Mucho se ha especulado acerca de la intervención rusa en las elecciones de Estados Unidos en 2016. Un dato fundamental es que las agencias de inteligencia de la Unión Americana concluyeron, con un alto grado de certeza que, efectivamente el gobierno ruso sí se inmiscuyó en los comicios presidenciales de ese año en el país de las barras y las estrellas. De acuerdo con Brian Feldman (“DNI Report: High Confidence Russia Interfered With U.S. Election”, Selectall, 6 de enero de 2017) el reporte de las agencias concluye que el Presidente ruso, Vladimir Putin, ordenó una campaña orientada a disminuir las oportunidades de que Hillary Clinton alcanzara la victoria y así ayudar a que Donald Trump se alzara con el triunfo.

En enero de 2017 un documento expedido por la Oficina del Director Nacional de Inteligencia (ODNI), señalaba que el líder ruso favoreció la candidatura de Donald Trump y que, efectivamente el jerarca ruso había ordenado una campaña para restarle fuerza a Clinton y “socavar la confianza pública en el proceso democrático de Estados Unidos.”

Las investigaciones llevadas a cabo por las agencias de inteligencia señalan que el blanco de los ciberataques rusos, fueron, principalmente, las computadoras del Comité Nacional Demócrata y el Google-mail del Jefe de campaña de Hillary, John Podesta. Luego de robar esa información la filtraron a WikiLeaks.

Trump ha menospreciado el tema de la intromisión rusa en las elecciones norteamericanas. Con frecuencia ha afirmado que se trata tan sólo de un pretexto de los demócratas para justificar su derrota. Incluso, se dice que el despido de James Comey como director del FBI, el 9 de mayo de 2017, se debió a que se estaba metiendo demasiado en el tema ruso. No obstante, Trump está metido en un problema bastante serio: el Fiscal Especial Roberto Muller, comenzó a investigar en mayo de 2017 los posibles vínculos entre el gobierno ruso e individuos vinculados con la campaña del actual Presidente norteamericano. Y ha habido avances que involucran al círculo más cercano de familiares y colaboradores del magnate neoyorquino.

Recientemente los senadores del Partido Demócrata que forman parte del Comité de Relaciones Exteriores, presentaron un reporte que parece ser el documento más completo que se haya hecho hasta ahora sobre la guerra rusa contra Occidente (“Who Will Listen to Democrats’ Warning on Russia?, The New York Times, 10-I-2017). En una carta adjunta a este informe, el senador Ben Cardin afirma: “Nunca antes en la historia de Estados Unidos ha habido una amenaza tan clara a la seguridad nacional que haya sido ignorada tan abiertamente por el Presidente de esta Nación.” Se trata de un documento de más de doscientas páginas. Destaca el señalamiento de que Rusia ha intervenido en por lo menos 19 países europeos mediante ataques cibernéticos. Entre las injerencias más relevantes se encuentran las elecciones en Holanda, Francia y el referéndum de Cataluña.

En contraste, con Estados Unidos, la Unión Europea les han plantado cara a los rusos. Por ejemplo, los alemanes le advirtieron al Kremlin que una intromisión en sus elecciones traería consecuencias. Además, establecieron un acuerdo entre los partidos políticos para no usar bots o pagar trolls y para asegurar una cooperación entre el gobierno y los comités de campaña. El reporte de los demócratas también resalta que España ha encabezado la lucha contra los grupos del crimen organizado de origen ruso. Los países bálticos han reforzado sus defensas contra los ciberataques y la desinformación; han diversificado las fuentes de suministro de energía para no depender excesivamente de Rusia. La Unión Europea y la NATO han puesto atención en la ciberdefensa.

Para entender lo que está pasando, debemos tomar en consideración que cuando Vladimir Putin tomó el poder en 2000, quiso levantar a su país del caos posterior al desmembramiento de la Unión Soviética. Pero lo hizo de manera autoritaria: violación a los derechos humanos, persecución de los disidentes, encarcelamiento de los oligarcas enemigos. Inició una política exterior agresiva en nombre del nacionalismo: en 2008 entró en guerra con Georgia. Luego en 2014 entró en conflicto con Ucrania y anexó Crimea a la federación rusa. Contra viento y marea ha ayudó a sostener al dictador sirio Bashar al-Assad.

“Hoy el gobierno ruso, descaradamente está minando los cimientos de la democracia occidental en todo el mundo. Bajo el mando del Presidente Vladimir Putin, el Kremlin ha lanzado un ataque coordinado en muchos campos—militar, político, económico, informático—usando una variedad de mecanismos abiertos y encubiertos.” (Joseph R. Biden, Jr. and Michael Carpenter, “How to Stand Up to the Kremlin?”, Foreign Affairs, vol. 97, n°1, enero/febrero, 2018, p. 45).

El General Herbert Raymond McMaster, asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos “detectó ‘señales’ de que el gobierno de Rusia está interviniendo en las campañas rumbo a las elecciones presidenciales en México…advirtió que el objetivo del gobierno ruso es polarizar a las sociedades democráticas y provocar una crisis de confianza. ‘Con Rusia estamos crecientemente preocupados por estas campañas sofisticadas de subversión, desinformación y propaganda, con el uso de herramientas cibernéticas’.” (Milenio 7-I-2017).

Más vale tomar en serio esta advertencia.


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@jfsantillan

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