El futuro no es ya lo que solía ser

Arthur C. Clarke

 

Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora;

doce aljabas cada año para él trae el rey Enero;

en la sombra se destaca la figura vencedora

del Arquero.

Año nuevo, Rubén Darío

 

El planeta dio otra vuelta alrededor del Sol y a muchos humanos les parece motivo de celebración. Es algo inherente a nuestra naturaleza. Desde tiempos remotos, cuando los protohumanos advirtieron los ciclos de la naturaleza, se empezó a darle valor a los reinicios.

Un año es el tiempo en que tarda el planeta volver a un mismo punto de su órbita. Puede ser cualquiera, el que corresponde a lo que consideramos el inicio del año, el que señala el día de nuestro nacimiento o el que recuerda un acontecimiento, como la Independencia o el natalicio de un personaje o el tiempo que llevamos sin fumar los que hemos logrado dejar atrás ese feo vicio.

Un año, para el Diccionario de la lengua española (RAE), es:

“1. m. Astron. Tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta alrededor del Sol y que equivale a 365 días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos.

“2. m. Período de doce meses, a contar desde el día 1 de enero hasta el 31 de diciembre, ambos inclusive.

“3. m. Período de doce meses, a contar desde un día cualquiera.

“4. m. Curso académico, de los varios en que suele dividirse el estudio de una materia, o de cada una de las etapas educativas.

“5. m. Persona que resultaba emparejada con otra al echar damas y galanes la víspera de año nuevo.

“6. m. pl. Día en que alguien cumple años. Celebrar los años. Dar los años.

“7. m. pl. edad (|| tiempo vivido). Está muy joven para sus años.

“8. m. pl. Década del siglo. La España de los años noventa.”

 

Tiene el DLE, entre otras, las siguientes acepciones para la palabra año: El académico, que corresponde al inicio de un curso docente; el anomalístico, que es el “Tiempo que transcurre entre dos pasos consecutivos de la Tierra por el afelio o el perihelio de su órbita y que equivale a 365 días, 6 horas, 13 minutos y 59 segundos” Con este valor aparecen el año trópico, el sideral, el astronómico y el astral.  El árabe  es el lunar, o sea el “período de doce revoluciones sinódicas de la Luna, que equivale a 354 días.

Está también el año luz o “medida astronómica de longitud, equivalente a la distancia recorrida por la luz en el vacío durante un año.” Y el sabático, el de “licencia con sueldo que algunas instituciones docentes e investigadoras conceden a su personal cada cierto tiempo.”

La entrada correspondiente del DLE incorpora expresiones relativas a la palabra como: “echársele a alguien los años encima”, que significa envejecer de golpe. “Perder el año” (un estudiante): “No ser aprobado en los exámenes de fin de curso”.

“Quitarse alguien años” es locución para expresar que alguien declara menos años de los que tiene (Imagine usted como quién).

La paremiología registra múltiples refranes dedicados al fin y principio de año. “Enero y febrero, desviejadero”, es uno de ellos, que se complementa con “marzo y abril, de todo ha de ir”. Es decir que si a principio de año se van los venerables, en los meses que siguen se van de cualquier edad.

“Año nuevo, vida nueva” no requiere más explicación que aclarar que, como los propósitos que se enuncian en esta época, las más de las veces quedan en puros buenos deseos.

Registra el Refranero mexicano de Herón Pérez Martínez, que aloja la Academía Mexicana de la Lengua, un sinnúmero de refranes que refieren al fin de año, al inicio de otro, al último mes y al primero del año. Muchos marcados con un tinte campirano de otras épocas, pero de riqueza expresiva.

Tenemos por ejemplo, “Ranchero que olvidó las cabañuelas, ranchero que perdió el dinero en siembras”. Explica la obra que “las cabañuelas, como se llama generalmente a los doce primeros días del mes de enero, eran usadas —‘vanamente’, advierte Santamaría— por los viejos rancheros, entre quienes se originó el refrán, para pronosticar cómo iba a ser el año y poder así planear adecuadamente las siembras.”

“De que el año viene bueno, comoquiera que esté el surco”.  Pérez Martínez nos dice: “Refrán meteorológico de índole ranchera que expresa que si el año es bueno no son tan importantes las actividades relacionadas con la siembra. Es un refrán de año nuevo. Tiene el mismo sentido paremiológico que el refrán “año derecho, no necesita barbecho”.  

Para fin de año nos prescribe que “el que se duerme, no cena, y el que cena, se desvela”, pero “quien con aguardiente cena, con agua se desayuna” y nos recuerda que “sólo los guajolotes mueren la víspera”.

La poesía no olvida las fechas. Baste recordar al célebre bohemio de Guillermo Aguirre y Fierro, quien nos lleva a la reflexión sentimental: “En torno de una mesa de cantina,/ una noche de invierno,/ regocijadamente departían/ seis alegres bohemios (…)/ Olvidaba decir que aquella noche,/ aquel grupo bohemio/ celebraba entre risas, libaciones,/ chascarrillos y versos,/ la agonía de un año que amarguras dejó en todos los pechos,/ y la llegada, consecuencia lógica, del ¡Feliz Año Nuevo!...

El remate lo dejo a la memoria de los lectores.

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Regaños

Lea usted los siguientes párrafos:

“Están seguros que es esta película?

“De los creadores de “South Park, esta película cuenta la historia de un policía que se encarga de mantener el orden y la estabilidad en el mundo, cuando se entera de que un dictador reparte armas a los terroristas”

“Harry asegura que la amistad entre un hombre y una mujer es imposible, Sally lo contrario ¿será?”

“En las Filipinas de practica…”

Y las erratas, errores y faltas de ortografía se suceden prácticamente a diario.

Si fueran ejercicios de estudiantes de redacción habría que ponerles baja calificación y explicarles qué están haciendo mal.

Pero son textos publicados —no me va usted a creer— por TV UNAM.

Falta haría no dejar en manos de los diseñadores o técnicos que forman los anuncios la redacción. O bien se consiguen un profesional que redacte los textos o por lo menos los ponen en manos de un corrector eficiente, si lo encuentran. Es la imagen la de Universidad —de la mía, la que me enorgullece—, la que se pone en entredicho. Creo que, aunque no le gustara Juan Gabriel, esto no pasaría con Nicolás Alvarado.

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El Arca de Arena, a sugerencia de Mangel, recuperó de su acervo “un verso que hace las veces de estribillo en un emblemático poema de la literatura de horror. Uno de los más conocidos en lengua inglesa, aunque en español también tiene su peso. Hay famosas parodias, como la de Los Simpson.”

“Nunca más (nevermore)” es el estribillo de El cuervo, obra del incomparable Edgar Allan Poe. Nos lo recordaron la infaltable, Marielena Hoyo, Bertha Hernández y Luz Rodríguez.

Para este fin de año, El Arca quiere una palabra que incluye a la que designa una buena cosecha para un vino y, con un prefijo que expresa anterioridad, es una forma de referirse a una antigualla.

caralpat@gmail.com

@caralpat

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