Regular la objeción de conciencia

Voces de la UAM

Jorge Alberto Álvarez Díaz*

 

En México, como en muchos países, se ha intentado legislar sobre la objeción de conciencia (OC). Generalmente, con pésimos resultados. El último intento lo confirma. Para llegar a una regulación aceptable habría que resolver teóricamente tres problemas, como mínimo: ¿qué es la OC?, ¿cuáles son sus límites?, y ¿cuáles son sus alcances?

¿Qué es la OC? Se trata de un fenómeno históricamente muy reciente. El derecho, desde su origen, supone que al formular una ley ésta debe ser obedecida por el pueblo que promulga esa ley. Las leyes deben ser obedecidas porque se supone que representan la voluntad de las mayorías. Aquí surgen dos problemas: una cosa es que la ley sea legal (lo es, por eso mismo se promulga), y otra distinta es que sea legítima (que sea, en términos sencillos, justa; habría que decir, que sea ética). Hay leyes justas y hay leyes que no lo son. Un segundo problema es que si las leyes reúnen las voluntades de las mayorías, es prácticamente imposible reunir las voluntades de toda la población. Por ello, en sociedades antiguas, cuando ocurría una discrepancia y una persona invocaba a su conciencia, a su ética,  para no obedecer un mandato legal, no se permitía la discrepancia y se le castigaba (incluso con la muerte).

Tuvo que pasar mucho tiempo para que las sociedades modernas se constituyeran al menos formalmente, en pluralistas. Solamente en estas sociedades aparece la idea de la tolerancia. Evelyn Beatrice Hall pone en boca de Voltaire una frase que resume este concepto: “Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. Aunque no la haya dicho el pensador francés, resume una época de cambio. El tolerar implica el respeto para que cada quien pueda llevar a cabo los planes personales sin querer imponer un solo plan al resto. Es respeto a disentir, a pensar diferente, a ser diferente.

Suponer que las personas deben seguir siempre lo que otro manda (la religión en el mundo antiguo, o bien las leyes o la ciencia en el momento actual), equivaldría a legitimar cualquier forma de totalitarismo (el nazismo alemán, el fascismo italiano, etc.). Sería caer en la pura heteronomía, y en ética se busca la autonomía.

Es lamentable que personas como Paulina Rivero, directora del Programa Universitario de Bioética de la UNAM, caigan en este tipo de graves errores (tal vez porque no definen bien qué es OC; http://www.milenio.com/firmas/paulina_rivero_weber/objecion-conciencia-medicos-creencias-religion-milenio_18_1070472982.html).

Para que la objeción sea de conciencia: 1) no debe buscarse modificar una ley o una política, solamente que el objetor no cumpla con una obligación en un caso concreto (si fuese así, sería objeción de ley, no de conciencia); 2) debe ser un acto individual (un grupo o una institución no puede declararse “objetor de conciencia”); 3) no debe buscar cambiar la opinión pública (no es una vía adecuada de acción política); 4) el marco jurídico debe permitir que exista el caso excepcional de personas que no acaten una ley por motivos de conciencia (si no se reconoce, entonces no es un objetor sino un desobediente civil; si se le conmina a cumplir con la ley y persiste en la negativa, se le castiga y entonces es un insumiso; por ello en el mundo antiguo no existió OC).

¿Cuáles son los límites de la OC? No puede aceptarse que la objeción se realice sin ningún tipo de restricciones. No existen derechos absolutos, todos los derechos admiten excepciones. Si el amable lector piensa en este momento en el derecho a la vida como un derecho absoluto, imagine que otro país nos invade. ¿Exigiría no atacar al ejército agresor argumentando que tienen derecho a la vida? Todos los derechos tienen excepciones. La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos no reconoce derechos absolutos; la Suprema Corte de Justicia lo ha ratificado en varias ocasiones (https://sjf.scjn.gob.mx/sjfsist/Documentos/Tesis/2003/2003975.pdf; http://sjf.scjn.gob.mx/sjfsist/Documentos/Tesis/160/160267.pdf).

A veces se intenta defender que la OC es un derecho humano. Sin embargo, la OC no se encuentra reconocida en ninguna declaración internacional de derechos humanos. Esto hace que la OC tenga que deducirse de otro derecho (el derecho a la libertad de conciencia, a la libertad de culto, etc.). El derecho fundamental de libertad de conciencia, en el sentir mayoritario de la doctrina, no necesariamente configura un derecho general de OC (https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/1/156/4.pdf).

¿Cuáles son los alcances de la OC? Si bien es una riqueza para una sociedad plural que se respeten las creencias de todas las personas, también es cierto que ese respeto no puede garantizarse si las creencias no son respetables. No es respetable creer que los varones son superiores a las mujeres, como no es respetable suponer la supremacía de un grupo étnico sobre otro. No es respetable que las creencias resten derechos a otras personas. Nadie tiene derecho a restar derecho a los demás. Ejemplos comunes están en el campo de la salud sexual y reproductiva: dar un anticonceptivo o no, interrumpir un embarazo o no, etc. Es respetable que un prestador de servicios no quiera participar en estos actos, pero no es respetable que como consecuencia de la OC las mujeres no reciban la atención requerida.

Por ello, para poder respetar al objetor, el Estado debe garantizar que exista personal que no haga OC con estas prácticas para garantizar los servicios de salud (cosa que ya de por si no se puede garantizar en México; el número de médicos por cada mil habitantes es de 3.2 en promedio para los países miembros de OCDE, pero México tiene 2.2 al 2012). Si no se puede garantizar esto, no puede ser respetable la objeción. No es respetable que el personal médico no proporcione métodos anticonceptivos a adolescentes, si se sabe que los datos científicos muestran que las mejores intervenciones para prevenir embarazos adolescentes son educación con acceso real a métodos anticonceptivos (http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/14651858.CD005215.pub3/abstract;jsessionid=81682B8AD4C0A723CFECAE705E40CEFE.f03t01?systemMessage=Wiley+Online+Library+will+be+unavailable+on+2nd+Dec+2017+starting+from+0800+EST+%2F+1300+GMT+%2F+21.00+SGT+for+2.5+hours+due+to+urgent+server+maintenance.+Apologies+for+the+inconvenience).

Finalmente, hay que recordar que la Ley General de Salud exige Comités Hospitalarios de Bioética. La Comisión Nacional de Bioética ha elaborado una guía para el funcionamiento de esos comités (http://www.conbioetica-mexico.salud.gob.mx/descargas/pdf/registrocomites/Guia_CHB_Final_Paginada_con_forros.pdf). Si estos comités existieran más allá del papel, y si existiendo funcionaran bien, y si funcionando bien se educaran en estos temas, serían un órgano colegiado que podría asesorar en temas de OC. La sugerencia está en el Anexo 8 de la Guía, que trata sobre OC.

 

*Profesor del Departamento de Atención a la Salud de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana y Miembro del Consejo de Bioética de la Ciudad de México

 

Ejemplos de la objeción de conciencia están en el campo de la salud sexual y reproductiva.

 

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