Morena engorda con la mafia del poder

Juan Manuel Asai

Por años, los seguidores de López Obrador se pavoneaban presumiendo una supuesta superioridad ética. En su visión maniquea de la realidad nacional, ellos eran los buenos, el resto los malos. Repitieron mil veces la cantaleta de la honestidad valiente que se la creyeron.

De un tiempo a la fecha, hasta ellos, los acólitos más fervientes del pastor de Macuspana, están en problemas. Se la han pasado tragando sapos para justificar que notables integrantes de lo que ellos mismos bautizaron como la mafia del poder, sean ahora sus correligionarios. No solo eso, les tengan reservadas candidaturas importantes a las que los propios morenistas de viejo cuño no tienen acceso.

Y es que El Peje está en plan de recibir a todo el que toque la puerta, incluso políticos de negro pasado a los que les brotan alitas angelicales con solo cruzar la puerta de entrada de Morena. Así se han apuntada para cosas grandes tipos como Bartlett, Félix Salgado, Korrodi, Bejarano. Ackerman, Cuauhtémoc Blanco. Enemigos recientes de la izquierda como Barbosa o Padierna, o gente de la mafia del poder como Gaby Cuevas y el nieto de la maestra Gordillo. Por si fuera poco, se espera que el vástago de Fausto Vallejo, amigo cercano de La Tuta, también sea parte del elenco morenista.

Esos seguidores se ufanaban de ser la única opción real de izquierda en el país, hasta que se les pegó el Partido Encuentro Social y ya no supieron qué decir. López Obrador ha dicho que la puerta está abierta y que vienen en camino más adhesiones de la mafia del poder, como un puñado de diputados del Partido Verde. Muchos de los que hasta hace muy poco despotricaban en contra de AMLO y que él calificaba de corruptos, están ahora en la casa de Morena que por supuesto ya no es un partido de izquierda sino una entelequia en la que cabe de todo y sin medida.

Morena se desdibuja y al hacerlo releva un fenómeno que marcará la elección 2018, el desvanecimiento de los partidos según las concepciones tradicionales de ser una parte de la sociedad con un pensamiento común, con una posición compartida para resolver los problemas y que buscan acceder al poder para que las cosas se hagan como ellos quieren.  La nueva concepción quita elementos como la visión compartida de la vida, para dejarlo en grupo de personas que se organizan para buscar poder. Si tienen ideologías diferentes, incluso antagónicas, es lo de menos. Por eso López Obrador no tuvo empacho en competir aliado con un partido de derecha casi decimonónica como el PES. Las ideologías son piezas de museo que solo interesan a los historiadores.

El ejemplo más contundente, irrebatible, lo encarnan PAN y PRD. El PAN, la derecha católica, fue creado a mediados de la década de los años 30 para contener el avance del cardenismo y sus coqueteos socializante. El PRD fue fundado por el hizo de Lázaro, Cuauhtémoc, para poner al día las ideas del su padre. Hoy, para sorpresa de todos, el candidato presidencial del PRD es el joven panista Ricardo Anaya. En el caso del PRI baste señalar que por primera vez en su historia, el candidato presidencial del tricolor, del partido de la Revolución Mexicana, es un no militante, un ciudadano que además fue alto funcionario en la pasada administración panista. Las ideologías están en al archivo muerto.

jasaicamacho@yahoo.com

@soycamachojuan

Imprimir

Comentarios