2018 y la reinvención de los candidatos - Wilfrido Perea Curiel | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 16 de Enero, 2018
2018 y la reinvención de los candidatos | La Crónica de Hoy

2018 y la reinvención de los candidatos

Wilfrido Perea Curiel

2018 está llamado a ser un año embarazoso en las esferas política, económica y social. Hay muchas tensiones acumuladas, algunas de ellas ya incontenibles, la manera como éstas se encaren, perfilarán, en buena medida, el México de los próximos lustros. Hay mucho en juego sobre la mesa. Persisten muchas expectativas insatisfechas, hay diversos entuertos por resolver, una fuerte molestia social por encausar y un marco general de actuación que luce agotado y sin correspondencia con la compleja coyuntura imperante.

El clamor popular es que las cosas no pueden seguir igual, es decir, el proceso electoral está muy cargado, se demanda a los contendientes, plantear un parteaguas, un antes y un después. Hay hambre de cambio. Lo deseable es que el país, producto de la sucesión presidencial, adopte una nueva ruta, pero también, que dicho redireccionamiento no implique un salto al vacío, sino que, aparejadamente, brinde certezas a la ciudadanía. Adoptar un nuevo rumbo, pero con claridad de destino, ahí parece decantarse el anhelo del votante promedio, ahí parece emerger el dilema a solventar por los candidatos en la elección 2018.

Varios analistas se refieren al llamado “voto antisistema”, señalan que hay toda una tendencia global que, de alguna manera, permeará al electorado nacional. Puede ser, sin embargo, para el caso mexicano operan ciertas particularidades que convendría tomar en cuenta. Para pronto, todos los candidatos en campaña, al menos los abanderados de las principales fuerzas contendientes, no pueden cabalmente asumir una posición antisistema, sencillamente, porque todos ellos son producto del sistema. Efectivamente, todos ellos se han visto privilegiados de las mieles del poder, ocupando encumbrados espacios, tanto de gobierno, como de la partidocracia. Todos ellos tienen trayectorias, algunos con carreras más largas que otros, dentro de la llamada clase política. Incluso aquellos que hoy se presentan como independientes, han tenido militancia partidista, en ciertos casos, transitando por varios institutos.

Lo anterior limita a los candidatos a presentarse como factores de cambio, ninguno es garantía de ello. En este sentido, quizá López Obrador es quien se sitúa en el espacio más cómodo para capitalizar el discurso anti sistémico. Lo que el tabasqueño expone como la mafia del poder o el PRIAN, es una figura cercana a tal concepto, no obstante, en estricto sentido, él mismo ha sido un privilegiado miembro del sistema, la partidocracia o la clase política.

La oferta política de los aspirantes genera mucha confusión, mete mucho ruido al votante promedio que el PAN corra aliado con el PRD; que Morena vaya con el PES y el PRI haga mancuerna con el partido que fundara Elba Esther Gordillo, justo cuando al inicio del actual gobierno se presentara a la maestra chiapaneca en calidad de la raíz de todos los males. Además, observando en detalle, sus propuestas están sobrepuestas, en realidad son similares, son más producto de los resultados de los focus group de los asesores, que del apego programático o la coherencia ideológica. Las plataformas políticas, en general, caen en el lugar común y lucen alejadas de lo que históricamente han defendido los partidos.

Decidido compromiso con el cambio y claridad de ruta, parecieran ser los componentes del discurso político que al electorado mexicano le gustaría escuchar. Ahora bien, el dilema radica en la claridad y credibilidad con la cual cada aspirante pueda construir su oferta, a partir de su propio pasado político. Los candidatos son ellos y su circunstancia, luce complicado disociar lo que ha sido su andar, con respecto a sus actuales campañas. Siempre habrá una foto incomoda, un abrazo para el olvido, un ex colaborador indeseable, un contrato cuestionable, una política pública polémica, un posicionamiento desafortunado. Aquel aspirante que logre convencer que será capaz de reinventarse para impulsar una transformación de fondo, pero con objetivos claros, contará con mayores posibilidades de penetrar en el ánimo del electorado, más allá de su voto duro. Para todos los candidatos luce complicada la articulación de tales elementos y sobre todo que tal oferta adquiera credibilidad.

pereawilfrido@me.com

 

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