La sociedad señorial, un freno para la democracia, dice Mario Campaña | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 22 de Enero, 2018

La sociedad señorial, un freno para la democracia, dice Mario Campaña

El poeta ecuatoriano presenta su libro, Una sociedad de señores…, que recorre cómo se conformó y opera este grupo desde la antigua Grecia hasta la actualidad

La sociedad señorial, un freno para la democracia, dice Mario Campaña | La Crónica de Hoy
El ensayo de Mario Campaña es un recorrido lúcido y documentado sobre cómo esta sociedad secreta se fue conformando desde la Grecia antigua hasta la actualidad.

En su libro Una sociedad de señores. Dominación moral y democracia, el escritor Mario Campaña hace una primera  aproximación analítica a este grupo en el poder que ha dividido a lo largo de la historia a la humanidad en dos: en humanos y subhumanos, pero además esta sociedad es un freno para la plenitud de la democracia en el mundo.

Se trata de una sociedad, agrega el escritor ecuatoriano en entrevista con Crónica, que en su conciencia y en la teoría asume los postulados de la cultura democrática y habla de igualdad social, cultural, económica, de oportunidades…, pero en la práctica y los hábitos mantiene la segregación y el rechazo a los otros, a los que no son de su grupo. Un ejemplo: el presidente estadunidense Donald Trump, quien recientemente llamó “países de mierda” a naciones africanas, a Haití y El Salvador.  

El ensayo de Mario Campaña es un recorrido lúcido y documentado sobre cómo esta sociedad se fue conformando desde la Grecia antigua, “donde el señor vivía en las alturas, en la cumbre de la jerarquía” y los otros eran sólo seres humanos. De ahí pasa al imperio romano, donde la estratificación social es similar, para después, a estos señores, se les unen el cristianismo y la nobleza. 

— ¿Cómo defines lo que es la cultura democrática?, se le pregunta al también poeta y autor de libros como Pájaro de nunca volver y En el próximo mundo.

— Una cultura democrática reconoce, en primer lugar, una sola humanidad, es decir, su unidad moral y esto quiere decir que todos existimos en un tiempo y espacio. Sin embargo, para esta cultura señorial, aristocrática y rancia, no hay una sola humanidad, aunque nunca lo han dicho de esa manera, pero sí hablan del humano. Cuando analizas lo que pensó Aristóteles sobre qué es el humano, se trata de una formulación filosófica que está dejando fuera a la mayoría de la humanidad.

En este punto, el escritor señala que si retrocedes en la línea de tiempo sobre este concepto, según la definición de Aristóteles, tienes que los humanos son los de Atenas, los de la polis griega, los que tienen conciencia, los que deciden y razonan, los privilegiados; los demás son subhumanos. Y desde ahí se establece esta doctrina aristocrática: hay una humanidad y una subhumanidad. Por un lado está el señor, que es parte de la humanidad, el ejemplar pleno, y por otro, los demás, la subhumanidad.

Por el contrario, explica, los principios básicos de la cultura democrática se refieren al reconocimiento de la unidad, una sola humanidad, que tiene dignidad plena, lo que significa que no hay una diferencia moral entre los hombres, es decir que no hay una distinción entre Donald Trump, por ser presidente de EU, y los haitianos, a quienes recientemente calificó que viven en un país de mierda. “Este es el pensamiento señorial que ningunea a los otros”.

— ¿Cómo
caminar a una cultura democrática?

— La cultura democrática, en su despliegue, tiene que ser hallada y elaborada, aunque hay algunos puntos a transitar como el reconocimiento de la dependencia humana recíproca, la ilegitimidad de los privilegios basados en la pretensión de superioridad, la ilegitimidad de la traducción moral de la condición exterior, la ética de lo pequeño en inspiración popular y la revolución moral.

Pero, esencialmente, la cultura democrática tiene que terminar con las segregaciones: racial, de clase, de educación, de linaje, de belleza, económicas o de cualquier tipo.

— Aunque vemos que la cultura señorial tiene otras prioridades...

— La cultura señorial sabemos tiene otros ideales, y otros por definirse con los cambios sociales y políticos, pero cree que hay una diferencia en la humanidad; tiene jerarquías, por tanto hay superiores e inferiores morales; tiene el concepto del “mejor”, es decir, legitima los logros y triunfos y le ofrece un lugar superior respecto al otro. Esto deriva en la aparición de la justificación de la superioridad.

Otro aspecto de esta cultura señorial, especialmente en América Latina, es el clientelismo. Es parte de la ética y estructura de los valores del señor, quien debe tener bajo su dominio y control a gente que lo necesita; también está la excelencia, donde hoy todo es de este tipo: la universidades, los políticos…; y la figura del héroe o caudillo, una visión totalmente aristocrática; y finalmente la exclusividad, que no permite a los otros sentarse en la mesa con los señores o estar en sus espacios. “Ningún empresario dirá que el mendigo de una calle es su igual”.

— ¿Habrá democracia con esta cultura señorial?

— Creo que debemos seguir insistiendo para lograrla. Hubo intentos de cambiarla a lo largo de la historia, el último fue el socialismo. Tenemos que buscar, no en las instituciones, ésas ya las tenemos, que si no son bien usadas, se vuelven un mecanismo de dominación, sino que hay que insistir en la profundización de los elementos democráticos de la vida cotidiana, es ahí donde está la inspiración.

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