Roma, el trabajo doméstico y un programa piloto - Carlos Matute González | La Crónica de Hoy
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Roma, el trabajo doméstico y un programa piloto

Carlos Matute González

La 91 edición de la entrega de los premios Óscar tuvo un ingrediente adicional propio de una comunidad antitrumpiana: los olvidados fueron invitados a la fiesta, los marginados iluminados por los focos cinematográficos que son de gran intensidad, y abrió la posibilidad a una reflexión social profunda sobre el empleo doméstico en los países subdesarrollados, aunque puede quedarse sólo en un bálsamo para las buenas conciencias.

Esto, que es bueno para poner un pie de playa en una realidad injusta de explotación a estos trabajadores (en su inmensa mayoría mujeres), puede convertirse en una llamarada de petate y lo que es peor, transformarse en una visión clase mediera distorsionada del trabajo doméstico, que reduce el problema del empleo informal al caso de Cleo (nana de una casa “popis” en la Colonia Roma en la Ciudad de México de los setenta).

La recomendación del 2011 de la Organización Internacional del Trabajo, que en su seno integra a los empleadores y trabajadores (tripartita), en cuanto a la seguridad social del trabajo doméstico establece en su punto 20 lo siguiente:

“Los Miembros (de la OIT) deberían considerar, en conformidad con la legislación nacional, medios para facilitar el pago de las cotizaciones a la seguridad social, incluso respecto de los trabajadores domésticos que prestan servicios a múltiples empleadores, por ejemplo, mediante un sistema de pago simplificado”.

Roma hace evidente que hay una asignatura pendiente: la seguridad social en el trabajo doméstico. La película es una muestra de lo que ocurría y ocurre en una colonia “decente” urbana, pero no puede ser la inspiración de una política pública que debe diagnosticar y atender una realidad más compleja. El empleo doméstico en zonas residenciales es sólo una expresión de la economía informal que debe ser protegida ante los riesgos catastróficos como lo son una enfermedad o la muerte, además de la previsión social (pensión) y servicios sociales (guarderías y velatorios).

La estrategia de expansión de la universalidad de la seguridad social no debe reducirse a un programa piloto anunciado por el Director General del IMSS en consonancia con el discurso del director de películas, Cuarón (Noticieros televisa, 18/02/19). Hay que buscar la forma de incorporar a los trabajadores independientes, a los domésticos (incluidos choferes, jardineros, vigilantes, apoyos familiares en zonas marginadas, cuidadores de enfermos y niños y un largo etcétera), de industria familiar, del campo, así como a los profesionistas, comisionistas o personal por honorarios y patrones personas físicas con trabajadores a su servicio.

El universo es mucho más amplio. La asignatura pendiente es con muchos tipos de trabajadores y la propuesta de solución debe dejar a un lado los caminos tradicionales que necesariamente pasan los esquemas rígidos, adecuados para economía formal pero absurdos para la informalidad. La OIT reconoce que deben buscarse esquemas que permitan el pago simplificado.

La solución que se había encontrado en México era la incorporación voluntaria al régimen obligatorio, que hoy es insuficiente por la baja tasa de afiliación por esta vía. Hay más de 18 millones de trabajadores de la economía formal y alrededor de 600 mil en la informalidad inscritos voluntariamente, a pesar que esta última representa más de un tercio del empleo en el país, es decir, están fuera de la cobertura más de 17 millones de trabajadores. También habría que duplicar la oferta de servicios médicos y multiplicar por 20 las estancias infantiles.

En este sentido, ordenar legislativamente el régimen obligatorio para los trabajadores del sector informal y darles el trato como cualquier otro trabajador no parece ser la mejor propuesta, salvo para que se reduzca esta acción estatal al trabajo doméstico en las casas de las colonias acomodadas.

Un programa piloto de esta índole sólo podría beneficiar a un número ínfimo de trabajadoras. El resto quedaría igual. Las cifras son elocuentes: en menos del 3% de los hogares hay trabajadoras domésticas de planta, la inmensa mayoría no tiene contrato por escrito, tiene varios patrones y recibe menos de dos salarios mínimos. ¿Cuántas usan uniforme o viven en casas “popis” como en Roma o en las telenovelas? Hay que ser más creativos.

El mensaje contra el clasismo, la discriminación y la explotación laboral debe aplicarse a muchas más situaciones de injusticia. Hay un gran rezago que no se podrá superar con el esquema de aumentar los supuestos al registro al régimen obligatorio del IMSS casuísticamente.

Esperemos que la euforia del Óscar no sirva para ocultar el enorme problema que es la desprotección de los trabajadores informales no asegurados y que el programa piloto anunciado no sirva sólo para calmar a las buenas conciencias preocupadas por lo que sucede en las pantallas e indiferentes a la realidad social que las rodea.

 


Miembro Electo del Sistema Nacional de Investigadores Nivel I
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