Cultura

“La situación en Irak aún es desastrosa, pero su arte y literatura no desiste”: Abdul Hadi Sadoun

Existe una revolución literaria y artística en Irak, “somos varias generaciones de literatos que escribimos porque tenemos libertad de expresión”, señala el escritor Abdul Hadi Sadoun

Abdul Hadi Sadoun es el principal promotor de autores latinoamericanos en Medio Oriente.

Existen cerca de 4 millones de iraquíes exiliados en el mundo y gran parte de ellos son intelectuales, poetas y artistas; además hoy en Irak circulan 60 revistas culturales y existe la libertad de crear producciones cinematográficas después de que durante los 24 años de dictadura de Sadam Husein sólo existió un sello editorial, cuatro periódicos y la negación a crear cine. Esos son algunos datos que comenta en entrevista el escritor Abdul Hadi Sadoun (Bagdad, 1968).

Durante su visita a México, el también editor y el principal promotor de autores latinoamericanos en Medio Oriente, señala que en Irak la situación política aún es catastrófica, no obstante, los literatos árabes no han desistido a su espíritu: ser lectores natos.

“Hemos tenido gobiernos que nos han metido en más de una guerra civil. Sí hay una situación social mala pero, como sabemos, cuando en el mundo hay revoluciones y caos, siempre los literatos aprovechan para escribir sobre esos temas. Hoy tenemos una revolución literaria y artística en Irak, somos varias generaciones de poetas, novelistas y cuentistas que escribimos porque tenemos libertad de expresión y escribimos de muchos tabúes: religión, sexo, etnias”, indica.

Abdul Hadi Sadoun actualmente radica en España y es uno de los pocos escritores árabes traducidos al español, algunas de estas obras son: El coloquio de los perros, Memorias de un perro iraquí y La maldición de Gilgamesh.

“Hay más de 4 millones de iraquíes exiliados, gran parte de ellos son intelectuales, poetas y artistas, ellos escriben no sólo en árabe también en la otra lengua del país de acogida y participan en varios encuentros literarios de Europa”, precisa.

—¿Cuál es la situación de la producción de libros?

—En el tiempo de la dictadura, de 1979 a 2003, teníamos cuatro periódicos oficiales y una editorial del gobierno, entonces para publicar tenías que pasar por la censura, era muy complicado expresarte. Después de la caída, en 2003, floreció la apertura del país en el ámbito cultural: tenemos más de 60 revistas culturales, un sinnúmero de periódicos, varias televisoras y empezamos a hacer cine y a producir series.

“Entonces la publicación con editoriales hoy es enorme, se ha duplicado el 60 por ciento de la producción que hacíamos antes de la caída de Husein, han surgido nuevos sellos. Por eso digo que en el concepto cultural, Irak no tiene problemas tan graves”.

—¿Cómo se encuentran las bibliotecas?

—Después de la invasión estadunidense se perjudicó la infraestructura del país y una de las más afectadas fue la cultural. Las bibliotecas han sufrido bastante, recordemos los daños a la Biblioteca de Basora, a la de Mosul y algunas de la capital iraquí, pero hubo más de una campaña para recuperar el legado dañado y hoy encuentras las mismas bibliotecas reconstruyéndose.

Eso, añade, se relaciona con el espíritu del ser iraquí reconocido en el mundo árabe: son lectores natos. “Consideramos esto algo muy importante en el espíritu pero con un gobierno inestable, todos sufren y en primer lugar, la cultura. La imagen televisiva que se tiene de Irak desgraciadamente es de terrorismo, pero cualquiera que viaje encontrará una realidad cultural sorprendente”.

DOLOR. Sobre el trabajo de los traductores, Abdul Hadi Sadoun destaca que Bagdad desde el siglo IX d.C. fue reconocido por sus casas de traducción, labor que se mantuvo durante la dictadura.

“No tenemos un movimiento de traducción tan grande como en otros países, comparado con las naciones europeas todavía no llegamos al cinco por ciento de lo que se traduce. Les sorprendería mucho ir a Irak o cualquier país árabe y encontrar la enorme de lista de literatura mexicana. Trabajamos en circunstancias difíciles y somos traductores valientes porque prácticamente son proyectos personales, las traducciones las hacemos por el placer de conocer otras culturas y llevarlas a nuestros lectores”.

Por ejemplo, añade, en Irak se venden la obra de Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Jorge Volpi y Gabriel García Márquez, “no obstante, en Latinoamérica la presencia de autores árabes es muy floja”.

—¿Por qué estudió español?

—Quería estudiar otra cosa pero en el tiempo de la dictadura existía una norma: según tus notas, el gobierno te indicaba qué estudio debías tomar y tenías que aceptarlo porque no había otra manera de estudiar. A mí me indicaron literatura y lengua española, lo estudié y leí mucho a García Márquez, Federico García Lorca y Carlos Fuentes en árabe, ellos fueron mis ídolos. Terminé la licenciatura en Irak, después salí a España a hacer el doctorado… es decir, me alegra la forma equivocada en que el gobierno decidió mi futuro.

Hasta el año 2003, el gobierno vigilaba a cualquier persona iraquí fuera o dentro de Irak, por eso cuando Hadi Sadoun llegó a España pensó que la mejor forma de escribir era hacerlo con sinceridad. “De repente sientes la libertad y como escritor piensas que es nuestro turno de escribir todo lo que sucede en Irak pero de manera literaria”.

Abdul en sus libros, escribe sobre el destierro, la muerte y la guerra, pero con un toque de ironía para no caer en el cliché de la tristeza. “Hablo de la muerte pero con la esperanza de que ocurrirá algo, yo creo que toda mi generación tenemos en mente el tema de la vida y muerte muy fuerte”.

—¿No le gusta vivir en el recuerdo?

—Es la inteligencia humana la que convierte cualquier dolor en pieza literaria o cultural. Todos tenemos dolores, en nuestro caso es más visible porque el dolor sigue, no tiene fin, se acabó la dictadura pero tenemos otros problemas de Estado fallido, de una inexistente potencia nacional. El dolor continúa porque no encontramos soluciones en nuestro país, pero como escritor tienes el compromiso con tu palabra, no puedes cerrar los ojos a la violencia. Yo opté por hacer obra que habla de política y no obra política.

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