Precampañas grises

Wilfrido Perea Curiel

El proceso electoral 2018 tendrá un carácter plebiscitario, es decir, la disyuntiva planteada se traduce en brindarle, por parte del electorado, otra oportunidad al PRI, o bien, optar por una nueva alternancia. Ciertamente hay muchos matices en medio y alineamientos por considerar, sin embargo, el planteamiento evidente es si el tricolor se va o se queda en Los Pinos. El partido en el poder tendría que presentar sus argumentos de por qué debería ser favorecido por un sexenio más, en tanto, la oposición, intentará mostrar que los retos del país demandan necesariamente un cambio profundo. 

Algunos analistas han sugerido que al paso de las semanas la justa electoral tenderá a polarizarse y que algunas de las fuerzas que ahora pugnan por el segundo lugar, terminarán por desfondarse. El citado carácter plebiscitario de la contienda sugeriría que ésta finalmente se va a cerrar a dos candidatos, sin embargo, no es claro que tal escenario irremediablemente vaya a tener lugar. Al momento, lo que arrojan los estudios de opinión es que AMLO aventaja considerablemente, en tanto Mead y Anaya entablan una complicada lucha por la segunda posición. Habría que ver quién resiste más la presión, pero no debería soslayarse la posibilidad de que las tres fórmulas permanezcan en situación competitiva hasta junio.

El resultado es altamente imprevisible, falta mucha claridad y los estrategas de las campañas prematuramente se ponen nerviosos, da la impresión que ninguno de ellos ha podido hacer una correcta lectura del derrotero del proceso en curso. Triunfará la estrategia más flexible y con mayor capacidad de adaptación, ello quiere decir que el componente improvisación podría ser clave. El votante rechaza en demasía todo aquello que le resulte acartonado. Esta elección no es propicia para los ambientes controlados, los aspirantes tendrán que exponerse a la calle, acercarse a agentes ajenos a lo que ha sido su trayectoria y en tal desenvolvimiento serán observados con lupa.

Las precampañas han mostrado un arranque denso, errático y gris, ha tenido lugar el enfrentamiento de todos contra todos. Los aspirantes no han priorizado hacia quien dirigir sus ataques, se han trastocado los tiempos y mecanismos que, según marca la ortodoxia de la estrategia electoral, correspondería a la etapa en curso.

La llamada fase de precampañas implica arduo trabajo en el plano intrapartidista, a modo de garantizar la cohesión interna. En realidad, AMLO, Mead y Anaya, accedieron a sus respectivas nominaciones, a través de procesos poco democráticos. Aunando a lo anterior, las dirigencias de los partidos determinaron unilateralmente concretar alianzas que agravian a sus militancias, en algunos casos, con sus antípodas ideológicos. En resumen, hay muchas heridas abiertas en todos y cada uno de los institutos. Se han provocado muchos rencores que distan mucho de estar manejados. La llamada operación cicatriz no ha alcanzado, se precisaban varios puntos de sutura y se han usado banditas adhesivas. Adentro de los partidos hay severas inconformidades, particularmente agravadas por el rasgo excluyente y la soberbia que impera en las casas de campaña. 

El voto duro histórico que tenían los partidos ya no es tal, se ha redimensionado considerablemente a la baja. Las clientelas ya no son tan leales, hay mucha volatilidad. Es cotidiano el éxodo de militantes, concretamente hablando del PAN, PRD y del PVEM, aduciendo que los espacios de participación han sido cerrados por sus dirigencias. Para colmo, las alianzas pactadas, de manera precoz ya muestran grietas, al grado se sembrar dudas de si realmente resultarán rentables.

Las precampañas han quedado a deber. Los aspirantes no han alcanzado el posicionamiento que hubieran deseado. Su mensaje es muy confuso, no han podido comunicar con claridad su oferta. Se supone que la energía de los precandidatos, que en realidad son candidatos, se avocaría en estas semanas a impulsar la unidad interna de sus partidos y a garantizar el voto duro. Lo anterior no ha ocurrido, sencillamente porque hay muchas facturas que no se han cubierto. Si las campañas transfieren esta debilidad estructural a la fase venidera que es la contienda abierta, mucho de lo que pensaban sólido podría desmoronarse.

pereawilfrido@me.com

 

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