Cultura

Vivimos la mediatización de la cultura y arte: Alfred Pacquement

Entrevista. El historiador y crítico de arte Alfred Pacquement señala que los artistas se han convertido en figuras muy mediatizadas y públicas al mismo tiempo. “Quizá se podría decir que el artista es hoy más importante que su propia obra. Creo que en todos los museos y centros de arte hay un gran impacto negativo de esto. Pero bueno, son los tiempos que vive el arte”

Alfred Pacquement dice que las funciones del Museo de Arte Moderno y Contemporáneo es privilegiar a los grandes nombres de la modernidad artística y, por otro, intentar conectar con la creación más actual.

El Centro Georges Pompidou de París, Francia, acaba de cumplir 40 años de vida, y desde su inauguración es uno de los centros de arte más importantes del mundo. Su exdirector, durante más de una década,  el historiador y crítico de arte  Alfred Pacquement (París, Francia, 1948) reflexiona sobre el futuro del arte contemporáneo en un mundo globalizado donde la cultura no escapa a la presión económico-mediática.

—  ¿Considera que desde su inauguración el museo cambió la imagen de París? Se lo pregunto, pues hoy día es uno de los espacios más visitados no sólo de Francia, sino de Europa.

— Fue una iniciativa muy innovadora, que ha marcado un antes y un después en la concepción de los museos. Enseguida se hizo célebre en el extranjero, y hoy recibe más de cinco millones de visitantes al año. El Pompidou es, junto al MOMA de Nueva York, el único museo del mundo que ofrece un recorrido completo por el arte moderno del siglo XX. En el siglo XXI, tenemos la pretensión de seguir siendo uno de los dos grandes museos de referencia. Cada museo tiene su discurso de construir una colección, todos quieren tener un Rembrandt, un Goy, un Velázquez o un Rotko, para ofrecer un paseo histórico sobre la creación pictórica de todos los tiempos, desde luego, cada museo tiene su función teórica y curatorial.

Por ejemplo, el Pompidou es un centro de arte del siglo XX, más especializado en las vanguardias, que desea ser una gran referencia  mundial del arte hecho en Francia a partir de 1905, sin perder de vista las grandes figuras o hitos del arte contemporáneo o moderno de otros continentes. Un museo que para mí cumple esa función es el Reina Sofía, pues tiene todas las vanguardias históricas  de España, es decir, están representados los artistas antes y después de Picasso, y éste en el centro como el gran creador de finales del XIX y principios del XX.

— ¿Cuál es la función de histórica y crítica de un museo de arte moderno y contemporáneo?

— Una de las funciones principales es privilegiar, por un lado, los grandes nombres de la modernidad artística, y, por otro, intentar conectar con la creación más actual. Muchas veces los límites entre el pasado y el  presente son muchos, pero creo que el interés fundamental de un museo de arte contemporáneo es dar un hilo conductor a su colección. Es decir, debe de haber un puente entre el pasado y presente con un sentido crítico e histórico. Aunque siempre hay riesgos, pues siempre hay generaciones sacrificadas, reducidas a una personalidad. Un claro ejemplo serían los artistas que se afirmaron después de la  Segunda Guerra Mundial, o incluso, antes, como el grupo cubista. Generalmente los grandes centros de arte, cuentan con tres: Picasso, Braque y Gris, aunque son los principales, no son los únicos. Lamentablemente, todos los otros han pasado a segundo término.

— Uno de sus intereses claves es recuperar a figuras del arte “olvidadas” o aisladas hoy día. ¿Cuáles serían algunas que al Pompidou le interesaría recuperar?

— Hemos dedicado grandes retrospectivas a Jean Cocteau, un personaje tan célebre como denostado: vanguardista, académico, surrealista alérgico al psicoanálisis, revolucionario enamorado de los clásicos, libertino que flirtea con las dictaduras. Otra gran exposición fue la que se le dedicó a  Nicolas  de Staël, una artista francesa que fue muy importante en su momento no sólo en Europa, sino también en Estados Unidos, pero ha desaparecido un poco, y mi objetivo es “revalorar” su obra; lo mismo que la de Olivier Debré —uno de los grandes  pintores abstractos franceses— que donó antes de morir una colección importante de su obra. Debré es una figura clave del arte abstracto en  Europa, al igual que  Hantai, Soulages o Bram Van Velde;  pintores que pueden dialogar con  la abstracción de Estados Unidos o el informalismo español.

— ¿Creo que bajo su gestión el museo ha  democratizado el arte contemporáneo? Se lo pregunto, porque hoy el Pompidou es el eje central no sólo de la recuperación de valores aislados, sino el puente del arte moderno y más radical. 

— Creo que sí, que una parte importante del público se ha familiarizado con el arte moderno gracias al centro. Aún no hemos llegado a todas las capas de la sociedad, pero sí contribuido de forma importante a crear un público mejor informado, más interesado en la fotografía, en la instalación y en las nuevas vanguardias. Hoy día el  museo cuenta con una colección que permite una lectura clara del siglo XX, y quizá sea el único  de Europa en su importancia, pues quizá el otro gran museo que tiene una colección tan importante sea el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Es importante señalar que las políticas de adquisiciones, y sobre todo, las donaciones han hecho que tengamos pocos huecos históricos, que casi sólo se nos pueda reclamar alguna laguna a la hora de presentar el expresionismo alemán o el futurismo italiano.

—  El museo se ha distinguido a nivel mundial por abrir su espacio a otras artes como el cine, la arquitectura o el video. ¿Considera  que era una asignatura pendiente?

— Creo que es una de los grandes aciertos del museo, haber querido acercar disciplinas creadas de forma independiente y separada como la pintura, la música o la danza. Hemos demostrado a lo largo de más de diez años que se podía hacer arte de diversas maneras y disciplinas.

— ¿Cómo observa la frenética comercialización del arte?

— Hoy se vive  un fenómeno de mediatización de la cultura y del arte. Los artistas se han convertido en figuras muy mediatizadas y públicas al mismo tiempo. Quizá se podría decir que el artista es hoy más importante que su propia obra. Creo que en todos los museos y centros de arte hay un gran impacto negativo de esto. Pero bueno, son los tiempos que vive el arte.

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