Las trampas de la fe y Morena (4) - Carlos Matute González | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 05 de Enero, 2018
Las trampas de la fe y Morena (4) | La Crónica de Hoy

Las trampas de la fe y Morena (4)

Carlos Matute González

En el decálogo de compromisos de Morena, como en cualquier pensamiento hermético, las acciones se explican por los efectos —lo que se desea— no por las causas —lo que lo provoca—. Esto es atractivo, pero falaz. Por ejemplo, todos queremos mejores condiciones para los adultos mayores e igualdad de oportunidades para los jóvenes, nadie pretende lo contrario. La diferencia es que para quienes defienden un proyecto político basado en la fe, las explicaciones de los medios para conseguir lo prometido en campaña son innecesarias, incluso estorban y para los que consideran que el debate crítico es la forma de lograr racionalmente un objetivo, la propuesta sin fundamentos económicos o técnicos es absurda.

Los entrampados en la fe confunden o quieren que se confundan el pensamiento mágico, que crea paraísos en la imaginería social, con un futuro realizable. Los tiempos de las promesas son las campañas —nadie pierde por prometer— pero luego vendrán los del cumplimiento de estas promesas y es entonces cuando llegarán la desilusión y las excusas. La forma más socorrida para justificar por qué los paraísos prometidos no se convierten en realidad es culpar a un enemigo inventado: la mafia del poder, la prensa vendida, el imperialismo y otros fantasmas.

Sólo los creyentes a ultranza de lo que representa Morena pueden aceptar que el octavo compromiso es realizable. El aumento al doble de la pensión de los adultos mayores sólo es factible con más ahorro social de largo plazo, es decir, un incremento en las aportaciones a la seguridad social en tiempo —aumentar la edad de retiro— o en el monto. La pretensión de cargar esta promesa al presupuesto sin más impuestos ni deuda, es la vía rápida a la inflación y los presupuestos públicos deficitarios no financiados. “Vamos a vivir mejor gastando más, sin más trabajo y ahorro”. Suena paradisiaco, pero peligroso para el futuro y augura empobrecimiento en el mediano y largo plazo.

El compromiso noveno, que la educación superior también sea obligatoriamente gratuita, es reproducir un modelo fallido en el que un pequeño grupo recibe subsidios y la mayoría paga sin que haya un criterio objetivo de selección. En la Universidad de la Ciudad de México es un sorteo entre los aspirantes, por lo que jóvenes de similar condición social y nivel académico son tratados con desigualdad, ya que la oferta insuficiente de educación superior gratuita provoca que los rechazados en las universidades públicas tengan que pagar por su educación, mientras que otros reciben transferencias de los contribuyentes. Si tomamos en cuenta que la gratuidad costaría cerca de medio billón anual (10 por ciento del presupuesto), y sólo si se mantienen los bajos salarios del profesor universitario, quien es el que soporta la gratuidad al casi regalar su trabajo, entonces, la propuesta de precampaña es inviable.

La marcha atrás a la reforma educativa, que ha generado derechos a los maestros que han cumplido con la evaluación correspondiente, que son la mayoría, implica un retroceso a la designación por cuota sindical o favoritismo político. Extraña que Esteban Moctezuma se sume a un proyecto político que se opone a lo que él inició con Zedillo en los años noventa: la modernización educativa. Este compromiso es una concesión al movimiento magisterial radical, que afecta los derechos de los niños a obtener una educación de calidad.

El décimo compromiso es poner el mundo al revés. La desigualdad social no es causa de la delincuencia, sino que es uno de sus efectos. El delincuente mata, roba, secuestra y envenena, por lo que se ha enriquecido empobreciendo a los demás, quitando vidas, salud y propiedad con violencia y prepotencia. La amnistía sugerida simplemente es una ofensa para las víctimas y una forma de legalizar la desigualdad que provoca la delincuencia. Es un premio a los malandrines y una bofetada a las personas trabajadoras y honestas que perdieron a sus hijos, muertos o drogadictos, y propiedades por la delincuencia organizada. La pobreza no orilla a ser bandido, eso es una excusa del sociópata para justificar su comportamiento desviado. Además, el problema de inseguridad no se soluciona con la creación de una Secretaría, ni con la concentración del mando en un individuo, esas son propuestas propias de un pensamiento mágico que otorga a la burocracia una fuerza que no tiene.

El decálogo y el nombramiento del gabinete de Morena serían sólo unos buenos sainetes cómicos, pero lo preocupante es que estos disparates se formulan con la pretensión incuestionable de que es lo correcto para México y que un porcentaje importante del electorado los considera como parte de una “vía única” para salvar a la patria. Ésas son trampas de la fe del pensamiento cerrado. Demagogia, enojo colectivo por la incertidumbre que se vive en el mundo y un poco de estupidez social son los ingredientes que le abrieron el camino a la Presidencia a Chávez y Maduro, en Venezuela; y a Trump, en Estados Unidos. Esperemos que los mexicanos votemos más pensando en el futuro de nuestros hijos, que en el inmediatismo político y las promesas ilusorias.

Profesor del INAP

cmatutegonzalez@yahoo.com.mx

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