Ciudad

Murió junto a su bolsa de dulces

Dylan fue atropellado en Circuito Interior, el conductor lo embistió, arrolló y no se detuvo. Tras una publicación de Crónica, el DIF creó un protocolo de actuación para niños que trabajan en la calle; sin embargo, no alcanzó a esta familia

Después de dejar la comida lista y a sus hijos arreglados, María Luisa Blancas viajaba por dos horas desde Chimalhuacán hasta la Avenida Paseo de la Reforma para vender dulces en algunos de los semáforos que hay en la capital.

Sin embargo, el pasado viernes 5 de enero María Luisa tuvo que llevar con ella a sus hijos; no tenía quien los cuidará y aún no habían regresado a clases.

Ésta no era la primera vez, pero sí la última, que viajaba desde su casa con su hija en brazos y con Dylan de 11 años, que le ayudaba a obtener los recursos del día.

Después de un día de trabajo y a punto de regresar a casa, María Luisa dejó unos minutos a Dylan vendiendo en el semáforo que está en la esquina de Circuito Interior y Río Misissippi; instantes después su vida dio un giro de 360 grados. Los gritos ensordecedores eran lo único que se escuchaba en la calle, al acercarse vio a Dylan, su hijo, tendido en el asfalto. Lo atropellaron. Perdió la vida instantáneamente.

“Vi a mi hijo tirado junto a su bolsa de dulces”, dijo llorando la mujer.

Y agregó, “Me enseñaron los videos de la calle y a Dylan se le cayó una bolsa de dulces antes de subirse a la banqueta, cuando se agachó el carro arrancó y aunque el auto se detuvo por el cuerpo, el conductor aceleró para pasar las llantas sobre él”, platicó la mujer.

Sus compañeros de esquina le dijeron que, al parecer, el asesino de su hijo conducía en estado de ebriedad.

El hombre no dudó. En cuanto el semáforo se puso en verde, aceleró su coche a pesar de que Dylan estaba frente a él recogiendo los dulces que segundos antes se le habían caído.

La muerte de Dylan, considera su madre, pasó desapercibida para las autoridades capitalinas; en menos de una semana el hombre que lo atropelló quedó en libertad tras pagar una fianza.

SIEMPRE LO MISMO. En la Ciudad de México decenas de menores de edad salen a las calles a ganarse la vida para apoyar a sus padres; en otros casos, son obligados a trabajar. Pero la historia de Dylan tuvo un final mortal. 

Crónica publicó el caso de niños que eran obligados a vender dulces en calles de las colonias Juárez, Roma, Cuauhtémoc y Chapultepec. Los menores ponían en riesgo su integridad, pues caminaban cargando una carretilla a cuestas sorteando vehículos, además de que se violentaban sus derechos.

Por ello, el DIF capitalino prometió aplicar un protocolo para sacarlos de las calles; no obstante, del caso de Dylan no sabían nada.

La dependencia a cargo de Gamaliel Martínez aseguró, hace más de seis meses, que se reforzaría el programa que permite a los pequeños permanecer en estancias del gobierno capitalino mientras sus padres trabajan en la calle.

En mayo del año pasado, esta casa editorial dio a conocer que la Secretaría de Desarrollo Social cuenta con un programa en que brigadas de esta dependencia adoptan, por un rato, a niños que trabajan con sus padres a fin de darles una mejor calidad de vida.

Pero al parecer, ninguno de los dos funciona, pues casos como el de Dylan se siguen repitiendo.

SIN VIDA. Dylan Yosua Ibarra de 11 años tenía tres hermanos. Su mejor compañero de juegos, contó su madre, era José Armando el mayor de los cuatro de 12 años; Cristian Giovanni de 5 y una hermana de apenas un año y medio, quien no ha sido registrada por la falta de tiempo de su madre.

En época de vacaciones todos los niños acompañaban a María Luisa a trabajar y ellos mismos ayudaban en las labores de venta entre las calles de Polanco para recaudar más dinero del que sólo su madre obtendría en un día.

La mujer es madre soltera, apenas tiene 29 años y la responsabilidad de alimentar cuatro bocas. De acuerdo con María Luisa, los tres varones iban a la escuela, el más pequeño, Cristian, iba al kínder durante las mañanas y ella dejaba las cosas listas para que José Armando y Dylan se fueran a la escuela juntos en la tarde.

“Yo dejaba todo listo y con mi bebé en brazos me iba a trabajar, por la tarde mi mamá recogía a Cristian y me ayudaba a cuidarlo pues no era tanto porque sólo tenía que cuidarlo a él y yo llegaba a mi casa ya hasta en la noche para verlos”, recordó.

INVESTIGACIÓN. La Procuraduría capitalina inició una carpeta de investigación para esclarecer los hechos sucedidos en torno a la muerte del menor de 11 años.

El miércoles por la tarde recibió una llamada. La noticia fue dolorosa, pues, el hombre que le quitó la vida a Dylan quedó en libertad.

“Me marcaron para decirme que el hombre salió en libertad después de pagar la fianza, a pesar de que yo pedí que le hicieran los estudios toxicológicos para saber si iba bajos los efectos de alcohol o alguna droga pero nunca me hicieron caso y no les importaba mi opinión”, contó María Luisa.

La mujer tuvo que detenerse un momento, recordar cómo murió su hijo, hizo que se le cortará la voz y rompiera en llanto.

“Fue muy raro porque en el video no se ve que el conductor fuera rápido, pero se ve que Dylan estaba por subirse a la banqueta, se le cayó algo y en ese momento pasó el carro. Es obvio que el hombre lo vio y que estaba consciente de que mi hijo estaba ahí”.

Dice, se siente desilusionada de las autoridades, pues la causa de la liberación del conductor que atropelló a Dylan es que “tiene palancas pues es gerente de un banco”.

Tragedia

Aplicación fallida

A través de las cámaras de vigilancia operado por el Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano (C5), del gobierno capitalino personal del DIF, era notificado cuando se detectaran a menores vendiendo productos en la calle.

El protocolo que se encontraba a prueba, logró detectar en sus primeros dos meses de operación alrededor de 144 puntos rojos en donde existen niñas, niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad.

El protocolo actúa con visitas en tiempo real a los puntos en donde son detectados los menores y reciben la asesoría del Sistema Integral de la Familia.

Programa SEDESO:

Menores que habitualmente esperaban a sus padres al lado de la calle ya tienen un lugar seguro.

Los niños son llevados al Centro de Asistencia de Integración Social, donde les dan de comer y enseñan a leer y escribir.

El gobierno capitalino habilitó un albergue para los hijos de los trabajadores de la calle.

En éste se brinda comida y educación a los menores, mientras que sus padres limpian parabrisas o venden algo sobre las vialidades.

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