La transformación del Centro Histórico a través de la prosa de Guillermo Prieto | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 12 de Enero, 2018

La transformación del Centro Histórico a través de la prosa de Guillermo Prieto

Bicentenario. El 10 de febrero se cumplen 200 años del nacimiento del poeta y ésta es la entrega inicial acerca de diversos temas sobre los que escribió. En esta primera hay extractos de las 15 crónicas que realizó sobre los cambios en el primer cuadro y que fueron rescatadas por la investigadora de la UNAM, Lilia Vieyra Sánchez

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Primera parte

Guillermo Prieto (Ciudad de México, 1818-1897) fue testigo de cómo el mercado que se extendía por toda la plancha del Zócalo capitalino fue destruido, llegó a ver la mano cercenada de un ladrón como decoración del ex Convento de La Merced y conoció la Plaza del Volador en lo que hoy es la Suprema Corte de Justicia de la Nación. 

El poeta mexicano de quien el próximo 10 de febrero se celebrará el bicentenario de nacimiento, plasmó esos cambios en 15 crónicas escritas con el pseudónimo de Fidel en 1879 para la Edición Literaria de La Corona Española, las cuales fueron recientemente halladas por la investigadora Lilia Vieyra Sánchez, del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Crónica retoma los recorridos hechos por Prieto en esos relatos de costumbres semanales y presenta a los lectores en cinco entregas: el México literario del finales del siglo XIX,  los artistas que admiró el escritor mexicano, la gastronomía nacional e iniciamos con la descripción del Centro Histórico de la Ciudad de México (CDMX) que vivió el autor de La musa callejera.

EL MERCADO. Antes, el Zócalo de la CDMX no era un espacio abierto, desde el siglo XVIII existió una gran construcción: un mercado, uno de los más importantes de la ciudad y en donde la gente conseguía comida, trabajos de herrería e incluso, ropa importada de China.

“Ese gran edificio se llamaba el Parián y en él estaba concentrado lo más rico del comercio de la ciudad. En 1843 se demolió el edificio. El sitio en que estuvo el Parián se designó para elevar un monumento a nuestra Independencia; éste es el origen del Zócalo”, escribió Prieto en el Cuchicheo Semanario, espacio de la Edición Literaria titulado así por el también dramaturgo y en donde publicó crónicas con los datos semanales más relevantes.

Por ejemplo, en la crónica del 12 de enero de 1879, escribió que le gustaba ver los nacimientos durante diciembre y enero, específicamente, los que se colocaban en la Primera Casa Moneda, es decir, en la actual calle Moneda 13 y en donde hoy se ubica el Museo Nacional de las Culturas.

Ahí hace dos siglos Guillermo Prieto visitaba los “grandes nacimientos del señor licenciado Bernardo González Angulo”, cuya casa en 1847 fue arrendada a particulares por 10 años para después ser sede del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía.

LOS PORTALES. En el siglo XIX, alrededor del Zócalo existieron portales, o bien, construcciones con arcos dedicados a la venta de todo tipo de productos: flores, cristalería, ropa usada, antigüedades, libros y comida instantánea o simplemente aperitivos para espantar el hambre como: tacos y ramitas de apio.

“Aun lo confieso, me llenaba de vanidad nuestra imponente catedral al norte, al sur el Portal de las Flores y la Diputación, y al occidente el animado Portal de Mercaderes”, escribió Prieto en la crónica La gringuita Netty II, en donde narra el recorrido por el Centro Histórico que le ofreció a una amiga estadunidense.

En ese texto, Prieto menciona tres espacios que hoy ya no existen: Plaza del Volador, Portal de las Flores y Portal de Mercaderes.

Sobre la Plaza del Volador, hoy la Suprema Corte de Justicia de la Nación (calle Pino Suárez, número 2), el escritor le explica a Netty que en 1879 se trasladaron ahí –a un costado de la calle Meleros, actualmente Corregidora– los puestos de vendimias; no obstante, recibió ese nombre porque “se hacía la fiesta religiosa del juego del Volador. La gente compraba ahí cosas usadas como ropa, libros y antigüedades”.

Del Portal de las Flores, en lo que hoy sería la cuadra formada por las calles José María Pino Suárez y 20 noviembre, detalla que como su nombre lo indica, se vendían plantas y diversas verduras y frutas. Este portal desapareció en 1938.

El tercer conjunto de arcos que menciona Prieto, es el Portal de Mercaderes, construido en 1524, que corría de la actual calle 16 de septiembre hasta Madero (antes llamada Plateros) y abarcaba parte de Palma. Ahí se juntaba el Portal de los Agustinos, en lo que hoy es el Gran Hotel de la Ciudad de México, en esa zona se vendían los productos más codiciados por los citadinos: cristalería, café y cigarros.

LA MANITA. “En 1862 se comenzó a derribar el templo quedando el sitio destinado para mercado. Ahora como usted ha visto es un conjunto uniforme de cajones y chozas de madera, puestos de vendedores de verduras, carnes, semillas, loza, que presenta aspecto repugnante”, así describió Guillermo Prieto la desaparición del Templo de La Merced para dar pie a lo que hoy es el ex convento de La Merced.

En ese recinto, ubicado en República de Uruguay 170, el autor le narra a la gringuita Netty que durante mucho tiempo fue expuesta la mano de un ladrón:  “Un ladrón llamado Salinas, penetró al templo, y se robó varios vasos sagrados y una custodia; aprehendido y juzgado como ladrón “sacrílego”, fue condenado a muerte y a que le cortaran la mano derecha; ejecutada la sentencia, la mano se clavó en la contraesquina de la iglesia, y allí permaneció con espanto de vecinos y transeúntes hasta que la destruyó el tiempo”, escribió.

La esquina era conocida como la esquina de la Mano, pero después, añadió Prieto, “se puso allí una tienda con el nombre de La Manita, diminutivo que no cuadra al recuerdo lúgubre que he evocado”.

➣ Ésta es la primera de cinco partes que se publicarán cada sábado hasta el 10 de febrero, día del bicentenario  de Guillermo Prieto.

 

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