Ética pública

Carlos Matute González

En el Tercer Congreso Internacional de Enfermería, organizado por el Sindicato Nacional de Trabajadores del ISSSTE, se abordaron varios dilemas de la profesión de enfermería, como el trato por un buen trato, educación para el cuidador familiar durante la estancia hospitalaria, entre otros y, sobre todo, creó un espacio de diálogo colectivo sobre los valores y principios de ser una persona con cualidades calificadas trabajando en el sector público.

La primera reflexión que el servidor público debe formularse en todo momento, en la selección, la promoción, la evaluación del desempeño, la capacitación e, incluso la separación, es ¿Qué es la ética? Una respuesta sencilla: es el estudio de las normas de la conducta ejercidos libre y conscientemente para justificar nuestro actuar cotidiano en atención a lo que es lo bueno y lo malo.

Esta definición muestra que el elemento primordial es la libertad del hombre, quien juzga una realidad y actúa en consecuencia buscando un bien. La ética pretende dar motivaciones correctas a ese accionar. La conveniencia personal o de grupo no es una motivación ética. En una sociedad como la nuestra, con marcadas diferencias sociales, el desarrollo incluyente es la primera exigencia de una ética pública.

¿Qué es un código de ética? Es una moral compartida formalizada que establece una guía de conducta que, para tener plena eficacia, debe ser motivadora de comportamientos dictados por la conciencia de lo que se establece en éste es lo bueno. La obediencia a este código para evitar un castigo o por agradar a los demás es una formalidad que no genera identidad de valores y afecta la posibilidad de compartir organizacionalmente una misión y visión.

Este documento permite externalizar las razones que deben mover a todos los servidores públicos en el ejercicio del encargo que se les encomienda. No basta cumplir con lo establecido en la normatividad aplicable, la intencionalidad debe ser la correcta.

¿Qué es un código de conducta? La determinación de reglas que permiten enjuiciar dilemas éticos y definir fines, priorización de valores e identificación de normas que no pretenden ser universales por un grupo que comparte una cualidad calificada. De esta forma una actividad profesional o una funcionalidad deben contar con este tipo de herramientas para generar un sentimiento de pertenencia y de orgullo, una cohesión institucional para gestionar el cambio, identificar lo meritorio y lo indeseable.

Este documento, que se redacta colectivamente, más que una guía del comportamiento, es un parámetro objetivo para resolver de la mejor manera posible los dilemas éticos que se presentan en el ejercicio de una profesión o una operación. En el caso de la enfermería, la aplicación de una terapia o medicamento, el trato al paciente o la relación de la tecnología y la salud.

Con base en estos conceptos es inconcebible que una persona sin valores o principios se atreva a trabajar en el sector público y, sin embargo, todavía persiste la idea de que los puestos en los entes públicos gubernamentales, semi-gubernamentales y no gubernamentales son un botín político de partidos políticos, grupos de presión, sindicatos o burocracias de académicos.

No basta con que los integrantes del gobierno o quienes pretenden integrarlo sean o se digan honestos. La ética pública exige un proceso de internalización organizacional e individual. La existencia de valores y principios y su respeto convierte a las rutinas de trabajo en auténticas vocaciones de servicio. Sin una ética pública o una conducta profesional correcta no habría diferencia entre el personal de enfermería y un narcotraficante. Si bien ambos suministran drogas, el primero busca la restitución o cuidado de la salud y, en cambio, el delincuente pretende enriquecerse con el mal ajeno.

Nuestro país necesita extender el comportamiento ético en todos los niveles de las organizaciones públicas y privadas bajo la premisa fundamental de que las personas deben ser tratadas con dignidad. La desigualdad es una de las causas primordiales para que esto no suceda. Por lo que el imperativo esencial de la ética pública es generar igualdad de oportunidades para el desarrollo humano.

Lo negativo es insuficiente. No basta con no hacer o sólo denunciar la corrupción. La ética pública implica una conducta positiva. Un respeto al otro. Una corresponsabilidad de los individuos con la sociedad y el gremio al que pertenecen. La tolerancia es fundamental y creer que alguien puede ser el dictador de la ética de los demás o quien los juzga desde sus valores propios es el camino más directo al fracaso de la acción social. Estos y otros temas fueron los que revisé con las enfermeras y enfermeros del ISSSTE.

Profesor del INAP

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