Un año de Trump en el poder; un año de resistencia | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 19 de Enero, 2018

Un año de Trump en el poder; un año de resistencia

Unísono. Prensa, legisladores, famosos, comunidad latina e incluso jueces y fiscales han levantado un enorme muro en torno a la Casa Blanca para frenar las acometidas de un presidente déspota, ignorante y vulgar

Un año de Trump en el poder; un año de resistencia | La Crónica de Hoy
Activistas luchan para que 2018 sea el último año de Trump en el poder.

El primer año de Donald Trump en el Despacho Oval concluyó como empezó: Con el caos y el absurdo por bandera. Empezó con los infames “hechos alternativos” acuñados por la asesora Kellyanne Conway, y terminó con Trump presentando en Twitter unos ridículos Fake News Awards.

El autoritarismo de Trump ha impregnado estos 365 días de múltiples maneras, y el odio más profundo a la prensa que no le respalda quedó retratado en los cuatro “galardones” que dedicó a la CNN, la más vilipendiada en su perfil en su red social favorita, o los dos que concedió a The New York Times.

La misma prensa que, incansablemente, ha denunciado cada una de sus mentiras, que ha elaborado infografías de sus insultos y ha recopilado las frases más incendiarias de su todavía corto mandato. En la memoria quedará ese gif animado que publicó y donde aparecía él en un ring apaleando a un adversario que tenía el logotipo de la CNN incrustado. O cuando era un tren con su nombre el que arrollaba a alguien con el logotipo de la CNN incrustado. O cuando en otro gif animado un avión de combate era el que…

La prensa se ha erigido como pilar esencial de la resistencia, no sólo denunciando la indigencia intelectual del presidente de Estados Unidos, también dando voz a aquellos que sufren los ataques más duros del mandatario.

COLOR. Ese mismo mandatario que, en los setentas, cuando apenas empezaba a amasar su fortuna, se negaba a rentar departamentos a negros porque creía que los devaluarían, caso que denunció ya entonces The New York Times.

La cuestión racial ha sido, sin duda, uno de los asuntos centrales del curso. Trump prometió a los negros que arreglaría sus barrios, pero no ha hecho absolutamente nada.

Lo que sí ha hecho es atacarles. Como cuando llamó “hijo de puta” a Colin Kaepernick, entonces quarterback de los San Francisco 49ers de la NFL, porque se arrodilló mientras sonaba el himno de EU para protestar contra la violencia policial contra los afroamericanos. O como cuando defendió sutilmente a los supremacistas blancos tras la violencia racista de Charlottesville, Virginia, en verano.

“Soy la persona menos racista que has conocido”, repite mecánicamente Trump mientras no ceja en su empeño de levantar un fútil muro en la frontera con México, y exige hacérselo pagar por el puro y simple gusto de la humillación.

“Soy la persona menos racista que has conocido”, repite mecánicamente Trump mientras escupe, a puerta cerrada, que los países africanos y Haití y El Salvador son “agujeros de mierda”.

“Soy la persona menos racista que has conocido”, repite mecánicamente Trump mientras suspende implacablemente el DACA, el programa que protege a cerca de 700 mil jóvenes indocumentados que llegaron al país siendo niños.

JUSTICIA. Precisamente, un juez de California, William Alsup, obligó la semana pasada a restaurar parcialmente el programa, permitiendo a muchos soñadores correr a volver a tramitar sus permisos.

Y es que los jueces han sido otro de los grandes muros contra los que se ha topado el racismo de Trump. En enero, con apenas días en la Casa Blanca, el presidente ordenó vetar la entrada al país de refugiados de Siria, Irán, Libia, Somalia, Sudán y Yemen. La juez Ann Donnelly, de Nueva York, lo bloqueó por anticonstitucional. Una segunda versión llegó en marzo y dos jueces de Hawái y Maryland también la frenaron.

Por eso, tras la decisión del magistrado Alsup, Trump recurrió inmediatamente el fallo al Supremo, saltándose el Tribunal de Apelación para evitar que un juez de circuito pueda ratificar el desbloqueo del ­DACA y los soñadores puedan seguir renovando su protección.

SANTUARIO. La batalla legal ha sido permanente. Los ataques de Trump a los indocumentados empezaron pronto en 2017, ordenando deportaciones masivas al Servicio de Migración y Control de Aduanas (ICE), lo que generó una reacción en cadena: Las ciudades santuario, que se niegan a entregar información a migración, se multiplicaron, y California se proclamó primer Estado santuario. En consecuencia, la Casa Blanca ordenó cortar fondos a las autoridades locales, medida que también encalló en los tribunales.

Multitud de legisladores demócratas se han alineado con las asociaciones de protección de los derechos civiles para pelear contra las decisiones de Trump, sobre DACA, las deportaciones y el muro. Uno de ellos es el veterano Raúl Grijalva, representante por Arizona, que llegó a ser arrestado en septiembre en una manifestación frente a la Torre Trump en Nueva York para protestar contra la entonces reciente decisión del presidente de anular el programa para soñadores.

Manifestación que compartía con asociaciones activistas como CHIRLA, que protege los derechos de los migrantes en Los Ángeles, o UnidosUS, anteriormente conocido como el Consejo Nacional de la Raza. Asociaciones como estas son pilares fundamentales del apoyo a la comunidad latina, en las calles y en los tribunales, donde miles y miles de soñadores, la gran mayoría, mexicanos, luchan por evitar la deportación.

SINRAZÓN. Otro de los grandes frentes de odio de Trump ha sido y es el del colectivo LGBTI. Empezó en julio, cuando la Casa Blanca anunció que había concluido que las personas transgénero eran una carga para el ejército, y que todos deberían salir antes de marzo de este año. En octubre, también en este caso, una juez de D.C. bloqueó la orden por considerar que se basaba en una “desaprobación general hacia las personas transgénero”.

Pero no sólo los jueces han sido fundamentales para luchar contra la apisonadora que el presidente pretende pasar sobre todo lo que construyó Barack Obama durante su mandato. Algunos fiscales generales están siendo la punta de lanza de la última pelea que se vislumbra, la de la mariguana.

Empezó el año el gobierno de Trump anunciando que impondría la ley federal, que prohíbe la droga, sobre las leyes estatales que lo permiten, pero el fiscal general de Colorado, Bob Troyer, corrió a asegurar que, básicamente, e gobierno federal tendrá que pasar por encima de su cadáver para volver a prohibir la yerba en el estado.

ESPERANZA. La resistencia alberga la esperanza de que 2018 sea el último de Trump en el Despacho Oval. Un juicio político para destituirle ha estado encima de la mesa casi desde el primer día; sobre todo, desde que, en un movimiento tremendamente torpe, el presidente destituyó al entonces director del FBI, James Comey, y desató la tormenta sobre la trama rusa.

Si la obstrucción a la justicia no funciona, quizás el camino pueda venir por otro de los grandes defectos de Trump: Su misoginia y machismo. El movimiento #metoo logró que un demócrata se impusiera a un republicano en Alabama por primera vez desde 1991, y ha revivido las acusaciones de abusos sexuales contra el presidente. Nos ahorraremos la frase en que están pensando.

El empoderamiento femenino marcó el último trimestre de 2017, y esto no habría sido posible sin la activa denuncia de decenas y decenas de actrices y personalidades públicas en general. Famosos y famosas pueden ejercer de bisagra entre el activismo más duro y la concientización social. Quizás, sólo quizás, las mujeres podrán hundir el último clavo en el ataúd de Trump.

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