(Pre)campañas del 2018 - Isidro Pedraza | La Crónica de Hoy
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(Pre)campañas del 2018

Isidro Pedraza

A todos los lectores les deseo que este sea un buen año, con salud, desarrollo, y éxito en su vida personal y familiar.

Estamos ya en las (pre)campañas para el principal puesto en disputa: la presidencia de la República. Tres (pre)candidatos aprovechan los tiempos oficiales para sus campañas (internas según las reglas escritas).

El primero, el candidato perpetuo, continua una campaña iniciada hace más de doce años. Sigue siendo la misma campaña de vituperios, insultos, ocurrencias. La misma campaña frívola, insulsa, repetitiva y sin contenidos.

El candidato del otrora partido invencible arranca desde muy atrás, con un ritmo vacilante y poco atractivo, repitiendo fórmulas tecnocráticas, seguro de que hay que seguir haciendo lo mismo para tener mejores resultados (aunque según los científicos si haces lo mismo, solo puedes tener los mismos resultados, y en la experiencia de la historia reciente del país, hacer lo mismo ha conducido a resultados cada vez peores, hoy hay más pobres, porque el círculo vicioso de la pobreza ha alcanzado a millones de personas cada año, generando quizá el único crecimiento constante en la economía nacional: cada año crece el número de pobres, a pesar de campañas de imagen que dicen lo contrario.)

El tercer candidato ha llegado en medio de la crítica de muchos de sus compañeros de partido y a pesar de no ser el mejor ubicado en las encuestas. Para colocarse en el pódium ha adoptado una de las propuestas de sus aliados: la renta básica. O sea, se ha colocado en un carril populista, él, que viene del partido con mayor simpatía por el capitalismo y sus prohombres. Su propuesta parece ser una más de las promesas imposibles de cumplir, pero rentables electoralmente (o al menos así lo deben considerar sus asesores).

Uno quiere seguir como estamos, porque según sus cálculos tecno burocráticos, estamos en el mejor de los mundos posibles. Otro quiere volver al pasado, volver a la letra y espíritu de la constitución de 1917, sin entender que el pasado no es el mejor camino para construir el futuro. El tercero solo quiere ser presidente, para lo cual está dispuesto a prometer lo que sería imposible de cumplir: sueldo base a todos, algo que ni lo suecos tienen.

Así que llegamos a la (pre)campaña con tres opciones, ninguna de las cuales toca el fondo de los grandes problemas nacionales (para usar de nuevo la fórmula de Don Andrés Molina Enríquez). Hoy el mayor problema que enfrenta nuestro país es la desintegración social, el gran cisma en el cuerpo social que representa el crimen organizado, y la incapacidad del estado para contenerlo. Y los cismas sociales no se resuelven con programas de retorno a los días pasados, ni conteniendo los problemas a base de dadivas y parches institucionales, ni con programas “futuristas” ideales; los grandes problemas solo se resuelven dejando morir al pasado, para renacer, para crear algo nuevo.

Hay que enterrar al ya muerto nacionalismo revolucionario junto con su hijastro el neoliberalismo, e iniciar una nueva era, haciendo nacer al México del siglo XXI.

Pero tenemos que esperar. Esperar a que los cuerpos de inteligencia de los candidatos (si los tienen) elaboren los programas y los den a conocer. Lo que hasta hoy hemos visto son discusiones sin fondo, notas en las redes sociales, reportes de campañas sin contenidos, ocurrencias, banalidades. Quizá en los próximos días mejoren los contenidos y podamos conocer el pensamiento profundo de los (pre)candidatos.

En fin, reitero mi deseo de que este sea un buen año, y espero que los mexicanos tengamos la madurez para elegir al mejor el 1 de julio.


Senador de la República

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