Electorado competente

Sergio González

La semana pasada alegué que, ya inmersos como lo estamos en el proceso electoral 2018, hay que exigirnos el cumplimiento de nuestro derecho a ser y tener un electorado competente y comenté algunos ejemplos recientes de electorados calificados como incompententes de otros países.

Estamos ante una nueva categoría analítica que no hay que desestimar por su trascendencia política y sus expresiones institucionales. Me parece que se trata de una innovación casi casi del tamaño de aquella que creó las denominadas elecciones “íntegras”.

El alegato fundamental de este tipo de competencia electoral lo he extraído de una obra novedosa y fundamental que ya he citado en estas páginas: Contra la Democracia, de Jason Brennan, aunque el autor habla principalmente de gobierno competente en el capítulo sexto.

Afirma que debe presumirse como inherentemente injusto violar derechos humanos o lesionar significativamente los proyectos de vida de los gobernados como resultado de decisiones tomadas por un cuerpo deliberativo incompetente, o como resultado de decisiones tomadas con incompetencia o mala fe. En sentido contrario, alega que existe un principio de competencia, que se funda en esta premisa: solo se podrían presumir como políticamente legítimas aquellas decisiones adoptadas por cuerpos deliberativos competentes y tomadas de una manera competente y de buena fe.

Dice Brennan que si lo que prevalece es la incompetencia y/o la mala fe en la toma de decisiones, deberíamos reemplazar ese método o esos dirigentes incompententes por un método y/o élites gobernantes competentes.

El autor avanza sobre su propuesta comparando, si bien oblicuamente, un jurado formado por ciudadanos, como lo establece el sistema judicial de su país, con el cuerpo electoral, diciendo que, al resolver asuntos de tan elevada importancia, ninguno de ellos puede permitirse ser ignorante, irracional ni incapaz y que si cuenta con alguna de estas debilidades, no debería tener derecho a ejercer su poder de resolución.

Desdobla al electorado incompetente en cuando menos tres elementos. En primer lugar, dice que un electorado ignorante es aquel en el que a la mayoría de sus componentes no le importan los detalles de la contienda electoral ni los asuntos que se debaten de cara a la elección. En segundo lugar, que en un electorado irracional, en cambio, a la mayoría le interesa la contienda y los temas pero no votarán con base en la evidencia sino con soporte en sus propios sesgos o deseos. Finalmente, en tercer lugar, que un electorado incapaz atiende la elección pero no puede comprender los temas y asuntos a debate, aunque de todos modos deciden participar sin calcular adecuadamente los efectos de su decisión.

El tema da para más, como cuando el autor compara las características de un electorado competente con las habilidades o virtudes mínimas que un médico debe tener para ser considerado apto para tomar decisiones delicadas en el quirófano, pero por razones de espacio no abordaré eso en esta entrega. Nos leemos la semana siguiente.

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@El_Consultor_

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