“La vida no termina aquí, es sólo un juego de futbol”: Andrés Escobar | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Miércoles 17 de Enero, 2018

“La vida no termina aquí, es sólo un juego de futbol”: Andrés Escobar

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Los cables de las agencias noticiosas internacionales señalan llanamente que “Las autoridades colombianas capturaron hoy (ayer) a Juan Santiago Gallón Henao, presunto narcotraficante vinculado al asesinato en 1994 del futbolista Andrés Escobar y quien es solicitado en extradición en una corte de Nueva York”.

Pocas palabras para señalar el cruel y despiadado asesinato del capitán de la Selección de Colombia que participó en la Copa del Mundo en Estados Unidos en 1994, abatido de seis balazos en la espalda… La historia es mucho más que sólo eso.

El 2 de julio de 1994 quedó marcado en la memoria de los aficionados al futbol, un 2 de julio como aquel de hace 3 años en Brasil, cuando la selección cafetalera enfrentó y a punto estuvo de eliminar al Scratch Du Oro en la cancha del Estadio de Fortaleza, donde apenas unos días antes había sido eliminada la Selección Mexicana de Futbol. Una coincidencia del destino, que pareció alargar el luto de una nación que tiene millones de cicatrices que parece nunca sanarán…

EL FUTBOL Y ESCOBAR. En un país, abatido por los cárteles de la droga, aún con la ausencia de otro Escobar, una celebridad de ese mundo, Pablo, extendió en su vida sus largos tentáculos hasta alcanzar el deporte que fue su pasión, el futbol, participando en, quien diría, el crecimiento y cimentación del éxito de uno de los equipos mas laureados de ese país, el Atlético Nacional de Medellín. Sí, ese que dirigió en su momento e hizo campeón en varias ocasiones el hoy entrenador nacional del Tri, Juan Carlos Osorio.

“El Caballero del Futbol” como fue conocido en vida Andrés Escobar, pagó con su vida el único autogol que hizo en su trayectoria que le deparaba un brillante futuro en el futbol de Italia, a donde llegaría para incorporarse al AC Milan, que ya había expresado su deseo de contratarlo al considerarlo uno de los mejores defensas del mundo. Pero en vez de un brillante futuro, seis cegadores destellos cortaron de tajo una historia que enlutó a un país entero y que sigue idolatrando el recuerdo de su capitán, caído en una noche oscura en las afueras de un bar de la tremendamente peligrosa, en aquellos días, ciudad de Medellín.

Escobar estaba comprometido, se iba a casar y pensaba tener una familia, hijos, y era una estrella natural de una de las generaciones de futbolistas más brillantes en la historia del futbol mundial, donde figuraban René Higuita, Carlos el Pibe Valderrama, Faustino Asprilla, Freddy Rincón y otros, y que fue magistralmente dirigida en aquellos días por Francisco Pacho Maturana, quien no fue sólo el líder sino la fortaleza que respaldaba a un grupo de futbolistas azotados por el control que los cárteles de la droga imponían sobre ese deporte. Colombia floreció a mediados de los ochenta y despertó en plenitud en el Mundial de Italia 90 para continuar su éxito en la primera mitad de la década de los 90´s.

De tal tamaño fue la majestuosidad del futbol colombiano de esos años, que realizó una de las gestas futbolísticas más recordadas y más dolorosas del futbol sudamericano, cuando en pleno Estadio Monumental de River, aplastó 5-0 a Argentina en la eliminatoria sudamericana rumbo a la Copa del Mundo de 1994, y forzar su viaje a Australia de la Albiceleste para garantizar su participación vía repechaje.

UNA COSTOSA AFICIÓN.Se sabía desde siempre que el otro Escobar, Pablo, era un gran aficionado al futbol y que, siendo en su momento conocido por ser el criminal más rico del mundo, pero en la época en la que aún se le conocía en la vida pública colombiana, construyó innumerables canchas de futbol para que la gente de los barrios pobres y casi en la miseria de Medellín, tuvieran un lugar para practicar este deporte. Muchos de ellos con muchas más facilidades que algunos campos de clubes profesionales.

Claro, eso fue para la gente, pero él mismo en su plantación, la Hacienda Nápoles, oculta al pie de las montañas en las afueras de Medellín, solía invitar a las grandes figuras del futbol para que jugarán con él, les pagaba enormes cifras de dinero y los trasladaba en sus aviones privados para que jugaran futbol con él y con la gente que le trabajaba, particularmente con Gonzalo Rodríguez Gacha, conocido como “el mexicano”, su segundo en la organización. Su rivalidad iba al grado de que siendo fanáticos de equipos diferentes, Escobar del Nacional y Rodríguez del Millonarios de Bogotá, apostaban millones de dólares a la victoria de sus equipos.

Andrés Escobar jugó para el Atlético Nacional de Medellín que conquistó la Copa Libertadores en 1989, y fue parte fundamental del éxito de Colombia en el Mundial de Italia 90, y aunque una lesión le impidió participar en las eliminatorias rumbo a Estados Unidos 94, se recuperó a tiempo y Maturana lo incluyó como titular indiscutible del equipo.

Aquel Atlético Nacional de Pablo Escobar, no sólo conquistó la Copa Libertadores, sino además al disputar la Copa Intercontinental contra el Milan de Arrigo Sachi, sólo fue derrotado cuando cayó un gol de Alberigo Evani al minuto 119, a un minuto solamente de ir a los penaltis.

De acuerdo a entrevistas hechas en esos días al Pacho, argumentaba que el éxito se debía sobretodo a que había buenos jugadores y había el dinero para que quedaran en Colombia. Además, con la llegada del dinero del narcotráfico al futbol, también se contrataba a jugadores extranjeros de gran nivel.

AÚN EN LA PRISIÓN. La influencia y el control de Pablo Escobar sobre el Atlético Nacional y sus jugadores fue tal, que aún cuando se entregó a las autoridades de su país a principios de los 90´s, era común que grandes estrellas del futbol lo visitaran para almorzar y jugar en la cancha que se construyó al interior de la Prisión de La Catedral.

Después de la victoria sobre Argentina en el Monumental, la “Monumental Victoria” como se le conoce en Colombia, el futbol se convirtió en definitiva en una gran esperanza de que los disturbios y el descontento social en medio del caos provocado por los cárteles de las drogas, se convirtiera en un símbolo de unidad nacional. Sin embargo, Pablo Escobar fue asesinado en diciembre de 1993 y la anarquía en el país lo llevó a tener la tasa de asesinatos más alta del mundo.

POR ORGULLO. El cuadro cafetalero llegó como uno de los grandes favoritos a Estados Unidos 94, y Andrés, en calidad de capitán del equipo nacional fue entrevistado al llegar y señaló que “Todo el equipo trabaja en una causa común que es Colombia, tratamos de no enfocarnos en la violencia y estamos motivados por lo que viene”.

En repetidas ocasiones habló de la incomodidad y preocupación que le causaba la relación del equipo (Atlético Nacional) con los cárteles de las drogas y mientras crecía su fama siguió siendo humilde, sentía una responsabilidad para mejorar la imagen del país y no fueron pocas las veces que expresó lo difícil que le resultaba visitar a Pablo Escobar en la prisión. Su hermana María llegó a revelar sus palabras “No estoy de acuerdo, no quiero ir, pero no tengo opción”.

Pero el Mundial no fue lo que esperaba la Selección de Colombia. René Higuita estaba en prisión precisamente por su relación con Pablo Escobar y en su debut cayeron 3-1 ante Rumania. En medio de amenazas de muerte que recibieron vía mensajes en las televisiones de los cuartos de su concentración, había también la exigencia de gente de las drogas exigiendo que ciertos jugadores fueran alineados. La exigencia incluyó que Barrabás Gómez fuera alineado so pena de que todo el equipo fuera asesinado.

En medio de una enorme preocupación, Colombia salió al juego ante Estados Unidos y justo cuando mantenía un claro dominio en la cancha, al minuto 35, Andrés se cruzó en la trayectoria de un disparo de John Harkes y tratando de desviar el balón, lo incrustó en su propia meta.

LA TRAGEDIA.Sus amigos y familiares dicen que nunca quiso ver la repetición del gol, al menos en los pocos días que le quedaron de vida tras este infortunado accidente. A pesar de ganar su tercer partido, Colombia fue eliminada y Escobar regresó con un profundo pesar, totalmente devastado a su natal Medellín.

Tratando de ser coherente con que el futbol no era el juego de la vida, sino solo eso, un juego, Escobar declararía a su regreso a Colombia que “la vida no termina aquí, es sólo un partido de futbol”, aunque su rostro denotaba otro sentimiento totalmente diferente.

Apenas unos días después, de acuerdo con testigos, Escobar llegó al Bar El Indio aquel 2 de julio de 1994 y fue confrontado por un grupo de personas al interior del establecimiento acerca del autogol.

Salió del lugar pero en el estacionamiento fue alcanzado y de nuevo enfrentado, trató de explicar que había sido un accidente pero la discusión subió de tono. Uno de los agresores, le espetó “Que autogolazo hiciste, ¿no?, gracias… En medio de la discusión los hermanos Pedro y Santiago Gallón Henao le advirtieron que “no sabes con quien te estás metiendo”, acto seguido, uno de sus guardaespaldas, Humberto Castro Muñoz, se dice que bajó de la camioneta de los narcotraficantes, que en algún momento había sido parte de la organización de Pablo Escobar y por la espalda le vació el cargador de su revolver calibre 38.

Las investigaciones siempre apuntaron hacia el guardaespaldas porque se dice que el fiscal recibió 3 millones de dólares para hacerlo de esa manera. Castro Muñoz fue sentenciado a 43 años de prisión pero sólo cumplió once. Nunca pudo probarse la verdadera responsabilidad de Juan Santiago Gallón y si había sido él, como se supone, quien disparó el arma que cortó la vida del jugador.

Más de 120 mil personas se dice que participaron por las calles de Medellín en la caravana final del funeral de Andrés Escobar. Mucha gente que había vivido en el mundo del futbol en Colombia prefirió alejarse tras aquella tragedia. Permanece eso sí, la estatua develada en su honor en Medellín. En su honor su hermano tomó la palabra para reforzar el discurso de Andrés diciendo que “Tenemos que seguir adelante, no importa como sea de difícil debemos permanecer de pie, nos veremos de nuevo muy pronto, porque la vida no termina aquí…”.

 

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