Cultura

Librerías de viejo, portales al pasado de las ciudades, dice Bernardo Esquinca

Entrevista. El escritor habla de su reciente novela, Inframundo, la cuarta entrega sobre el detective Casasola , quien debe resolver el secuestro de una exteibolera, lidiar con un grupo de bibliómanos y convivir con los muertos vivientes

En Inframundo existen personas que no sólo poseen libros sino que los libros las poseen, señala Bernardo Esquinca.

Las librerías de viejo, para el escritor Bernardo Esquinca (Guadalajara, 1972), son portales al pasado de las ciudades, idea que llevó al extremo en Inframundo, la cuarta saga de ­Casasola, un experiodista que en esta ocasión debe solucionar el secuestro de la exteibolera Dafne, lidiar con un grupo de bibliómanos que buscan el libro del Blas Botello —el astrólogo de Hernán Cortés—, y resolver el hundimiento de la Ciudad de México a través de la convivencia con los encarnados o muertos vivientes.

“Parte del universo de mis obsesiones son las librerías de viejo de la Ciudad de México, me parecen que son, literal, portales al pasado de la ciudad y quise llevar esta obsesión a toda una novela en donde Casasola descubre que la librería Inframundo —la cual sí existe y se ubica en la calle Donceles—, lo lleva a una fecha específica del siglo XVIII”, señala en entrevista.

Eso le permitió al escritor mexicano jugar con tiempos paralelos y mezclar otra obsesión: la Ciudad de México en el tiempo actual y en el pasado. “Aquí vemos varias líneas narrativas que recorren distintas épocas de la capital y Casasola se puede mover en ellas por ese portal”.

—¿Por qué regresar al año 1768?

—Quería que parte de la novela se desarrollara en el siglo XVIII porque es una época activa de la Inquisición en México, pero sobre todo, es una época de la cual aún hay muchos vestigios como el propio Palacio de la Inquisición. Eso me permitió ubicarme y moverme mejor porque hay muchas cosas muy reconocibles en la ciudad actual.

“Pero también porque justo en ese tiempo hubo un terremoto que causó mucha destrucción que, junto con el sismo de 1985, juegan un papel importante en la trama porque afectan los viajes de Casasola. Leyendo la historia de la Inquisición, como preparación para la hechura de este libro, vi que se mencionaba el terremoto de 1768 y eso me daba un punto de entrada”.

En la novela, Esquinca también retrata la historia de la esquina maldita del Centro Histórico de la CDMX: el cruce de Guatemala y Argentina, en donde hoy se ubica la zona arqueológica Templo Mayor.

“Ahí vivieron los Hermanos Ávila, quienes fueron hijos de conquistadores que conspiraron contra el gobierno de la Colonia, por eso los mataron y derruyeron sus casas. Luego ahí se alzó la casa de Melchor Pérez de Soto, quien también muere en trágicas circunstancias: fue maestro de obras de la Catedral Metropolitana y un erudito que tenía libros prohibidos de astrología, entonces lo llevaron a las cárceles secretas en donde murió”, explica.

En esa esquina, continúa el escritor, se erigió la antigua librería Robredo, un clásico del siglo XX de libros antiguos y raros, destruida tras el hallazgo de la Coyolxauhqui, pues el gobierno decidió iniciar la recuperación del pasado prehispánico.  

POSESIONES. Otra idea que maneja Bernardo Esquinca en Inframundo, editado por Almadía, es que existen personas que no sólo poseen libros sino que los libros las poseen, es el caso del personaje Max Siniestra, un bibliómano de libros antiguos obsesionado con el libro de adivinanzas de Blas Botello (el astrologo de Hernán Cortés) que perdió durante el episodio de la Noche Triste y que tiene el poder de poseer a sus dueños e incitarlos a cometer crímenes.

“La cofradía México viejo, es un nombre que usé en honor al libro de Luis González Obregón, el gran historiador de las calles y leyendas de México, pero es una hermandad de bibliómanos, de los libros viejos y malditos, que entran en una guerra por el libro de Blas Botello. Todos son muy viejos excepto uno que está haciendo la revolución: Max Siniestra, el gran villano de la novela”, comenta.

—¿Qué hay del otro villano: Leandro?

—Es un librero que ha heredado la librería Inframundo y es un pervertido, un acosador de mujeres, tema lamentablemente muy en boga en el país. Además, es un tipo traumado porque es feo, grotesco, desagradable y siempre ha recibido el rechazo, las burlas. Es un psicópata y su víctima es Dafne.

Como en todas las sagas Casasola se mete en líos por salvar a mujeres, en esta ocasión está enamorado de una exbailarina de table dance: Dafne. “Pero ahora trabaja en servicios escort y ya va dejar esa vida para tener su historia de amor con Casasola”.

Retomando el tema de las cofradías, Esquinca detalla que las otras dos que aparecen en su libro: el Consejo de Periodistas de Nota Roja Muertos y la Hermandad del Abismo, tienen una participación importante en la narración.

“Los periodistas de nota roja muertos que se le aparecen a Casasola en sueños y que le van dando pistas para resolver los misterios que investiga, en esta novela llegan a su fin. En cuanto a la Hermandad del Abismo, refleja otra de mis obsesiones: los indigentes de la Ciudad de México, que ahora los convierto en un grupo de espías que trafican información a cambio de algo que para ellos es importante, pero para la mayoría no, por ejemplo, un rastrillo para rasurarse”, detalla.

—¿Inframundo es una novela de las tragedias citadinas?

—La gran tragedia de la Ciudad de México es que vive las destrucciones causadas por la naturaleza y también por la mano del propio hombre, y pese a eso sobrevive. Hago reflexiones sobre El Caballito lastimado con ácido, porque Casasola trabaja desde el Museo Nacional de Arte y porque el presente de la novela está fechado en 2016, entonces tuve la intención de escribir sobre qué estamos haciendo con nuestro patrimonio.

Otra destrucción que narra el autor es el hundimiento de la capital llevado a un punto fantasioso: están encarnando los muertos y eso causa un sobrepeso que va hundiendo la ciudad hacia el inframundo, “porque para mí la ciudad es una ciudad de los muertos (encarnados) y los vivos”.

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