Mundo

Papa Francisco insta a abandonar la retórica del miedo contra los migrantes

El Papa urgió a los gobiernos a un “compromiso concreto” hacia los migrantes, así como a una “gestión responsable” de las “complejas situaciones” que ellos presentan.

Foto: EFE

El Papa Francisco instó hoy a abandonar una “extendida retórica” que se usa “sólo para suscitar miedos ancestrales” contra los migrantes y pidió no olvidar que ellos son, sobre todo, personas.

“Aun reconociendo que no todos están siempre animados por buenas intenciones, no se puede olvidar que la mayor parte de los emigrantes preferiría estar en su propia tierra, mientras que se encuentran obligados a dejarla a causa de la discriminación, la persecución, la pobreza y la degradación ambiental”, advirtió.

En su discurso de inicio de año dirigido a los embajadores del mundo acreditados ante el Vaticano, en la Sala Regia del Palacio Apostólico, el Papa urgió a los gobiernos a un “compromiso concreto” hacia los migrantes, así como a una “gestión responsable” de las “complejas situaciones” que ellos presentan.

Al mismo tiempo, llamó a los políticos a ejercer la virtud de la prudencia y responder a las responsabilidades que tienen con sus propias comunidades, a las cuales deben garantizar el desarrollo armónico y no quedar como un “constructor necio que hizo mal sus cálculos”.

Apoyó los esfuerzos impulsados en el seno de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para el establecimiento de dos Pactos Mundiales (Global Compacts), sobre los refugiados y por una migración segura, ordenada y regulada, respectivamente.

“La Santa Sede espera que estos esfuerzos, con las negociaciones que pronto comenzarán, darán unos resultados que sean dignos de una comunidad mundial cada vez más interdependiente, fundada en los principios de la solidaridad y la ayuda mutua”, precisó.

Al recordar el centenario del fin de la Primera Guerra Mundial, Jorge Mario Bergoglio constató que ese conflicto dejó varias lecciones, entre ellas que “ganar no significa nunca humillar al rival derrotado”.

Aclaró que la paz no se construye afirmando el poder del vencedor sobre el vencido y que las futuras agresiones no se disuaden con la ley del temor, sino con la fuerza de la serena sensatez que estimula el diálogo y la comprensión mutua para sanar las diferencias.

Más adelante, evocando los 70 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, advirtió que el desprecio y desconocimiento de la dignidad de las personas conducen a actos de barbarie que ofenden la conciencia de la humanidad.

Constató una “multiplicación de nuevos derechos (humanos)” en los últimos años, algunos de los cuales –insistió- no pocas veces “están en contraposición entre ellos” y provocan “formas modernas de colonización ideológica” de los “más fuertes y ricos” contra “los más pobres y los más débiles”.

“Duele constatar cómo muchos derechos fundamentales están siendo todavía hoy pisoteados. El primero entre todos es el derecho a la vida, a la libertad y a la inviolabilidad de toda persona humana”, lamentó.

“No son menoscabados sólo por la guerra o la violencia. En nuestro tiempo, hay formas más sutiles: pienso sobre todo en los niños inocentes, descartados antes de nacer; no deseados, a veces sólo porque están enfermos o con malformaciones o por el egoísmo de los adultos”, abundó.

Denunció el descarte de los ancianos, considerados a menudo como un peso; de las mujeres, que sufren violencia y vejaciones en el seno de sus propias familias; las víctimas de trata de personas, que son objeto de este “comercio perpetrado por sujetos sin escrúpulos”.

Lamentó que los esfuerzos de la comunidad internacional, la acción humanitaria de las organizaciones sociales y las incesantes peticiones de paz que provienen de las tierras ensangrentadas por los combates parecen ser “cada vez menos eficaces ante la lógica aberrante de la guerra”.

Reiteró que para la Santa Sede las eventuales diferencias surgidas entre los pueblos no deben resolverse con las armas sino mediante las negociaciones; por ello precisó que la proliferación de armamento agrava los conflictos además de suponer grandes costos materiales y de vidas humanas.

Según el Papa, la promoción de la cultura de la paz para un desarrollo integral requiere esfuerzos perseverantes hacia el desarme y la reducción del uso de la fuerza armada en la gestión de los asuntos internacionales.

Por eso invitó a todos a un debate sereno y lo más amplio posible sobre el tema, que evite la polarización de la comunidad internacional sobre una cuestión tan delicada y sostuvo que cualquier esfuerzo en esta dirección, aun cuando sea modesto, representa un logro importante para la humanidad.

ijsm

Imprimir