La partera de la historia - René Arce | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Miércoles 24 de Enero, 2018
La partera de la historia | La Crónica de Hoy

La partera de la historia

René Arce

Durante más de siglo y medio el marxismo ha pregonado que la historia de la humanidad está determinada por la lucha de clases; que la violencia ha sido siempre necesaria para lograr cambios que permitan que una clase social, de origen a una nueva forma de dominación, de esa manera llegará el momento en que la clase proletaria derrumbará el poder de la burguesía y finalmente la humanidad llegará a una sociedad sin clases.

Lenin desarrolló la teoría de la vanguardia, conformada por revolucionarios profesionales quienes solo necesitaban incendiar con una chispa la pradera seca (si las condiciones revolucionarias estaban objetivamente ya maduras), planteó que, si para conseguir los fines revolucionarios había que aliarse hasta con el diablo, se debería hacer.

El triunfo de la Revolución Rusa hace más de un siglo pareció dar la razón a Lenin y a los bolcheviques, prácticamente desapareció a los socialistas reformistas que planteaban que la toma del poder debería ser por métodos democráticos y sin recurrir a la violencia. La influencia de la Revolución Rusa, y medio siglo después la Revolución Cubana, marcarían indeleblemente a casi toda la izquierda latinoamericana; en estos países surgieron grupos que creyeron religiosamente que las “condiciones objetivas” estaban dadas para el “asalto al poder” e instaurar regímenes socialistas. Leninistas, maoístas, guevaristas, trostkistas se sintieron las vanguardias históricas de la revolución, intentaron por décadas la “toma del poder público”. Salvo Cuba y posteriormente Nicaragua, el fracaso de este intento fue brutal, centenas de miles, sobre todo de jóvenes, tuvieron como destino la muerte, encarcelamiento, desaparición y tortura; en el mejor de los casos el exilio, acompañado, muchas veces, de una frustración de por vida. Muy pocos militantes hicieron un verdadero análisis de las causas del enorme fracaso de la teoría marxista y de los orígenes del totalitarismo en lo que se convirtió la Rusia leninista bolchevique, así como los regímenes totalitarios de Cuba y Nicaragua; con una indolencia intelectual, prefirieron abrazar viejos nacionalismos como el peronismo, el varguismo o el cardenismo, camuflajeando sus doctrinas en el seguidismo a caudillos o populistas típicos, en la conformación de las naciones latinoamericanas tan doctrinarias y pragmáticas según la conveniencia, pero autoritarias en los métodos para conseguir y ejercer el poder.

La izquierda de origen marxista leninista y los nacionalistas populistas tienen en común que para ellos “el fin justifica los medios”, en su pragmatismo y sectarismo confían en quienes les son afines o sumisos a sus dictados y defienden los privilegios del poder haciendo uso de todos los recursos, incluyendo la violencia. Se autonombran públicamente demócratas y respetuosos del estado de derecho, pero su práctica política los desmiente al recurrir a todos los vicios que critican en sus adversarios; a saber, la corrupción, el corporativismo y el clientelismo así como la violencia entre ellos mismos y contra sus oponentes.

Por lo anterior no asombra lo que ocurre en la ciudad de México y en otras partes del país, donde se han denunciado públicamente agresiones de autoridades surgidas de la izquierda ya sea PRD o Morena contra miembros de sus propios partidos o en contra de militantes de otras formaciones de izquierda. Dirigentes de esos partidos, recurrentemente se llenan la boca autodenominándose demócratas, que exigen al PRI o al PAN que respete la democracia, la pluralidad y los derechos humanos pero son incapaces de reconvenir a sus representados, incluso aplicarles las sanciones estatutarias correspondientes, porque temen abrir una cloaca que quizá no tenga fin. Para ellos es mejor la consigna de “tapaos los unos a los otros”, porque en realidad no son demócratas, tampoco están interiorizados en los valores y reglas de la democracia que implica, fundamentalmente tolerancia, pluralidad, respeto a las reglas y sobre todo, respeto a la libertad del otro, para lograr el respeto a la de uno mismo.

Para ellos la violencia sigue siendo la “partera de la historia”.

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