La caída del líder de la izquierda latinoamericana - Fran Ruiz | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Miércoles 24 de Enero, 2018
La caída del líder de la izquierda latinoamericana | La Crónica de Hoy

La caída del líder de la izquierda latinoamericana

Fran Ruiz

 

Que nadie se lleve a engaño. El líder de la izquierda latinoamericana más poderoso no fue Salvador Allende ni Fidel Castro ni desde luego su hermano Raúl ni Hugo Chávez ni mucho menos su marioneta ­Nicolás Maduro. El verdadero poder de la izquierda latinoamericana, que en su día asombró y encantó al mundo, lo encarnó como nadie el brasileño Lula da Silva, el mismo que aún levanta con orgullo su mano con un dedo menos, el que perdió cuando era un simple obrero metalúrgico.

Lula, cuyo carisma lo convirtió rápidamente en líder sindical, luego en eterno candidato y, finalmente, en el presidente más popular de la historia de Brasil, fue ayer condenado a 12 años de cárcel, tras quedar probado, según los jueces, que se aprovechó de su cargo para enriquecerse personalmente y para financiar ilegalmente la campaña del Partido de los Trabajadores (PT).

Si se tratase de un ciudadano común, Lula estaría ahora mismo durmiendo en una celda, pero se trata del político que más pasiones levanta en un país con ya más de 200 millones de habitantes, 40 millones de los cuales dejaron la situación de hambruna, precisamente gracias a su programa “Fome zero”, que inspiró a muchos otros países con idénticos problemas de pobreza y desigualdad. Si por proezas como esta se ganó la admiración del mundo (premiada en su momento con la concesión del Mundial de Futbol y los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro), escándalos de corrupción como el de Petrobras lo derribaron bruscamente de ese pedestal donde lo colocaron organismos y medios nada sospechosos de izquierdistas, como el FMI o The Economist.

Llegados a este punto, Lula tiene sólo dos oportunidades de salvarse.

La primera es que los mismos tres jueces que lo condenaron ayer acepten su recurso de aplazamiento de la sentencia, de manera que le dé tiempo a oficializar su candidatura para las elecciones presidenciales de octubre. Si consigue todo esto —que parece casi imposible, dada la dureza de la sentencia conocida ayer—, Lula tendría grandes posibilidades de lograr por tercera vez la presidencia, como anuncian todas las encuestas. Sus adversarios tratarían entonces de someterlo a un juicio político para destituirlo (impeachment), al igual que hicieron con Dilma Rousseff, pero no hay que olvidar que Lula es muchísimo más poderoso de lo que fue su discípula caída en desgracia.

La segunda oportunidad es presentar un último recurso de amparo ante la Corte Suprema y que sea la máxima corte la que decida su suerte.

Si es absuelto, su victoria electoral sería tan cierta como la venganza contra sus enemigos políticos, pero también posiblemente contra la prensa y contra los jueces que están limpiando el gigante sudamericano de la lacra de la corrupción. Si es condenado, la Justicia brasileña estaría marcando el camino para que se investiguen a tantos políticos y gobernantes del resto de naciones latinoamericanas, que se creían (como seguramente se llegó a creer Lula) que eran intocables.

 

fransink@outlook.com

 

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