidos suelen ser particularmente devastadores.

Como, además, los estúpidos automáticamente generan sumas negativas, Cipolla concluye que el estúpido es más peligroso que el malvado. Su capacidad de hacer daño depende de dos factores principales: del factor genético y del grado de poder o autoridad que ocupa en la sociedad.

Esto nos obliga a saltar de lo “micro” a lo “macro”. ¿A qué se debe que algunas sociedades estén en ascenso y otras en decadencia? Según el historiador, ambas tienen el mismo elevado porcentaje de estúpidos. Pero en una sociedad al alza, hay muchos inteligentes en el poder, y tienen bajo control a los estúpidos, mientras que en una sociedad en decadencia, abundan los malhechores entre las personas que están en el poder, y éstos suelen ser más permisivos con los estúpidos. Al mismo tiempo, entre quienes no detentan poder alguno, crece la proporción de desprevenidos/incautos. Es la fórmula perfecta para dirigirse a la ruina.

Si damos un repaso a la situación nacional reciente, encontraremos algunos casos paradigmáticos. Por ejemplo, Juanito parecía, en sus primeros momentos como personaje público, un incauto en manos de un bandido. Posteriormente se reveló como un estúpido. Chucho Ortega y Germán Martínez Cázares se demostraron capaces de hacerle daño (no sólo electoral) a sus partidos y no se ve qué beneficios hayan recogido. Podríamos continuar la lista, pensando en los temas que han sobrecogido al país recientemente: la guerra contra el narco, la estrategia contra la influenza, las medidas contra la crisis económica, el conflicto del SME, el paquete fiscal-presupuestal…

Creo que lo inteligente es dejar a los lectores sacar sus propias conclusiones sobre quién se ubica en qué punto del cuadrante y sobre las razones por las cuales la percepción mayoritaria es que el país se encuentra en decadencia.

 


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