Dos mujeres, un pelotari

Juan Manuel Asai

La calidad de vida en la Ciudad de México se deteriora. Es, cada vez más, una ciudad peligrosa y muy poco amigable. Los servicios públicos van a la baja. La relación entre los ciudadanos y las autoridades es distante y áspera. La izquierda ha gobernado desde hace lustros. Ha tenido éxitos históricos, pero su desgaste es inocultable.
En estas condiciones arranca, está por arrancar, la campaña electoral del 2018 en la cual estarán en juego todos los cargos políticos de la metrópoli, comenzando por la jefatura de gobierno, pero también diputados y senadores, diputados locales y alcaldes, conocidos ahora como delegados políticos. Por ahora estamos en las precampañas, con los partidos decidiendo a sus abanderados.
La pregunta es si la molestia y el miedo de los chilangos se traducirán el próximo primero de julio en la conformac ión de un nuevo mapa político en la ciudad. En las manos de la gente está castigar o premiar, con sus votos, el desempeño de las autoridades y su forma de gobernarnos. En otras latitudes la alternancia fue la respuesta.
Se sabe que los partidos contendientes, los que parten el queso, son PRD y Morena, que se odian a pesar de que hace muy poco eran un solo partido. Quizá esa es la causa del odio. Se parecen demasiado. Hace algunos meses compartían oficinas y se peleaban encima de los escritorios. PRD y Morena controlan los resortes tradicionales de poder en la ciudad, desde grupos de moto taxistas, hasta tianguistas, pasando por todos aquellos que han hecho de la informalidad y la negociación política su modus vivendi.
Su lucha, hablo de la rivalidad PRD-Morena, ha sido maligna para los habitantes de la ciudad. Ahí están los ejemplos irrebatibles de las delegaciones de Morena, como Xochimilco y Tláhuac, distanciadas del gobierno central, lo cual ha derivado en una ausencia de autoridad lastimosa. Están en el peor de los mundos posibles. Los lectores que viven en esas demarcaciones no me dejarán mentir.
¿Qué quieren los ciudadanos? La aspiración es seguir viviendo en una ciudad de libertades, pero urge un principio de orden. Urge disminuir el caos. La prioridad es atajar a la delincuencia que está desatada, prácticamente fuera de control. Tal parece que la policía entregó la plaza. Sobre las libertades hablo de políticas como el matrimonio igualitario, o el derecho a decidir de las mujeres, que son logros históricos que deben protegerse. La libertad en esos renglones no está peleada con el orden en las calles, en la construcción de inmuebles, en el transporte público. Al contrario, ambas líneas son muestras de civilidad.
Los candidatos están a la vista: son las señoras Claudia Sheinbaum y Alejandra Barrales, además del priista Mikel Arriola. Se dice poco, pero Barrales llegó al PRD por una petición expresa de López Obrador, quien la reclutó desde que Barrales era dirigente sindical. Con el paso del tiempo se distanciaron. Claudia, por su parte, hizo sus pininos en la grilla universitaria al lado de Carlos Imaz fue reclutada por Obrador desde el año 2000. Con el paso del tiempo se acercaron más. Su rival es Mikel Arriola, ex director general del IMSS y pelotari de altos vuelos. Arriola tiene un área de oportunidad enorme, pues mucha gente quiere para la ciudad otro tipo de gobierno. Es remoto que los panistas capitalinos voten por Barrales, por ejemplo, y podrían respaldar a Arriola que por ahora está lejos del fogón pero en unas semanas se meterá en la pelea y será, llegado el momento, el fiel de la balanza.


jasaicamacho@yahoo.com
@soycamachojuan

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