Las trampas de la fe y Morena (3)

Carlos Matute González

Con frecuencia, la fe pone trampas a los creyentes. El pensamiento explica la realidad, pero no tiene la fuerza de cambiarla. Las ideas iluminan, pero no modifican lo iluminado. Entonces, cuando el deseo, por bueno que sea, no logra lo esperado, sobreviene la frustración y el enojo. El pensamiento cerrado es incuestionable por quien lo sostiene y, por lo tanto, cualquier discrepancia de lo que imagina con la realidad es culpa de otro, del enemigo a quien hay que destruir. Desde la fe -la confianza absoluta en un líder- solo hay vías únicas de salvación, todo lo demás está equivocado.

La ofensa y la descalificación del otro es la estrategia para imponerse en el espacio público. El pensamiento hermético no debate, porque no está abierto a la crítica. Las cifras pueden ser inventadas, no son revisadas por los creyentes que alaban cualquier disparate y lo confunden con grandeza de miras. El discurso es más que un engaño, es un autoengaño.

El decálogo de compromisos de Morena contiene cifras incoherentes y acciones irrealizables. En el quinto se propone el rescate del sector energético, sin especificar si significa dar marcha atrás a las reformas en esta materia. La ambigüedad es la impronta. La modernización de seis refinerías y construcción de dos nuevas no es viable, aún más cuando las fuentes de energía fósil están en decadencia. Paralelamente, con una clara incongruencia, simultáneamente se impulsarían las fuentes de energía limpia. Es evidente que no hay recursos para todo y si lo que se desea es eliminar la inversión privada en este sector, ¿con que va a financiar el crecimiento? Muchas dudas, pocas respuestas deja este dislate.

En el sexto, se propone la promoción del desarrollo económico con mayor gasto público sin más ingresos tributarios, ni deuda pública. En este dislate, hay un desconocimiento de que una de las debilidades de las finanzas públicas en nuestro país es la baja recaudación como porcentaje del PIB y la necesidad de llevar a cabo una reforma tributaria integral. AMLO sólo considera como fuente de financiamiento el recorte en el gasto. Ojalá que los miembros de su gabinete egresados de Harvard y otras universidades norteamericanas hayan aprendido a sumar y restar, porque los números no salen.

Luego, menciona el financiamiento de proyectos productivos y creación de empleos, enumera algunos deseables, dirigidos a grupos específicos, pero sin sustento financiero, como el acceso a internet en todo el territorio nacional, un tren turístico en Yucatán y la construcción de pistas en Sta. Lucía, con lo que insinúa la cancelación de la construcción del nuevo aeropuerto, sin tomar en cuenta el avance de la inversión. Parte del falso supuesto de que hay dinero para reinventar el país. La cantaleta de que con la eliminación de los gastos suntuarios se financiará el desarrollo suena bonito, pero es una falacia. Los ahorros esperables por los recortes presupuestales de lo destinado a lo superfluo son insuficientes para el pago de una línea de metro.

El decálogo es un discurso cínico en el tono de lo que Chava Flores atribuye a la irresponsabilidad de un marido borracho y hablador que burlonamente canta a la mujer cuando le entrega el gasto: “Mira, Bartola, ahí te dejo esos dos pesos, pagas la renta, el teléfono y la luz, de lo que sobre, coge de ahí para tu gasto y guárdame el resto para echarme mi alipús...”

En el fondo, los compromisos encierran el regreso a esquemas del pasado como la creación de las zonas francas que sólo generaron privilegios y corrupción e implica la desaparición del Tratado de Libre Comercio.

El desprecio a la realidad y lo que se ha hecho en los últimos años, se concentra en el séptimo compromiso, que es una promesa de apoyo a los “ninis” que se reduce a una garantía de saliva del derecho al estudio y al trabajo. La garantía auténtica requiere recursos presupuestales que no se tienen. Hay que buscar un modelo distinto a la Universidad de la Ciudad de México que no logró la cobertura total de los servicios educativos a todos los jóvenes y recurrió al sorteo para asignar los lugares disponibles.

Además, el pago de 2 mil 400 pesos a los universitarios de escasos recursos -pobres-, es una tomadura de pelo por el costo que representa y que si se iniciara sería con un grupo pequeño, seguramente afín a su proyecto político. En la creación de empleo a jóvenes la cifra propuesta en el decálogo es inferior a lo logrado este sexenio -menor ingreso, menor número de nuevos empleos. ¿Error o disparate consciente?

El pensamiento cerrado acepta todo sin cuestionar. El ejercicio de contrastar las cifras con la realidad es parte de un complot. La fe tiende sus trampas y quien cae en ellas se convierte en un incondicional dispuesto a tragarse ruedas de molino disfrazadas de compromisos de pre-campaña.

Profesor del INAP

cmatutegonzalez@yahoo.com.mx

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