Californication

Juan Manuel Asai

El esquema vigente de combate a las drogas a nivel internacional es letal para México. Nuestro país pone los muertos, miles de ellos, rasga su tejido social, lacera las instituciones y corrompe hasta lo indecible a autoridades civiles, militares y sus socios en la iniciativa privada.

Además, el consumo de drogas entre nuestros jóvenes se ha disparado de manera exponencial. A su vez, el narcomenudeo creó una masa delincuencial que se dedica a amplia variedad de actividades criminales como el robo, la extorsión o el secuestro. En síntesis, el peor de los mundos posibles.

Pero las cosas siempre se pueden poder peor. Resulta que a partir de este año comenzó en el estado norteamericano de California la venta legal de mariguana recreativa. Lo que nos obliga, como país, a replantear de manera profunda la política nacional contra las drogas, comenzando precisamente con la mota.

La decisión de California cambia de manera drástica las reglas del juego. Es insensato, casi demencial, que autoridades mexicanas y norteamericanas, a través de la DEA y otras agencias, combatan aquí la producción, tráfico y consumo de la cannabis, mientras que del otro lado de la frontera, literalmente a unos pasos, es legal fumar por esparcimiento.

México tiene la obligación moral, patriótica, o si no quieren recurrir a esas palabras tan densas, la de mínimo sentido común, de romper ese esquema internacional. Se mantiene porque reparte dinero a carretadas entre grupos de la élite, mientras que la gente común y corriente paga las consecuencias. Lo primero es que todos tengamos conciencia de que el gobierno de Estados Unidos, o de manera más amplia, el establishment gringo, no combate al narcotráfico. Lo controla, desde los tiempos de la guerra de Vietnam, para cumplir objetivos geopolíticos. El primero de estos objetivos es dominar, con una correa corta, a los gobiernos y los ejércitos de diversos países, sobre todo los de América Latina. Me hago cargo de suena fuerte, lo es, pero corresponde de manera rigurosa a la verdad.

Hay que cambiar de estrategia, minimizar en lo posible el factor de la violencia, pero sin llegar al extremo disparatado de la amnistía que entronaría a la impunidad. ¿Qué se puede hacer? La respuesta es cambiar los pelotones de soldados por los contingentes de contadores públicos. Es sencillo, pero se requiere una sobredosis de voluntad política, pues atacar el dinero de los narcos supone desmontar la red de protección política y empresarial del negocio de la droga.

No es posible que en Tijuana o Mexicali sea un delito traficar mariguana y que miles de personas estén en la cárcel o en el panteón por eso, mientras que del otro lado de la frontera, en San Diego por ejemplo, estén en su viaje mágico y misterioso desde el primer día del año.

jasaicamacho@yahoo.com

@soycamachojuan

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