Firma por Marichuy

Juan Manuel Asai

Las precampañas no levantan. Los aspirantes a candidatos se desenvuelven en una dimensión alterna. Una donde la política se limita a producir ocurrencias, chismes, canalladas, vilezas breves para que puedan circular en redes sociales. Los personajes claves de cada partido son los diestros para el escarnio. Se cotizan alto.

Las precampañas abochornan. Se gastan toneladas de tinta para hablar de la intervención rusa, de la esposa que canta, de la que va al súper, del candidato que va a la escuela de su hijo, del que va a la peluquería, de las declaraciones de amor del Bronco a su caballo, las encuestas falsas, la campaña alterna de Corral, como si el país no encarara una larga lista de problemas gravísimos, comenzando por la desigualdad y la pobreza, la corrupción y la impunidad, el acecho permanente de Estados Unidos, el crimen organizado. Como si nada de eso ocurriera los precandidatos se traen fintos con la complicidad de los medios.

Ante este panorama desolador, se vuelve una prioridad firmar por Marichuy, para que la vocera del Consejo Nacional Indígena tenga oportunidad de aparecer en la boleta 2018. No estoy llamado a votar por ella, ni siquiera es tiempo, propongo darle respaldo ciudadano a su aspiración de ser vocera de los pueblos originarios del país.

La pertinencia de su proyecto quedó demostrada desde el principio. Su equipo tuvo problemas para abrir una cuenta bancaria. Poco después cayeron en cuenta que recolectar firmas a través de celulares de última generación era complejo en regiones del país sin cobertura de internet, como son las zonas donde están las comunidades indígenas. Como se recordará, ante la realidad de los pueblos indígenas sin Android, el INE permitió a Marichuy recolectar firmas en papel en varios estados.

La exclusión quedó demostrada sin necesidad de discursos. Millones de compatriotas están al margen de los beneficios del desarrollo, incluido la tecnología. A esto hay que añadir los exagerados requisitos exigidos por la ley para los aspirantes a candidatos independientes. Unas reglas del juego diseñadas por los propios partidos políticos con el propósito de no tener la competencia de los independientes.

La sola presencia de Marichuy hace visible la problemática. Al hacerlo, le da una utilidad real a las precampañas que por momentos parece que no sirven para nada. Se ha dicho, pero vale la pena repetirlo, que el objetivo es dirigir la atención de los medios y los ciudadanos a las comunidades indígenas que han estado fuera de los radares demasiados años, como si fueran invisibles.

No soslayo que detrás de la precandidatura de Marichuy están los mandos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, comenzando por el subcomandante Galeano, antes Marcos, antes Sebastián Guillén Vicente, filósofo universitario y profesor de la UAM-Xochimilco. El EZLN se levantó en armas en contra del Estado mexicano el primer día del siniestro año de 1994 en la región de los Altos de Chiapas. Que haya decidido meterse a un juego de los partidos al que nunca ha sido invitado fue un movimiento audaz. Se trata de recuperar el poder de la palabra.

Es otra forma de hacer política, dejando los fusiles, los reales y los de madera, detrás de la puerta. Desde un lugar de las montañas del sureste pasaron a las plazas públicas en diferentes entidades del país. Fue difícil entrar a la clandestinidad, casi tanto como salir de ella. Las cosas ahora son así: Marichuy se presenta ante el país con su nombre de pila y sin pasamontañas.

“Firma por Marichuy/ Vota por quien quieras”.

jasaicamacho@yahoo.com

@soycamachojuan

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